Rocaforte comienza a desvelar sus interrogantes históricos
Dos campañas arqueológicas en 2023 y 2024 han descubierto el castillo que se sabía que se levantaba en el cerro y en el que nació el primer rey de Pamplona, Sancho Garcés, en el año 875. Este martes hace allí una parada el festival de montaña y música Urmuga con varias actividades, como la visita al yacimiento y a las únicas pinturas murales románicas que existen en Navarra en la que fue la iglesia de Santa María.


Actualizado el 21/07/2025 a las 23:41
Hasta hace dos años, en Rocaforte era habitual escuchar la frase “ahí había un castillo” y dirigir la mirada hacia el punto que señalaba quien hablaba, el cerro a 528 metros del nivel del mar que domina este concejo del municipio de Sangüesa. Desde 2023, el verbo de esa frase ha cambiado, a presente, y ya se puede decir: “Ahí hay un castillo”. Lo desvela Aitor Fernández Oneka, del colectivo Baskunsa, nombre con el que el historiador musulmán cordobés Ibn Hayyan denominó en el siglo XI a Rocaforte en sus crónicas sobre la incursión de Abdelrahman III el siglo anterior. Formado este colectivo por personas del Rocamador Grupo de Dantzas de Sangüesa, Baskunsa quiere impulsar la investigación y divulgación de la historia del patrimonio de este concejo perteneciente al municipio de Sangüesa, y por eso hace cuatro años contactó con el arqueólogo pamplonés Iosu Barragán.
De ahí que hoy, después de seis semanas de intenso trabajo de un grupo de arqueólogos y voluntarios en 2023 y 2024 sobre un cerro en el que hasta entonces solo había vegetación, se puede pronunciar la frase “aquí hay un castillo”, en el que, además, nació en el año 875 el primer rey de Pamplona, Sancho Garcés. Financiados inicialmente los trabajos por el concejo, que después se pudo acoger a la subvención para entidades locales para investigaciones arqueológicas y paleontológicas, la excavación ha descubierto por el momento que el castillo se construyó en al menos tres fases, además de un aljibe y suelos empedrados. Con fondos europeos, en septiembre va a haber una nueva campaña.
Y en Rocaforte ha decidido hacer una parada este martes 22 de julio Urmuga, el festival que une monte y muga y que en esta nueva edición recorre parte de la geografía del Reino de Pamplona de hace 1.000 años. Baskunsa ha organizado un programa que incluye ruta a pie, música y dantzas y explicaciones de especialistas sobre el patrimonio de Rocaforte.
“A pesar de su gran relevancia histórica, Rocaforte siempre ha pasado desapercibido”, se lamenta Fernández Oneka, que es arquitecto. Y la relevancia no lo es solo porque en este naciera el primer rey de Pamplona, sino porque la iglesia del concejo posee “las únicas pinturas románicas que existen en Navarra”, a lo que se le añade la hipótesis de que San Francisco de Asís fundó San Bartolomé, el primer convento-hospital del Camino de Santiago cuando entró en la península. Además, que la crónica árabe de la incursión de Abdelrahman III en el año 924 describiera “la razzia de castigo que iba destruyendo los pueblos y que sus dos objetivos principales fueran la casa de Sancho Garcés, a cuya localidad llamó Baskunsa, y Bambaluna (Pamplona). “La historia de Rocaforte está entre interrogantes porque no se ha estudiado en profundidad, y lo que pretendemos ahora es que los interrogantes comiencen a ser tesis”, indica Fernández Oneka.
¿Y por qué ha podido ocurrir esto con Rocaforte, denominación documentada por primera vez en 1430 y que hasta entonces fue Sangüesa la Vieja? “Que en 1122, hace 900 años, Alfonso el Batallador fundó Sangüesa la Nueva cuando Sangüesa era esto”, se refiere Fernández Oneka a Rocaforte. “A partir de entonces, fue perdiendo importancia en la historia, mientras que esa nueva ciudad se iba desarrollando, se la dotaba de fueros y de recursos, atraía a población…”, hasta que el patrimonio de Sangüesa redujo el de Rocaforte y en 1516 se desmontó el castillo por orden del cardenal Cisneros tras la conquista de 1512.
LA PRIMERA CATA Y SONDEO
Situar el castillo en ese cerro lo convirtió, en palabras del arqueólogo pamplonés, en “un lugar de control privilegiado y zona de tránsito” para Liédena, Lumbier, Yesa, la Sierra de Peña, Cabeza Ladrero (ciudad actualmente en excavación arqueológica, del pueblo zaragozano de Sofuentes), Campo Real Fillera (muga entre Navarra y Aragón), Gallipienzo y Aibar, desde donde se llega a Eslava (con el yacimiento de época romana de Santa Criz), San Martín de Unx, Olite... Un punto con lugares medievales cercanos como el Monasterio de Leyre (que se divisa desde el cerro) y Javier.
“El enclave es privilegiadísimo para el control de la frontera”, indica Barragán. Él y su equipo llegaron por primera vez al cerro en 2023. Para entonces no se había hallado “casi nada” de lo que se puede apreciar hoy, si bien “el yacimiento era archiconocido por la bibliografía”, explica Barragán. Cita, por ejemplo, el artículo de Juan José Martinena El castillo de Sangüesa la Vieja, hoy Rocaforte a partir de la documentación centrada sobre todo en los siglos XIV y XV, trabajos científicos como el de Iñaki Sagredo en Castillos del reino y la catalogación del castillo de Rocaforte en la base del Inventario Arqueológico de Navarra, “con su grado de protección, como los casi 10.000 yacimientos que hay catalogados” en la Comunidad foral.
El equipo encontró el cerro cubierto de vegetación. Se habían hecho investigaciones históricas, pero nadie se había lanzado a realizar una cata y sondear, “es posible”, aventura Barragán, “que por ese miedo a no quedar nada tras el fuerte desmonte de comienzos del siglo XVI”, se refiere a la orden del cardenal Cisneros. “Además, al ver las casas que le rodean, es un castillo con muchas papeletas de haber servido de cantera y levantar con sus piedras las viviendas”.
El trabajo duró tres semanas intensas. Nada más llegar llamó la atención lo que ya antes a otros investigadores: la topografía del cerro. Por ejemplo, “un cortado que no es natural [hoy todavía se aprecian piedras que podrían ser restos de la muralla], posiblemente el límite sur donde el murete acababa en una torre”. Además, un levantamiento topográfico en otro punto que vuelve a bajar, “tal vez otra torre, unida a la anterior por una muralla”, considerando la existencia entre ellas de un espacio abierto. Advirtieron también en un lateral zonas de extracción de cantera, para esa construcción de viviendas tras desmontarse el castillo. Y se fijaron igualmente en la vegetación, porque, a pesar de existir muchos condicionantes, crece mejor con sedimento debajo pero no con piedra.
Los sube y baja, esos resaltes de topografía, indicaron a Barragán estructuras. Porque por documentación, por ejemplo, ya conocía que existió un aljibe (actuales cisternas) que recogía el agua de las torres del entorno, como “un gran embudo”, pero que hasta entonces no había sido descubierto y que las campañas de 2023 y 2024 han sacado a la luz: circular, tiene un diámetro de 1,75 metros.
En este punto, Barragán explica que, cuando se diseña y construye un castillo, “no se hace al azar”, sino con el objetivo “muy claro de hacer la vida imposible al enemigo”. Por eso, si para atacar el castillo hay que subir al cerro, como en Rocaforte, Barragán es capaz de señalar el acceso original: rodeándolo, lo que se conoce como acceso helicoidal, que dificulta el acceso de la infantería, obligándola a ascender mostrando su “lado débil”, es decir, aquel desprovisto de escudo.
Para la prospección a vista acudió “a ciegas”, sin mirar ningún plano que pudiera existir hasta entonces del castillo, para no contaminarse de información previa y comprobar realmente qué veía él y qué presumía que pudo existir. Cuando después consultó lo que otros ya habían publicado, todos habían visto prácticamente lo mismo. “El yacimiento nos estaba hablando”, recuerda que pensó. De este modo, el equipo planteó el primer sondeo con varios objetivos: qué estratos hay —qué paquetes de tierra existen y qué muros y de qué época— y el estado de conservación —“un castillo en Navarra tiene un problema base a nivel de conservación cuando, en el primer tercio del siglo XVI, se van a desmochar la práctica totalidad, algunos tirándolos abajo mediante explosivos”—.
EL HALLAZGO DEL ALJIBE
Es el caso del castillo de Rocaforte: su desmonte “fue rápido e intencionado”. “Pero por suerte, no se lo llevaron todo”. Porque en el sondeo localizaron el murete, el aljibe y los suelos. “Localizar los suelos y el arranque de los muros aportó a nivel estructural gran parte de la información porque ya me permitía dibujar. Y si buceamos un poquito en la documentación, como en el artículo de Martinena, prácticamente se puede reconstruir gran parte de la estructura del castillo”. Y es que ese artículo apunta, por ejemplo, que en 1380 se decidió tirar abajo una gran habitación para levantar tres, con una chimenea al final que alcanzaba el muro, con cocinas al otro lado del patio, con el establo nada más acceder al castillo... “Si empiezo a ubicar las cosas con una documentación bastante fiable, podemos empezar a reconstruir la planta del castillo”.


Porque Martinena había estudiado las documentaciones, custodiadas en el Archivo de Navarra, de la Cámara de Comptos que hablaban o de Rocaforte o de Sangüesa la Vieja sobre los pagos de monarcas para conservar este lugar que además de castillo fue palacio. “Lo bueno de trabajar con documentación económica [con el detalle de los trabajos de los distintos gremios y cuánto se les pagó] es que no está tan sesgada como según qué otras cosas: se paga tanto dinero a este mazonero por hacer tres habitaciones. ¿Que luego igual se pudo pagar algo más para otra cosa y no quedó registrado? Puede ser, pero aun y todo nos va a dar información más limpia”.
Barragán quería localizar el aljibe porque, según la documentación, tenía un punto “muy central, muy organizador”. “Requirió muchas reparaciones, y por lo tanto dejó bastantes informaciones, no solo del propio aljibe, sino también del entorno”. Por ejemplo, de la torre mayor, de la que se indica en 1371 que se va a levantar y que hay que hacer una cañería en madera y un tejado nuevo “porque nadie puede estar dentro cuando llueve debido al agua que cae” (“cuando plovía, ombre ninguno non podía ser en la dicha torre”). “Por eso construyen el tejado y dirigen esa cañería hasta el aljibe, de modo que muy lejos no podía estar la torre mayor”. El aljibe sirvió para recuperar el agua y se construyó cavando primero un agujero en el terreno para colocar desde allí dentro las piedras. “Es por ahora lo más antiguo que tenemos”.
Lo que Barragán ya sabe, por ejemplo, es que jamás se va a encontrar la capilla que existió porque la documentación habla de que se localizaba en un segundo piso. Sí se conoce su nombre: San Esteban.
En su opinión, Rocaforte tiene una peculiaridad. “En el punto en el que está ahora es un diamante en bruto. El castillo nos permite verlo desde el punto de vista militar y de frontera y también desde el civil. La iglesia, con esas pinturas románicas únicas en Navarra, desde un punto de vista artístico. Y el oratorio de San Bartolomé permite aportar la visión religiosa y espiritual”. Por eso va más allá y apuesta por ponerlo en valor, o de forma telemática o en el lugar. “Lo que no hay dudas es que este sitio tan pequeño puede dar una visión muy completa”.
PRIMER ASENTAMIENTO
No tiene respuesta fácil la pregunta de cuál pudo ser la primera ocupación. La documentación habla del nacimiento ahí de Sancho Garcés en el 875 y “evidentemente” el castillo no sería entonces lo que existe ahora, pues hasta su desmantelamiento pasaron 700 años más, también de ocupación. “Quizás podría ser una fortificación tipo mota. Si realmente es donde nació el rey, tiene que tener cierta enjundia, sin hacer falta que sea un palacio tipo Olite: un palacio en el silo IX lo pueden componer tres habitaciones”, describe Barragán.
Además, en el sondeo, junto al aljibe, aunque a mayor profundidad, encontraron “un muro que constructivamente no tiene absolutamente nada que ver con los del alrededor que se ven ahora, en cuanto a cómo se colocaron las piedras, su tamaño…”. “Y abajo del todo nos apareció un fragmento muy pequeñito, pero importante, de 'Terra Sigillata', un tipo de cerámica que va a surgir con Augusto, en el cambio de era. Era muy común en el mundo romano, pero no en Rocaforte”. Hasta ese momento no se había encontrado material que fuera más atrás del siglo IX. “Ese trocito de cerámica a esa cota de profundidad nos dice que, de una forma u otra, mucho o poco, el mundo romano pisó este cerro hace 2.000 años”, añade el arqueólogo, que no se atreve a aventurar si fue una ocupación estable.
El descubrimiento de 2015
"Rocaforte guarda en el nivel inferior de su torre campanario las únicas pinturas murales del románico navarro”. El artículo del historiador del arte Carlos J. Martínez Álava no deja para las conclusiones el relevante hallazgo para el románico navarro que supuso encontrar esas pinturas en 2015: es el arranque del texto que publicó cinco años después con el título Las pinturas murales de Rocaforte, un ‘unicum’ del románico navarro. Y a él regresan durante la conversación en la que fue la iglesia de Santa María y hoy iglesia de La Asunción Aitor Fernández Oneka y la alcaldesa de Rocaforte, María Eugenia Pérez Iriarte, mientras muestran con orgullo estas pinturas. “A pesar de que la iglesia que vemos es renacentista, de poco valor artístico, debajo hay una iglesia románica de un valor incalculable”, afirma Fernández Oneka. De hecho, ya en el exterior destaca que fue una cabecera “con tres ábsides de ascendencia románica”, recoge el estudio de Martínez Álava.


Esas pinturas murales ya se habían observado y citado en el Catálogo Monumental como “resto de pinturas góticas con figuras y palmetas”. Su valoración cambió en 2015, como recuerda la alcaldesa, a raíz de que los franciscanos donaran el 30 de julio de 2014 a Rocaforte la ermita de San Bartolomé, el primer convento-hospital del Camino de Santiago que supuestamente fundó San Francisco de Asís cuando entró en la península. “Entonces”, se refiere Pérez Iriarte a la donación, “el concejo quiso recuperar la ermita, e hicimos el tejado”. Del proyecto se encargaron especialistas en restauración, a quienes los vecinos hablaron de unas pinturas en la iglesia de La Asunción. “Porque sabíamos que existían, pero no su valor”.
Las pinturas en la antigua capilla mayor de la que fuera Santa María se encontraban en la torre campanario, sobre todo en el nivel inferior, si bien había fragmentos menores en los niveles superiores. “Ahí mismo avisaron a Alicia Ancho”, recuerda la alcaldesa sobre la llamada de los restauradores a la técnica restauradora del Gobierno de Navarra, que un par de días después acudió a Rocaforte. “Se quedó impresionada”.
Esa zona guardaba la calefacción, que ya se ha cambiado de lugar para dejarlo despejado y que puedan observarse mejor las pinturas, que según los estudios corresponderían a los doce apóstoles. Además de ser “inequívocamente románicas”, el historiador del arte Martínez Álava dice de ellas que, dentro del románico, son “de un nivel artístico y técnico alto”.
Fernández Oneka se refiere a todo lo que queda aún por descubrir. Por eso reclama “impulsar la investigación para conocer cómo era esa iglesia románica y ver si se puede encontrar más pinturas”. Y es que existen “zonas tapadas que probablemente también contengan pinturas”.
AGENDA 22 DE JULIO
8 h., recorrido de Aibar a Rocaforte por el Romeral;
12 h., castillo de Rocaforte, txalaparta de Galo Santamaria y charla del arqueólogo Iosu Barragán;
13 h., actuación de Rocamador Dantza Taldea de Sangüesa, charla del arquitecto Aitor Fernández Oneka sobre las pinturas románicas y exposición de Juantxo Agirre (Sociedad de Ciencias Aranzadi) sobre proyecto de patrimonio emigrado;
14.30 h., comida popular, danzas y txistu. Actúa Aralar Quartet (estrenará Harrera, de la obra Baskunsa). Comida y concierto: 10 euros (630 14 17 84 o urmuga2025@gmail.com).