Música
Funes rebosa devoción y tradición en la 47ª Concentración de Auroros de Navarra
64 agrupaciones procedentes especialmente de Navarra, pero también de otras comunidades como La Rioja, Euskadi y la Comunidad Valenciana, han llenado sus calles de cantos, emoción y fe
Actualizado el 20/07/2025 a las 18:50
La localidad navarra de Funes ha sido este domingo la anfitriona de la 47ª edición de la Concentración de Auroros. Un total de 64 agrupaciones procedentes especialmente de Navarra, pero también de otras comunidades como La Rioja, Euskadi y la Comunidad Valenciana, han llenado sus calles de cantos, emoción y fe, acogiendo una tradición que no se vivía en el municipio desde 1998.
Con la primera luz del día y bajo un profundo sentimiento de devoción, cientos de auroros recorrieron las calles entonando sus plegarias cantadas, fieles a una costumbre que mezcla religiosidad, tradición oral y arraigo popular. “Es algo que se siente en el alma. No cantamos por cantar: rezamos cantando”, afirmaba emocionada la corellana Montse Traín, con 25 años como aurora, que resume a la perfección la alegría de madrugar para cantar.
CINCO TRAMOS PARA UNA MEJOR ORGANIZACIÓN
Dado el altísimo número de agrupaciones -casi 2.000 auroros congregados esta mañana en Funes-, los organizadores dividieron en cinco recorridos distintos la marcha de éstos, con el fin de segmentar, por distintos puntos del pueblo, los diferentes grupos, y así evitar problemas de logística.
UN ENCUENTRO INTERGENERACIONAL
Aunque muchos participantes pertenecen a generaciones mayores, la jornada también tuvo sabor a relevo. En palabras de Luis Sancho, de Murchante —localidad que acogió el evento en 1999—, “la tradición va a menos, pero por eso mismo hay que continuar para transmitirla; es algo demasiado bonito como para dejarlo perder”.
En este espíritu de continuidad destaca el grupo de auroros de la calle Descalzos de Pamplona, que este año celebra su 80 aniversario. Desde 2019, y por primera vez en su historia, las mujeres han podido integrarse plenamente en sus filas. Mila Eraso, hoy presidenta de la Pía Unión de Auroros de Santa María la Real —nombrada en abril de este año— lo resume con orgullo: “Es devoción, sentimiento religioso, pero también identidad de Navarra”.
ESTAMPAS DE FE Y COMUNIDAD
Cada grupo llegó a Funes con su propio sello (cruces, mantos, estandartes y farolillos, entre otros elementos), pero todos compartían una misma esencia: la de mantener viva una costumbre que va mucho más allá del canto. Desde Pitillas, María Jesús mostraba con emoción un estandarte cosido a mano con productos naturales, representando a la parroquia de San Pedro: “Es fruto de mucha dedicación; a ver si nos sacáis más”, decía entre risas, sabiendo que cada detalle cuenta.
También desde Desojo, Espronceda, Oteiza, Mañeru, Los Arcos, Puente la Reina, Corella, San Adrián, Falces, Cintruénigo y hasta de tierras más lejanas como Vinalesa, en la Comunidad Valenciana, los auroros demostraron que esta tradición traspasa fronteras y generaciones. Pero, sobre todo, los allí congregados pusieron en valor el sentimiento de “comunidad y fraternidad” que se forma.
MISA SOLEMNE EN LA PISTA DE FUNES
El cansancio de las más de dos horas de canto, sumado al ascendente calor conforme avanzaba la mañana (se llegó a los 34 grados al mediodía), era síntoma de que se acercaba la hora de la eucaristía. Las botellas de agua repartidas por los voluntarios no sustituyeron a las cientos de mesas de comida y bebida de vecinos de Funes, que, sin duda, demostraron su gran hospitalidad. La misa, presidida por Florencio Roselló, arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela, congregó a miles de auroros, turistas y vecinos de la Ribera, que compartieron un momento de fe. Al finalizar la eucaristía —amenizada por los auroros de Funes—, llegó la hora de la comida multitudinaria.
LA DUDA DEL ANFITRIÓN EN 2026
Tras Corella (2023) y Lerín (2024), la incógnita queda abierta sobre qué localidad recogerá el testigo en 2026, que será ya la 48ª edición. Mientras tanto, Funes ha dejado una huella imborrable, con la colaboración de numerosos voluntarios que hicieron posible una jornada tan emotiva como bien organizada.

