Adiós a un gigante de las letras

Los seis viajes de Vargas Llosa a Navarra

El escritor aprovechó tres dias en 2002 para recorrerse la Comunidad foral de norte a sur

Fotos de los seis viajes de Vargas Llosa a Navarra.
Fotos de los seis viajes de Vargas Llosa a Navarra.| ARCHIVO DN

Ion StegmeierJesús Rubio

Publicado el 15/04/2025 a las 05:00

La invitación inicial era para inaugurar los Cursos de Verano de 2002, organizados por las universidades navarras y el Ateneo, pero Mario Vargas Llosa había expresado su deseo de conocer bien Navarra, y el gobierno foral aprovechó para prepararle un intenso 'tour' de tres días por el territorio. El escritor y su mujer, Patricia Llosa, cruzaron el mapa en cuestión de horas, del verde de Bertiz al amarillo de las Bardenas pasando por el balcón del chupinazo.

El martes 25 de junio Vargas Losa inauguró los Cursos de Verano con una lección magistral en el patio isabelino del Instituto Navarro de Administración Pública, en Pamplona. Habló, entre otros temas, de la globalización y del poder “hipnótico” que ejercían los medios de comunicación audiovisuales. Y, una vez cumplida la tarea, la pareja arrancó su visita privada por Navarra, acompañados en todo momento del entonces consejero de Universidades y Política Lingüística, Pedro Pegenaute.

El miércoles comenzaron visitando el Señorío de Bértiz. La directora del parque, Luisa Arana, les preguntó qué era lo que más les interesaba y Vargas Llosa no le facilitó mucho las cosas: “Todo”, contestó. “Tenemos una curiosidad universal”, añadió. Les llamó la atención el silencio del parque, por ejemplo, y al oír que el cercano río era el Bidasoa saltó como un resorte: “¡Allí estaba la casa de Baroja!”. Hicieron un amago de visitar 'Itzea', el santuario barojiano de Bera, pero no había tiempo. A las 13.30 horas tenían una cita ineludible: la semifinal del Mundial de Fútbol entre Brasil y Turquía. Tomando vino blanco y cacahuetes, Vargas Llosa no quitó ojo a la televisión en el Palacio de Zuasti, donde comieron después durante tres horas. Su mujer aguantó el fútbol dos minutos y se fue al hotel.

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Luisa Arana, Mario Vargas Llosa y Patricia Llosa, en Bértiz| villar lópez
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La siguiente parada era el Ayuntamiento de Pamplona. Allí el escritor evocó su vivencia, treinta años antes, cuando llegó a las fiestas para pasar tres días junto con dos amigos. San Fermín le parecía algo muy literario. “No me extraña que Hemingway le sacara tan buen provecho”, expresó. Se reunieron con la alcaldesa, Yolanda Barcina, y Vargas Llosa confesó que su mayor ilusión era asomarse al balcón del chupinazo, que recordaba de cuando lo vivió desde el otro lado, abajo, en la plaza. Aquellos sanfermines los pasó “fantásticamente bien”, pero no recordaba si había llegado a pegar ojo. “Es una fiesta tan original, tan inusitada, fue una experiencia muy bonita y la tengo muy viva en la memoria”, señaló.

Por la noche intervino en Navarra Foro XXI, organizado por Diario de Navarra en el Hotel Iruña Park, una cena-coloquio con doscientas personas que estuvo presentada por José Luis Martín Nogales, director de la UNED.

Se marchaban a dormir a la una, pero el jueves, a las diez de la mañana, los Vargas Llosa ya se encontraban frente al Castildetierra, en las Bardenas Reales, que él definió como “baño de tierra”. Le cautivó el término “congozante”, aplicado a los ayuntamientos que disfrutan de los montes, tierras y riegos de las Bardenas, una palabra que él asociaba con dos amantes. “Nunca podía imaginar un significado con efectos jurídicos”, expresó sin dejar los prismáticos con los que analizaba todo. Le recordaba a una zona desértica de Perú: “Son 415 kilómetros cuadrados para gente brava”, sentenció. “Son pliegues, terrazas y cerros fraccionados que contrastan con el paisaje húmedo que me mostraron ayer y que demuestran la rica variedad de esta tierra tan hospitalaria”.

A la vuelta pararon unos instantes en Mélida, y, fuera del programa establecido, también se acercaron a Olite. Vargas Llosa quedó fascinado ante la puerta de Santa María y la figura del hombre convirtiéndose en árbol. Le llamó también la atención que el castillo no era militar, sino cortesano.

Ya en Pamplona siguió la gira por la Universidad Pública de Navarra, donde le impresionó el aroma de los tilos, y la Universidad de Navarra, así como en la sede de Caja Navarra, organizadora de los cursos de verano. Y así llegaron al final del tour, abrumados, según indicaron, por las manifestaciones de cariño recibidas. “De Navarra me llevo la imagen de una tierra pujante, moderna, que prospera, que se desarrolla en un ambiente de convivencia, de libertad”. concluyó. No tenían duda de que tenían que volver pero, eso sí, con más tiempo.

Sanfermines y teatro

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Mario Vargas Llosa pudo ver la procesión de San Fermín en 2005 desde el balcón de la sede de Diario de Navarra en la calle Zapatería| josé antonio goñi
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Los Sanfermines que había conocido más joven en 1975 los recorrió por completo en 2005, en una visita de tres días marcada por un terrible susto: el 7 de julio una serie de atentados yihadistas mataron a más de 50 personas en Londres, donde el Nobel vivía la mayor parte del año y donde se había quedado su mujer. Tardó unas horas en saber que la barbarie no había afectado a nadie de su familia. “Hay que enfrentarse al terror como lo que es: una amenaza a la civilización, pero defendiendo aquello que terror quisiera destruir: la libertad”, dijo.

Vargas Llosa se enteró de los atentados en el apartado. Antes había visto el encierro desde el Ayuntamiento, estuvo bailando y almorzando en el Casino Principal, en el Baile de la Alpargata, había visto la procesión desde el balcón de la sede histórica de Diario de Navarra en la calle Zapatería, acompañado del entonces presidente del Consejo de Administración del periódico, Álvaro Bañón. “Me han llamado la atención los cantos y el color de la procesión”. Ese día también recibió el premio Bodeguero Mayor del Reyno de Navarra, por cuya concesión, se le invitó a la fiesta, asistió a los toros y vio los fuegos artificiales.

“Es una anarquía muy civilizada. Cuando tú reconoces el derecho a la espontaneidad y la libertad, no se produce el caos, se produce un orden natural”, decía sobre la fiesta pamplonesa, que ponía como ejemplo del florecimiento de las culturas regionales como contrapeso a la globalización. “La fiesta tiene un encanto enorme, tiene gracia, vitalidad y es al mismo tiempo antigua y modernísima. Es un fenómeno extraño en nuestra época, en el que se juntan todas las clases sociales y en el que prácticamente no existen jerarquías ni divisiones sociales y culturales”, explicaba en una entrevista en Diario de Navarra.

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Vargas Llosa y su mujer, con Enrique Maya en el Gayarre en 2014| eduardo buxens
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Pasaría casi una década hasta su siguiente visita a Pamplona. La hizo en noviembre de 2014, con motivo del estreno en el Teatro Gayarre de la obra 'Kathie y el hipopótamo', escrita por él, que dirigió Magüi Mira y que tuvo a Ana Belén de protagonista. En realidad, aquel día hizo de guía por Pamplona para su mujer, Patricia Llosa y para una amiga peruana. Llegaron en tren desde Madrid a las 14.40 horas, picaron algo en el bar Baviera de la Plaza del Castillo y por la tarde recorrieron la Estafeta, la plaza Consistorial, la cuesta de Santo Domingo, conocieron el Archivo, la catedral y la zona de Caballo Blanco, antes de que llegara la hora de acercarse al teatro.

ACTOS POLÍTICOS

Sus siguientes viajes a Navarra tuvieron un tono más político. Al menos coincidieron con campañas electorales, la de las elecciones forales y municipales de 2015, y la de las forales municipales y europeas de 2019. A ambas acudió invitado por el Think Tank Civismo. En la primera mantuvo un diálogo con el periodista Carlos Herrera, en el que el Nobel alertó contra los populismos. “España es un país moderno, pero desgraciadamente la historia demuestra que los países más desarrollados no están vacunados contra la demagogia populista”, lanzó en un tiempo de auge para Podemos (sería la cuarta fuerza de aquellas forales, por delante del PSN). En la segunda, el encuentro lo tuvo con la diputada del PP Cayetana Álvarez de Toledo. Llosa, que en 2019, había participado en actos de Ciudadanos, cargó contra el nacionalismo, del que dijo que parte de “una ficción, consistente en creer que en el pretérito había sociedades homogéneas” que “jamás existieron”, y defendió el individuo como “producto de la civilización, de la libertad”. 

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