Concierto
Antonio Orozco llena de calor el Navarra Arena
El cantante recordó su primer concierto en Pamplona, ante una decena de personas, en un concierto emocionante
Actualizado el 21/11/2025 a las 23:23
A pesar del frío gélido que se adelantó en Pamplona respecto a estos últimos años, la gente se dio cita puntualmente en el Navarra Arena para la vuelta de Antonio Orozco, que consiguió llenar al menos la mitad de la posible ocupación, y así el recinto lucía cerca de 5.000 personas. Un público maduro de más de los cuarenta, que se situaba hasta la mitad de la pista, justo hasta la zona técnica de las mesas de sonido y de las luces... No se habilitaron las gradas altas laterales, aunque sí la trasera. Esta vez no hubo grandes pantallas de proyección laterales, y sí todo un fondo trasero donde, con bastante originalidad, iban desfilando imágenes de vídeos en los que Orozco agradecía esa trayectoria suya de 25 años que le ha llevado a consolidar una sólida carrera hasta ahora, y en la que se puede decir que ha sido un auténtico superviviente, pasando por todo tipo de etapas artísticas –y personales–, pero siempre con el oficio de buen intérprete por montera y con ese registro de voz ronca tan lisonjera y atractiva.
Este que les escribe aún recuerda la primera vez que vino a Pamplona –al principio de su carrera– en una actuación en la discoteca Reverendos, en la que nos dimos cita unas poquitas personas. Él, en su recuerdo, imagino que estaría bien satisfecho de ver, al menos en nuestra ciudad, una respuesta como la que le dio el Arena.
El del escenario era un ambiente de luces bastante cálidas –entre blancas y amarillas, y a veces con tonos de color y, sobre todo, con cenitales más duras y marcadas–, pero también con una zona de tipo grada en la que estaban subidos por detrás algunos de sus compañeros en escena. Antonio siempre se situó al centro de la pista.
En un recital de su reencuentro con los escenarios, que ha bautizado como 'La Gira de Mi Vida', y que enmarca el lanzamiento de su último álbum 'La Gira de Mi Vida', realmente fue repasando muchos de sus grandes temas de su carrera, que ya dura 25 años.
Desde el primer momento se fueron sucediendo 'El tiempo no es oro', 'Hoy', 'Qué me queda', 'Ya lo sabes'... Con uno de sus grandes y sentidos himnos, como es 'Devuélveme la vida', ya logró subir mucho la temperatura del ambiente en el concierto. La gente le seguía con ovaciones cariñosas, pero se notaba que el frío había hecho un poquito de mella en el ánimo del respetable.
Esa doble pantalla trasera, con las imágenes haciendo el efecto de espejo, lucía todo tipo de símbolos y de situaciones, con máquinas de escribir al estilo de aquellas portátiles Olivetti de hace cuatro décadas, en las que iba escribiendo algunas de sus grandes frases y mensajes sobre la vida.
Su estilo de pop aflamencado, que ha creado realmente escuela, se mantenía intacto y llegaba rotundo en este ejercicio de buen sonido. El recital, en el que le acompañaban cinco músicos –Doug Emery (piano), Dan Warner (guitarras), Jean Rodríguez (coros y guitarra acústica), Aaron Sterling (batería) y Sean Hurley (bajo)–, continuaba con esa rotundidad de pop mainstream en el que el barcelonés parece que se deja la vida en cada una de sus interpretaciones.
Continuó con 'El viaje', otro de sus grandes himnos, como es 'Te estaba esperando', 'Bebé', la intensísima 'Lo inevitable', la gran reflexión en la que se convierte 'El problema fue la solución' o 'Despierta'.
Otro gran punto de inflexión fue 'Giran y van', que logró poner definitivamente a todo el Arena en pie, con esa parte de coro tan cantable. 'Llegará' fue otro momentazo, al que le sucedió otro aún mayor, como fue 'Te esperaré', que el respetable coreó de forma rotunda y total.
Después de un momento en negro, el recital continuó con una bonita proyección de una mano marcando un cuadro en la pared. En el cuadro había una figura de héroe, de raza negra. Fue un momento muy original que precedió a la canción 'Mi héroe'.
Su final fue rotundo y apoteósico porque una sola luz cenital le iluminó para que el público le aplaudiera a rabiar, y así estuvo varios minutos, con coros de todo tipo y gritos de apoyo incondicional...
Aquello ya estaba absolutamente lanzado en cuanto a la participación del respetable, que iba cantando las letras de una manera incontestable, hasta el punto de que muchas veces Antonio se callaba totalmente para que fuera el público el protagonista.
Así pasó con la balada 'Estoy hecho de pedacitos de ti'. Al final de la canción, Antonio hizo un coro a capela para repetir el estribillo.
La silueta de unas manos en negro sobre un fondo de color rojizo y amarillo verdoso protagonizó el momento visual de la siguiente canción, que fue 'Temblando'. El Arena ya se había convertido en un coro popular total, apoyando absolutamente al artista. Era ese tipo de canción que le ha caracterizado tanto, siempre entre la balada y el medio tiempo.
El ritmo subió sobremanera con otro de sus grandes himnos, como es 'Hoy será'...
El siguiente tema tuvo una curiosísima ambientación visual porque se fueron viendo detalles de aquellas cintas casete de audio de hace 40 años, donde se grababa la música favorita... muchas veces de las emisoras de radio musicales que difundían los temas del momento... Detalles visuales, sobre todo, de sus ruedas dentadas y de las etiquetas que tenían... Marco visual para apoyar el tema 'Lo que tú quieres ser'.
Era el final. Antonio y sus cinco músicos saludaron al respetable.
Algunos hicieron gestos de que se tenían que ir a dormir, desarrollando un pequeño teatrillo a modo de polémica. Porque, lógicamente, tenía que haber bises, y los hubo.
Y sí, por fin habló. Y curiosamente se refirió a aquel momentazo en la discoteca Reverendos. Diez personas, sí, esas estuvimos, y otras cinco o seis que trabajaban en la sala. Antonio se emocionó y se le saltaron las lágrimas. Comentó que había prometido que esta noche iba a hablar poco o nada. Pero se sinceró: que realmente –dijo– será por lo de mañana, en los últimos tiempos está muy sensible. El recuerdo estaba así, y el agradecimiento de ver un recinto como el Arena 25 años después. Al fin y al cabo, ya estaba creyendo lo que en aquel momento le podía parecer increíble.
Después de este bello ramalazo de confesiones hermosas, y como no podía ser de otra manera, interpretó la que, sin duda, es una de las mejores baladas de su vida, pero que tiene todo el sentido de agradecimiento. Y se hizo coro unísono con el respetable para interpretar 'Te juro que no hay un segundo que no piense en ti'.
Hermoso y sentido momento a piano y voz, sin duda. Y sí, todo el público se puso en pie para agradecerle semejante desnudez con una cerradísima ovación.
Y también recordó una actuación "muy loca" en los Sanfermines. Pero después se refirió a esta nueva etapa de padre que tiene ahora con su niña de cuatro años, Antonella.
Lo pidió y la gente se lo dio, y se encendieron todas las linternas de los móviles cual estrellas, de esas que le cuenta en esas historias nocturnas para que la pequeña duerma.
Y todo llegó a su final en ese formato de piano y voz con 'Entre sobras y sobras me faltas', otra balada con su querencia aflamencada, que se tornó al final con banda, potente y en eléctrico, y con las imágenes de las velas del veinticinco aniversario de carrera de este barcelonés.
Antonio, ser agradecido es ser bien nacido... Así que, gracias.
