La escritora Carla Montero, en Pamplona el 13 de octubre con 'La dama de la niebla': "En el mundo del motor de los años treinta hubo mujeres en papeles hoy impensables"

La autora madrileña participa en el club de lectura de Diario de Navarra con una historia ambientada en la Isla de Man en 1938 y que protagonizan las rivalidades deportivas y personales de un grupo de pilotos de carreras automovilísticas, entre ellos una joven española

Carla Montero, ante el volante del Citröen de 1927 con el que se retrató para las fotos promocionales de su novena novela, 'La dama de la niebla'
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Carla Montero, ante el volante del Citröen de 1927 con el que se retrató para las fotos promocionales de su novena novela, 'La dama de la niebla'
Carla Montero, ante el volante del Citröen de 1927 con el que se retrató para las fotos promocionales de su novena novela, 'La dama de la niebla'

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Laura Puy Muguiro

Actualizado el 06/10/2025 a las 23:13

Carla Montero (Madrid, 1973) celebra sus quince años como escritora con 'La dama de la niebla', una historia, la novena, que ambienta en la Isla de Man, entre Gran Bretaña e Irlanda, en 1938. En concreto, en los diez días de vacaciones de un grupo de pilotos de pruebas automovilísticas, hombres y mujeres, de distintas nacionalidades, cuyas rivalidades deportivas pasan a un segundo plano ante las personales y en un momento en que Europa se asomaba a un nuevo conflicto. Como protagonista, Mila Kovac, una joven piloto española, viuda tras morir en accidente su marido, también piloto. Para la promoción de la novela, Montero fue fotografiada con un coche Citroën de 1927.

Aunque no es un coche de carreras, ¿le trasladó a la época de aquellas mujeres que pilotaban?

Fue una experiencia increíble, casi como mimetizarme con las mujeres de mi libro; esa sensación de hacer un viaje en el tiempo, estar sentada en ese coche con la tapicería ya desgastada por el paso de los años, con ese volante que no tiene nada que ver con los actuales... Tengo carné, pero no conduzco, así que realmente no fue tanto una experiencia automovilística como esa sensación de viaje en el tiempo y de encontrarme con mis personajes, como si fuera una de ellos.

Tiene carné, pero no conduce. ¿Cómo eligió el mundo automovilístico como base de la novela?

Fue algo totalmente casual porque no soy nada aficionada al automovilismo. Los hombres de la casa sí, y el fin de semana convivimos con la voz de Lobato, pero yo paso un poco de largo porque nunca me ha llamado especialmente la atención.

¿Entonces?

Hace casi dos años me contactaron de Audi: querían una antología de relatos y que yo escribiera el histórico. Me puse a investigar sobre el mundo del automóvil a lo largo de la historia y me topé con estos años treinta de los grandes premios, el glamur, la emoción, la adrenalina, esa Europa previa a la guerra, ese contexto histórico tan fascinante... Tenía todos los ingredientes para construir una buena historia. Además se le añadía, para mí la gran sorpresa, conocer que entonces había mujeres que pilotaban codo con codo con los hombres en esos grandes premios, como si en la Fórmula 1 hubiera mujeres compitiendo con Fernando Alonso, con Carlos Sainz... que no las hay —en ese sentido, hemos dado un paso atrás con respecto a los años treinta—. Esas figuras son bastante desconocidas —casi nadie, ni siquiera los aficionados al mundo del motor las conocen bien o han oído hablar de ellas— , y me pareció superinjusto y una reivindicación feminista darles el papel que se merecen.

¿Descubrió otros trabajos que realizaran mujeres en ese ámbito que ahora no?

Aunque hay bastantes periodistas especializadas en el mundo del motor —un fenómeno reciente porque hace 20 años no había tantas mujeres que cubrieran eventos deportivos, y menos de motor—, en los años treinta las había, como Kay Petre, que empezó como piloto y luego se dedicó a cubrir las carreras; había ingenieras del motor, algo complicadísimo porque muchas universidades ni siquiera las admitían y debieron buscarse la vida; hubo una mujer, Lucy Schell, que empezó como piloto y acabó fundando y dirigiendo su propio equipo de carreras, algo que hoy no existe... No solo había mujeres pilotando, sino que alrededor del mundo del motor había otras en papeles hoy impensables.

¿Ha llegado a averiguar por qué se le ha dado la vuelta?

Hay varias explicaciones. Por un lado, el propio contexto del deporte, totalmente diferente en los años treinta a como es ahora. Entonces no estaba tan reglado ni tan profesionalizado: una persona podía llegar a un gran premio con su coche particular, inscribirse y participar, con lo que básicamente hacía falta tener cierto talento y dinero, porque equipos eran pocos. Hoy eso es imposible: o compites con un equipo o no puedes competir, y eso frena, sobre todo a las mujeres. Lo que no me explico es por qué no las hay en los equipos de Fórmula 1: las tienen comiendo horas de simulador, pero nunca llegan a salir; a lo máximo que han llegado ha sido a reservas. Tal vez en otros deportes sí está más justificada la separación entre hombres y mujeres por un componente físico importante —fútbol, tenis...—, pero en estos deportes del motor, una combinación de persona y máquina, no tiene mucho sentido que las mujeres no estén en la élite deportiva compitiendo con los hombres. Y_hay mujeres que están haciendo cosas impresionantes en el mundo del motor y son mucho menos conocidas que los hombres, lo que tampoco entiendo —ganan el Paris-Dakar, IndyCar...—.

Usted ha dicho de esta novela que es una gran historia de amor. ¿Por qué ha confiado en una historia de amor?

Creo que precisamente por lo que estamos viviendo ahora: el amor es lo que nos queda como refugio y como redención en muchos casos. El amor en todas sus formas, no solo el amor romántico: la amistad, el amor paterno-filial... En los momentos difíciles es nuestra auténtica salvación y es cuando hay que reivindicarlo con mayúsculas.

Escribe en el periodo de entreguerras, con pilotos de distintas nacionalidades e ideologías. 

Más allá de cuando están dentro del coche, tienen una convivencia muy intensa, porque son fines de semana que empiezan el viernes y terminan el domingo. Es un mundillo muy cerrado, con unos límites muy determinados. Los pilotos convivían entonces y conviven ahora, y eso hace que entre el grupo se generen relaciones de todo tipo, no solamente de rivalidad y de amistad, sino también de complicidad. Si además, como en la novela, introduces el elemento femenino, también hay relaciones románticas. El hecho de que sea ese grupo de pilotos me permite explorar las relaciones interpersonales. Es una novela muy de personajes, más allá del contexto deportivo.

¿Y por qué la elección del periodo de entreguerras?

Porque es un periodo fascinante. Esa década de los treinta es decisiva, la que marca el gran cambio de Europa. Es la década de los fascismos, del nazismo en concreto, de todos los acontecimientos que llevan a esa gran guerra, la más mortal de la historia. Y tener ese grupo de pilotos que vienen de distintas nacionalidades, de esa Alemania nazi, de esa Italia fascista, de Inglaterra, de Francia, donde hay un piloto judío y donde hay mujeres, es un laboratorio donde puedo explorar el clima de Europa entonces y concretamente en ese 1938, que es ya prácticamente prebélico. A través de los pilotos puedo ver cuáles son las tensiones sociales, económicas y políticas de entonces.

¿Ha tenido usted vacaciones en la Isla de Man?

Sí. Siempre me gusta, en la medida de lo posible, visitar los escenarios en los que voy a situar las novelas. Aunque hoy en día tienes acceso a todo con Internet, para mí es importante empaparme de las sensaciones, del clima, de los ambientes, de ese algo intangible que no percibes a través de una fotografía o de una lectura y que creo que aporta a lo que quiero transmitir.

¿Y qué fue antes, querer ir allí de vacaciones y elegirlo después como paisaje de la novela o al revés?

Primero elegí la Isla de Man como escenario, por esa tradición automovilística que tiene. Porque hoy se la conoce más por el motociclismo, que es lo que realmente pone a la isla en el mapa, pero tiene una tradición que se remonta a principios del siglo XX, prácticamente al nacimiento del automóvil. Luego la elegí por esa condición de isla porque quería que los personajes estuviesen en un lugar aislado de lo que está ocurriendo en el resto de Europa, que tuviesen esa sensación de burbuja. Y después, por cómo es, por los paisajes, por el ambiente...

Que le ha permitido jugar con fantasía, magia, hadas...

Sí: otro plus dentro de todo lo que aporta la isla es esa tradición celta, vikinga. Les entusiasma todo el tema de las hadas, los duendes, las supersticiones..., toda esta historia mágica que introduzco como elemento en la novela.  

'LA DAMA DE LA NIEBLA'
​Autora: Carla Montero. 
Editorial: Destino. 
Número de páginas: 544. 
Precio: 22,90 euros (11,99 euros ebook).

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