Hasier Larretxea revisita con imágenes y música su poemario fundamental
El viernes protagoniza con Zuri Negrín en la Biblioteca de Navarra por el Día de la Poesía una ‘performance’ con ‘Niebla fronteriza’, que cumple diez años


Publicado el 19/03/2025 a las 05:00
A veces, la música es un mero sonido de fondo que casi no aparece, muy sutil, misterioso, como si quisiera llevar a un estado de meditación; otras, suena a la tierra, a lo cercano, con sonidos de percusión. Y que Zuri Negrín interprete una u otra depende del poema que en ese momento declame Hasier Larretxea mientras se proyectan imágenes, ilustraciones y fotografías familiares que buscan la conexión perfecta con Niebla fronteriza, el libro fundamental del poeta de Arraioz y que significó “el inicio de un universo”, un libro que se adentró en los territorios más íntimos de la memoria familiar y colectiva. Se cumplen ahora diez años de la publicación de esta obra que revisita Larretxea en esta propuesta visual y de música electrónica en la que le acompaña Negrín y que se presentará el viernes por primera vez en la Comunidad foral. Será en la Biblioteca de Navarra, por el Día de la Poesía (19 h.).
Niebla fronteriza contiene una época de un pasado, el de los años ochenta y noventa en Baztan-Bidasoa; recorre la memoria familiar, e incluye poemas de un estilo más clásico en torno a la frontera, al paisaje con ovejas, musgo y dolor. Un libro escrito a partir de la muerte de su abuela.
“En esa niebla fronteriza se resguardan los silencios, ese universo en el que crecí, con el eco de lo rural, del pueblo, de las campanas de la iglesia”, señala el poeta, que confiesa que algún poema le costaba leer por la emoción que le generaba. Es el caso de uno que dedica a su abuela y en el que habla sobre la homosexualidad y cómo se trató respecto a los abuelos, en este caso a la abuela, y “cómo había un sentimiento de esconder”. “Niebla fronteriza es el inicio de mi ida y vuelta con el pueblo”, añade Larretxea.
Esta performance del libro que incluirá “sorpresas de voces” le ha permitido revisitar lo escrito. “No me arrepiento de nada de lo que está, y me he sorprendido y reconectado conmigo mismo”, confiesa Larretxea. Porque se encuentra en un momento vital, “de cambio absoluto”: el año pasado se sentía “desdibujado, como profesional, escritor y persona” tras haber “tocado fondo” después de quince años de educador y trabajador social en salud mental, que dejó “por saturación” y para cuidar su bienestar. “Echaba de menos esa pulsión, esa ilusión, ese torbellino, ese Hasier que me caracterizaba”, se sincera el poeta. Por eso este evento es “muy simbólico”, además de la víspera de su 43 cumpleaños.
Se siente “muy orgulloso” de este poemario que “tiene mucho trabajo e ilusión detrás”, además de porque le ha ayudado a “volver a recorrer esos senderos que a veces se quedan atrás de la memoria, del pasado, de aquella infancia, de aquellos elementos” que nos han dado identidad a las personas y que han servido de rumbo. “Era un universo humilde donde quizás no tenías todas las herramientas, pero en el que sí había honestidad”, añade Larretxea, dedicado ahora a la escritura y a desarrollar en un futuro cercano talleres de literatura y de creación artística para personas con dificultades emocionales, “como canal de liberación”.
Junto a él en este evento, su marido, Zuri Negrín, que se ayuda de electrónica para la música: básicamente, controlador, teclados y sintetizadores, con una parte interpretada en directo con instrumentos digitales y otra que son pistas que ha compuesto para cada poema y que manipula en ese momento. Y hay espacio para la improvisación, “en la mitad de los poemas”. “Escucho a Hasier cómo fluye el poema y, según eso, acompaño con la música, que nunca está por encima de la palabra”, apunta Negrín, para quien la poesía de Larretxea “suena a belleza, a minimalismo, a familia, a algo que está siempre ahí y que abraza”. “Me suena a algo hermoso que también, como todo en la vida, tiene sus momentos un poco más oscuros. E intento reflejar eso también con la música porque la poesía de Hasier a veces suena a melancolía, a tristeza, a momentos un poco más duros”.
Videoproyecciones
Como novedad respecto a otros eventos de ambos, imágenes en videoproyecciones, “para crear un universo ya completo”. Y desde la ilustración y la foto documental, hay partes abstractas y otras, con los pies en lo real “que ayudan a crear ambiente con esas imágenes del norte de bosques, de carreteras, de lugares que transmiten lo mismo que está transmitiendo el poema”.
Esta vez Larretxea sube al escenario con su marido, y antes ha involucrado a su padre, su madre, su hermano... “Con mi proceso de vida emocional personal, es una manera de dar las gracias a la vida sobre todo por los padres que tengo: yo soy quizá porque ellos han sido así. En mi casa no ha habido libros, pero nunca he tenido problema para acceder a ellos con las pesetas que me daba mi madre para viajar a Pamplona en la Baztanesa en esa adolescencia que era turbia para mí, donde estaba mal y necesitaba encontrar referentes en discos y libros. Esa parte de retorno es muy bonita, y doy las gracias porque mucha gente deja atrás su lugar de origen y ya no vuelve a reconectar”, reflexiona el poeta.