El reto de Tadea Lizarbe de hacer oler a través de las palabras en su última novela

La escritora pamplonesa ha creado en ‘La sociedad del perfume’ un mundo donde un arma química ha borrado el olfato. Para escribirla recurrió a la neurocientífica Laura López-Mascaraque y a la perfumista Marina Barcenilla. Las tres se reencontraron este miércoles 11 de junio y trasladaron cuestiones del mundo del olfato que trataron con Lizarbe cuando preparaba la novela

Desde la izquierda, Laura López-Mascaraque, Marina Barcenilla y Tadea Lizarbe, este miércoles 11 de junio
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Desde la izquierda, Laura López-Mascaraque, Marina Barcenilla y Tadea Lizarbe, este miércoles 11 de junio
Desde la izquierda, Laura López-Mascaraque, Marina Barcenilla y Tadea Lizarbe, este miércoles 11 de junio

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Laura Puy Muguiro

Publicado el 14/06/2025 a las 05:00

"¿De qué va?”. Cuando a Tadea Lizarbe le hacen esta pregunta sobre su última novela, 'La sociedad del perfume', le cuesta contarlo, y recurre a narrar qué le hizo escribirla. Para eso vuelve a viajar a la casa de su abuela en San Sebastián y al momento en que abrió la ventana que daba al patio interior. “Me vino un olor muy fuerte a salitre, a ropa limpia, a ropa sucia... y también todos los recuerdos de la infancia: mis veranos con ella, el recuerdo olfativo de las alitas de pollo que me preparaba.... ”. Cómo es el olfato, qué rápido llega a las emociones y cómo los escritores no lo utilizamos, pensó. Y se propuso un reto: escribir una novela por la que el lector pudiera oler a través de las palabras. Unió así ciencia y arte, colaborando con tres expertos del mundo olfativo: la neurocientífica Laura López-Mascaraque, la perfumista Marina Barcenilla y el bioquímico Ángel Aceves. López-Mascaraque y Barcenilla participaron este miércoles 11de junio con Lizarbe en la charla 'El idioma del olfato. Una conversación entre ficción, neurología y perfumería', donde el público de Pamplona pudo conocer sobre la novela y explorar y aprender del mundo del olfato, cuestiones algunas que aparecen en este reportaje, como fueron surgiendo en las reuniones que la autora mantuvo con las expertas en la preparación de la novela. Lizarbe presenta este libro este jueves 19 de junio en Elkar Comedias (18.30 horas)

'La sociedad del perfume', donde los personajes están asignados a familias olfativas, generando afinidades, tensiones y pasiones, transporta a un mundo sin olor, a una distopía sensorial donde el olfato ha sido borrado por una devastadora arma química. En un mundo gris y controlado, nacen dos hermanas gemelas con un don prohibido y un destino capaz de alterar el curso de la humanidad. La historia fusiona ciencia ficción, política y emociones humanas con el poder transformador del olor. Han sido ocho años de trabajo de Lizarbe para que la novela se ajustara al conocimiento que le trasladaron los expertos “y se ajustara así a la justicia que merecen las descripciones del olfato”. La obra trata además la diversidad y la inclusión. “Dicen que tienes que rodearte de personas que te aporten, así que me junté con muchísimas más personas que brillaban, y les di su trocito también en la novela”.

El olor a bebé. Lizarbe presentó a las dos expertas un borrador que incluía lo que había investigado, y a raíz de las reuniones fue introduciendo lo que le contaban. De ahí la escena de inicio: una mujer se acerca a su bebé y siente el calor de su cabecita, que sabe que tiene un aroma, pero que jamás sabrá cuál por haber borrado el olfato esa devastadora arma química. ¿Y por qué este inicio? Porque las dos expertas hablaron del olor a bebé, y en concreto Barcenilla de sus intentos de captar el olor de su sobrina y regalárselo a su hermana. Canguro muchos años durante su juventud y 'au pair' en Reino Unido cuando se fue a vivir allí, está “muy acostumbrada a oler niños y bebés”. Y recuerda que cuando cogió a su sobrina por primera vez y olió su cabeza, “ese olor era diferente al del resto de los bebés que había olido”, en su opinión, por los vínculos genéticos de familia y por la emoción, que hace que se perciban esos olores de una manera diferente si se está muy vinculada a ellos emocionalmente. “Por eso, cuando olí a mi sobrina, quise embotellarlo, para mí y para mi hermana y para ella cuando sea mayor, para poder decirle ‘así olías cuando eras una bebé”. Obsesionada desde pequeña con los olores, empezó a hacer perfumes para capturar sus recuerdos, y le fascina de su trabajo inventar olores para cosas que no los tienen. Y le ocurrió que al leer el borrador de la novela sobre la trama y los personajes se descubrió “imaginando los olores de cada uno”.

Anosmia, mundo gris. Al enfrentarse a una anosmia, la pérdida total del olfato de manera temporal o crónica, “el mundo se vuelve gris”, describió López-Mascaraque, que la sufrió en la pandemia. “No puedes oler a los que te rodean, no tienes el olor de tu casa, no sabes a qué hueles tú, los alimentos pierden el sabor porque el 80% del sabor es olfato -percibes lo dulce, salado, ácido y amargo, pero no la sensación completa de estar tomando algo-. Es un mundo feo y distinto”, describió la neurocientífica como forma de trasladar el que ha creado Lizarbe para 'La sociedad del perfume'. Por eso la experta no puede imaginar un mundo sin olfato. Sería “una sensación de vivir en blanco y negro”. “Perderíamos muchísimo, esa química que nos une, y realmente nos daríamos cuenta entonces de la pérdida”.

¿Que una novela huela? Para estructurar la novela, se basó Lizarbe en el conocimiento que le trasladó Barcenilla sobre la pirámide olfativa del perfume: las notas de salida, “el ‘hola’ del perfume”, en la parte superior, notas muy volátiles que desaparecen en minutos; notas más duraderas, de 2 a 6 horas, las llamadas notas del corazón, “muy importantes, porque están en el medio de la pirámide y porque dan carácter, alma y corazón al perfume”, y, una vez que todo esto se evapora, el secado del perfume, las notas de fondo, como los cimientos sólidos que necesita un edificio para que no se derrumbe. “La fundación de ese perfume es una parte integral de la historia del perfume y el broche final, porque es lo más duradero, lo que recuerdas durante más tiempo, lo que queda en la piel una vez se ha ido todo”. Y de aquí surgió la novela en tres partes: despertar interés con la presentación de los personajes y el inicio de la intriga; conflictos en el desarrollo, agravándose la trama, y el broche final.

Las familias olfativas. Son una manera de agrupar perfumes con características similares, que huelen parecido. Lo interesante, apuntó Barcenilla, es que “hay ciertas familias que encajan muy bien con otras, mientras que otras chocan y son mucho más difíciles de integrar”. Cuando conoció esta información, Lizarbe debió reajustar las relaciones que había dado a sus personajes en el borrador para que hubiera coherencia en la pertenencia de cada personaje a una familia distinta y en las interacciones entre ellos. Porque así, por ejemplo, es cómo Barcenilla imaginaba al personaje de Shana, oliendo “a heno recién segado y dulce, a notas de roble, cedro, a las raíces que se expanden por el suelo y a las pequeñas florecillas que vaticinan la primavera, narcisos, campanillas, azules, flores silvestres, geranios, lavanda [...]”, un personaje con carácter fiero, “determinación que huele a árboles de coníferas”, saliendo adelante “con la fortaleza de las notas de perfume de cedro, de abeto balsámico, madera de pino y cicuta canadiense”.

El idioma del olfato. López-Mascaraque se refirió a que, al definir un aroma, decimos “huele a” o “tiene un olor”, incluso “un olor fresquito”, “un aroma dulce”. “Pero no hay palabras que definan el olor. La única que conozco es petricor, el olor a tierra mojada. Empecé a buscar datos, bibliografía... para ver si en otras lenguas hay nombres para olores”, contó la experta. Descubrió que en Europa no hay nada, “pero en América del Sur, Asia, África... tienen un lenguaje realmente increíble algunas de las lenguas, no las de ahora, sino lenguas que han quedado de antes, donde, por ejemplo, tienen un nombre para definir el olor a bebé o el olor a fuego”.

Olfato y memoria. Todo lo que percibimos por los sentidos nos llega al cerebro, lo interpretamos. Pero en el olfato algo funciona distinto. “Cada vez que respiramos, unas 23.000 veces al día, incluido cuando dormimos, estamos oliendo, queramos o no”, señaló la neurocientífica, que añadió que los olores nos transportan, “evocan momentos más que cosas porque esa información se procesa en el cerebro”: “Se transforma en una actividad eléctrica que va pasando por distintas zonas del cerebro y nos llega súper rápidamente a una zona del cerebro que llamamos el cerebro emocional, donde hay una estructura amígdala que se encarga de procesar todas nuestras emociones y otra estructura, el hipocampo, que se encarga de los recuerdos, con lo cual es una combinación perfecta para que este sentido nos transporte a un momento que hemos vivido”.

Nuestra huella olfativa. La experta neurocientífica trasladó que el genoma humano contiene unos 20.000 genes; para poder ver en color usamos 3, y para el olfato, 400. “Es decir, la variabilidad entre una personas y otra es muy grande”. Significa que cada persona tenemos una huella aromática o una huella olfativa: olemos de una manera que no huele otra. “Por eso un perro puede identificar a alguien bajo tierra dándole a oler una de sus camisetas”. Pero hay una excepción: los gemelos idénticos, lo que Lizarbe utilizó para su novela, al construir dos gemelas que ni se parecen físicamente ni huelen igual, para crear la intriga de qué hay tras dos gemelas que debieran ser idénticas.

¿Olor de las emociones? Más que las emociones huelan, Barcenilla diría que las diferentes emociones pueden causar que nuestro cuerpo desprenda ciertas hormonas o cierto sudor que huele. “Entonces es posible que, si tengo miedo, las hormonas que mi cerebro dice que hay que dejar que salgan interactúen con mi cuerpo, mi microbioma, mi sudor, mi piel.. creando cierto olor que se puede de alguna manera captar”. Y por la misma, un perro no huele el miedo, sino que el miedo puede causar ciertos procesos físicos que pueden dar un olor, se capte o no. De hecho, añadió López-Mascaraque, el cuerpo emite continuamente moléculas que son señales de nuestro estado, como el olor a estrés o estadías de distintas enfermedades. “Emitimos olores que son señales de alerta”.

Ingredientes perfectos. En el transcurso de la novela, en un mundo donde se ha eliminado el olfato, en algunos se empieza a despertar, y los perfumistas actúan como alquimistas, en su busca, para recuperar el olfato. Fue el modo que Lizarbe ha tenido de trasladar al libro la forma en que los perfumistas buscan los ingredientes perfectos, “a veces más complicado que crear el perfume”, reconoció Barcenilla. Porque se puede pedir a un perfumista que un perfume huela a rosas. “Pero el aceite de rosa de Bulgaria huele diferente al de Turquía, India, Egipto o Francia, y necesito viajar virtualmente a esos países para oler las rosas de cada país. Cuando buscamos los ingredientes, hacemos un recorrido por el mundo, recolectando o coleccionando las notas que queremos utilizar en nuestros perfumes”.

El ámbar gris. En la lectura del borrador, Barcenilla no lograba poner olor a un personaje. “No era una familia olfativa, no era un olor, no era un perfume... era algo muy diferente: el ámbar gris”. Y explicó a Lizarbe qué es: una secreción animal que la produce entre el 1 y el 5% de los cachalotes por una patología en el sistema digestivo que no digiere bien los picos de los calamares que se comen y que pasan al intestino, atascándose en la parte final del colon. Allí, con la interacción con las enzimas digestivas, esa materia fecal empieza a cambiar su estructura química, y se convierte en algo diferente, el ámbar gris, que termina flotando en el mar, donde, expuesto al aire, al sol, al yodo, a la sal, al agua... un proceso químico oxida su química y llega a la playa “como una especie de piedra pómez”. “Ese material, súper escaso y muy costoso, se utiliza en perfumería como uno de los ingredientes más preciados porque al ponerlo en un perfume lo transforma: no se huele el elemento añadido, sino que huele el cambio que ha producido en ese perfume”. Fascinada, Lizarbe añadió un ámbar gris en la novela. “¿Qué escritor no lo incluiría en la historia?”, preguntó la autora al público. 

LAURA LÓPEZ-MASCARAQUE. Doctora en Neurociencias e investigadora del CSIC, presidenta de la Red Olfativa Española y académica de mérito de la Academia del Perfume.

MARINA BARCENILLA. Perfumista independiente y académica de número en la Academia del Perfume, desde 2017 crea aromas para divulgar ciencia, literatura e historia.

TADEA LIZARBE (Pamplona, 1988). Ha escrito 'Comiendo sonrisas a solas' (finalista del Premio Planeta en 2014), 'La ordenada vida del doctor Alarcón' y 'Marionetas sin hilos'.

'LA SOCIEDAD DEL PERFUME'
​Autora: Tadea Lizarbe. 
Editorial: Apache Libros. 
Número de páginas: 414. 
Precio: 24,50 euros. 

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