Viajes 

Desde Peralta hasta Turquía: la aventura de 10.000 kilómetros en furgoneta de una navarra

Desde 2014 se dedica a recorrer mundo. El pasado 20 de junio, Patricia J. Orduna salió de su Peralta natal en una furgoneta del año 90, con el objetivo de llegar hasta Turquía. El 19 de octubre entró en Estambul. En este reportaje comparte su experiencia

Patricia J. Peralta, visitando la Mezquita de Selim, en Edirne (Turquía)
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Patricia J. Orduna, visitando la Mezquita de Selim, en Edirne (Turquía)Cedida
Patricia J. Peralta, visitando la Mezquita de Selim, en Edirne (Turquía)

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Nerea Alejos

Actualizado el 01/12/2025 a las 09:14

Desde Peralta hasta Izmir (Turquía), en furgoneta. Pero no en una de las sofisticadas campers que ahora están tan de moda, sino en una furgoneta del año 1990, sin dirección asistida ni aire acondicionado. “La gente me decía que no iba a llegar, que una furgoneta tan vieja me dejaría tirada”. Pero lo logró: el pasado 19 de octubre, la navarra Patricia J. Orduna cruzaba uno de los puentes de Estambul sobre el Bósforo con su furgoneta blanca, después de cuatro meses de viaje y 10.000 kilómetros recorridos.

Su periplo turco finalizó en Izmir (Esmirna), a orillas del mar Egeo, y el pasado 10 de noviembre inició su viaje de vuelta. “Estoy muy contenta, no pensaba que me iba a hacer tanta ilusión cumplir mi objetivo”, contaba a este periódico varios días después, cuando se encontraba en un área de caravanas cerca de Salónica (Grecia).

Esta peraltesa de 38 años llevaba doce años recorriendo mundo como mochilera. Fue el pasado mayo cuando decidió lanzarse a una nueva aventura. Llevaba dos años trabajando en un albergue de peregrinos de Castro (Asturias), “pero vi que aquello no era para mí, yo echaba mucho de menos la vida viajera y entonces decidí comprarme una furgoneta para hacer un viaje largo”.

Y aunque esta joven navarra ya ha explorado más de 50 países, no conocía Turquía, ni Rumanía ni Bulgaria: “Fue entonces cuando se me dibujó este viaje”. En su largo largo periplo por Europa, distingue dos etapas. Antes de llegar a los Balcanes, el viaje consistió en acostumbrarse a las peculiaridades de conducir una furgoneta tan grande. “¡Yo venía de conducir un Seat Ibiza!”, comenta.

Desde el lago di Fedaia, en Dolomitas, contemplando la Marmolada al atardecer
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En el lago Fedaia, en Dolomitas, contemplando la Marmolada al atardecerCedida
Desde el lago di Fedaia, en Dolomitas, contemplando la Marmolada al atardecer

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Tras recorrer el sur de Francia , en el norte de Italia pasó una semana en los Dolomitas. “Llegué en agosto y me fui asustada de la cantidad de gente que había, ¡hasta hice cola en la montaña!”. Siguió por Eslovenia para adentrarse en los Balcanes: “Cuando llegué a Bosnia, empecé a sentir la adrenalina viajera. De repente, todo se complicó: el idioma, las carreteras… Porque las carreteras de Bosnia están bastante maltratadas y tienen mucha pendiente. De repente te viene una cuesta gigante y la furgoneta, la pobre, tira lo que tira”, cuenta entre risas. “Por suerte, a diferencia de otros países, en Bosnia conducen muy tranquilos”. Precisamente en el país balcánico le dijeron una frase que se le quedó grabada: “Old is gold” (“Lo viejo es oro”), lo que le hizo confiar en que la furgoneta no le dejaría tirada.

NEVADA EN LOS CÁRPATOS 

Tras atravesar parte de Bosnia y Serbia, puso rumbo a la región montañosa de los Cárpatos. Era la primera semana de octubre, cumplía su noche 103 de viaje y hacía mucho frío. “Entonces me di cuenta de que no tenía la furgoneta bien aislada”. Pasó la noche dentro de un saco de dormir de montaña. Cuando se despertó, hacia las seis de la mañana, vio que estaba nevando. “Me pilló desprevenida. Un chico me había dicho: ‘¿Vas hacia Maramures y Bucovina? Ten cuidado porque te va a pillar el frío’. Cuando vi la nieve, pensé: “Y ahora, ¿cómo salgo de aquí? ¿Conduzco, no conduzco? Finalmente decidí ponerme en marcha”.

En el norte de Rumanía, en la región rural de Maramures, vivió una de las experiencias más inolvidables de su viaje: “Me convertí en una especie de hija adoptiva de una familia de Breb. Les dije que estaba buscando un restaurante y me invitaron a entrar en su casa. Tenían la mesa llena de comida y todo era casero: el pan, la panceta, el licor de moras... Mi anfitriona, Ileana, me vistió con el traje típico. Luego fuimos a una fiesta de cumpleaños en el pueblo de al lado. Fue un día impresionante”, relata.

Con Ileana, en Breb (Maramures, Rumanía). "Buscaba un restaurante y me invitaron a comer a su casa"
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Con Ileana, en Breb (Maramures, Rumanía). "Buscaba un restaurante y me invitaron a comer a su casa"Cedida
Con Ileana, en Breb (Maramures, Rumanía). "Buscaba un restaurante y me invitaron a comer a su casa"

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En casi todos los lugares se ha sentido muy bien acogida: “Cuando ven que viajo sola, me reciben muy bien. En Bulgaria estuve con cuatro pescadores en el lago Koprinka. Sabían español porque dos de ellos habían vivido en España y me invitaron a pescar durante los tres días que estuve allí. En Turquía la gente también fue muy hospitalaria”, destaca. “A veces notas un poco de paternalismo hacia las mujeres que viajamos solas, pero en general quieren que te lleves una buena impresión y te ofrecen las cosas típicas de su país”, valora.

Sobre la experiencia de viajar sola y conducir tantas horas, responde:  “Yo me lo paso bien, pero imagino que el estar tanto tiempo solo en una furgoneta no es para todo el mundo”, reconoce. En su caso, ha renunciado a todas las comodidades. Solo ha dormido fuera del vehículo en contadas ocasiones: “En Turín dormí dos noches en casa de un amigo y en Cannakale (Turquía) también me quedé dos días en casa de los suegros de una amiga. ¡Casi no me dejan irme!”. En Bulgaria decidió alojarse una noche en Veliko Tarnovo porque había alerta por inundaciones. En su viaje de vuelta ha optado por el ferry “para evitar el frío y las zonas montañosas”. Desde Igoumenitsa (Grecia) zarpó a Brindisi (sur de Italia) y desde allí conducirá hasta Civitavecchia (Roma), para poner rumbo a Barcelona. “Si todo va bien, el sábado 13 estaré en Peralta para celebrar Santa Lucía”, confía.

"DEJÉ MI TRABAJO PORQUE ME SENTÍA TRISTE Y DECEPCIONADA"

Fue a los 26 años cuando Patricia J. Orduna decidió apostar por una forma de vida diferente. Tras haber estudiado Biotecnología en Tarragona, llevaba dos años trabajando como técnica de I+D en una farmacéutica de Pamplona, pero su día a día era frustrante: “Se suponía que cuando acabara la carrera iba a tener un puesto estable, una buena calidad de vida, pero vi que estaba trabajando en algo que no me gustaba, y en condiciones precarias. Me sentía muy triste y decepcionada. Un día me pregunté: ‘Si mañana me muero, ¿estaría satisfecha con lo que estoy haciendo? Me respondí a mí misma que no”.

Dejó su trabajo, compró un billete de avión a Bangkok, sin fecha de vuelta, y se lanzó a recorrer el Sudeste asiático durante siete meses. Desde entonces no ha parado: entre los más de 50 países explorados, destaca su aventura por Sudamérica, donde recorrió más de 15.000 kilómetros a dedo. En 2018 pasó un año entero en México. En su blog, ‘Dejarlo todo e irse’, comparte sus experiencias viajeras y también ofrece orientación para mujeres que se planteen viajar solas.

DNI

​Patricia Jiménez Orduna. Peralta, 1987. 
Estudió en el CP Juan Bautista Irurzun y en el IES Ribera del Arga. Licenciada en Biotecnología por la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona. 
En 2014 dejó su trabajo como técnica de I+D en una farmacéutica para dedicarse a recorrer mundo. Ese año ‘profesionalizó’ su blog de viajes, ‘Dejarlo todo e irse’. 
En 2023 publicó el libro Vidas de gata, donde narra las andanzas de diferentes mujeres que descubren el mundo en solitario, y prepara un nuevo libro sobre sus experiencias en Israel y Jordania.

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