Historia

El robo del tesoro de la Catedral de Pamplona que dejó sin aliento a toda Navarra

Los ladrones lograron acceder a la cámara del tesoro tras forzar una ventana de la sacristía de los canónigos, utilizando una escalera sustraída de unas obras cercanas

Fachada de la Catedral de Pamplona. (Fotografía de Moisés Zalba y Pilar Larumbe)
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Fachada de la Catedral de PamplonaCedida
Fachada de la Catedral de Pamplona. (Fotografía de Moisés Zalba y Pilar Larumbe)

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Diario de Navarra

Actualizado el 23/10/2025 a las 22:11

No tan espectaculares como el del Museo del Louvre, pero Navarra también ha sufrido robos de arte. Han sido muchas las sustracciones en parroquias rurales, pero los casos que han pasado a la historia son dos: el de los esmaltes de San Miguel de Aralar y el de la Catedral de Pamplona

En la noche del 10 al 11 de agosto de 1935, la Catedral de Santa María la Real de Pamplona fue escenario de un robo que dejó sin aliento a toda Navarra. Los ladrones lograron acceder a la cámara del tesoro tras forzar una ventana de la sacristía de los canónigos, utilizando una escalera sustraída de unas obras cercanas.

Una vez dentro, permanecieron casi una hora registrando con calma los armarios y vitrinas. Rompieron coronas para que ocuparan menos espacio y seleccionaron  los objetos de mayor valor. El botín: reliquias, joyas y la arqueta de Leire

Entre las piezas sustraídas se encontraba la célebre arqueta hispano-árabe de marfil procedente del monasterio de Leire, que guardaba las reliquias de Santa Nunilo y Santa Alodia. También desaparecieron el relicario del Lignum Crucis, la condecoración del Toisón de Oro otorgada a Carlos III el Noble, coronas de oro con piedras preciosas, monedas, joyas litúrgicas y otros objetos de orfebrería.

El valor del botín fue estimado en más de ocho millones de pesetas de la época, una cifra equivalente a varios millones de euros actuales.

Las investigaciones permitieron identificar a los autores del robo, una banda con antecedentes que había preparado el golpe durante semanas: José Oviedo de la Mota, alias “El Mexicano”, fue señalado como autor intelectual del robo; José Ramón Rodríguez Rajo, conocido como “El Portuguesiño”, participó como ejecutor material; Ramón Gainza Iguarán, apodado “El Román”, natural de Tolosa, también formó parte del grupo; y Martín Eleuterio Arias Aspilche, relojero pamplonés, que actuó como colaborador e intermediario local.

Los testimonios recogidos por la policía apuntaron incluso a posibles cómplices dentro del entorno del cabildo, lo que explicaría el conocimiento preciso de la distribución interior del templo y de los sistemas de cierre. La investigación y el hallazgo del tesoro

La alarma se dio al amanecer, cuando tres monaguillos que acudieron a la misa de primera hora encontraron la sacristía revuelta. Inmediatamente se avisó al cabildo y a la policía.

Durante los días siguientes, las autoridades lograron recuperar parte del botín, hallando objetos escondidos en macetas, ollas y terrenos cercanos a Berrioplano. Aun así, una parte de las joyas y reliquias jamás reapareció.

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