Lorenzo Silva: "La sociedad tiene exceso de militancia, y me produce cierta asfixia"
El escritor madrileño regresa el 26 de marzo al club de lectura de Diario de Navarra con la última historia de su pareja literaria de guardias civiles, el subteniente Bevilacqua y la brigada Chamorro, que alimentan su serie hace 30 años. En 'Las fuerzas contrarias' se encargan del esclarecimiento simultáneo de dos muertes durante el inicio de la pandemia


Publicado el 16/03/2025 a las 05:00
Lorenzo Silva sabe que habrá quien rechace que sitúe en el inicio de la pandemia 'Las fuerzas contrarias', su última novela con Bevilacqua y Chamorro, su pareja literaria de guardias civiles. “Pero no hacerlo habría sido incongruente: en este tiempo no he evitado nada de lo que ha sucedido en el país”, afirma.
El primer capítulo se titula 'L’ombra della luce', una canción de Franco Battiato en la que decía “defiéndeme de las fuerzas contrarias”. Antes de comenzar con esta novela, ¿cuáles eran esas fuerzas contrarias?
Creí que Bevilacqua debía llegar a la pandemia porque en estos 30 años no he evitado nada de lo que ha ido sucediendo en el país o en la sociedad para la que trabaja. Pensé cómo afrontar un relato de la pandemia desde una investigación criminal y con una perspectiva de cinco años en la que ha aflorado mucho de lo que en los primeros días no veíamos, incluso alguna mezquindad e infamia difícil de aceptar. Además, como con todo, la pandemia empezó siendo un momento para la unidad, y al mes y medio fue un argumento más para la confrontación y la fractura. Era un hueso duro de roer y no sabía muy bien cómo enfocarlo. Hasta que trabajando una idea que se me había quedado flotando en la mente durante la pandemia -un amigo guardia civil me contó el detalle de que los médicos certificaban las defunciones desde el portal, sin examinar los cadáveres-, se me ocurrió que podía ser una buena oportunidad para que alguien que quisiera deshacerse de una persona vulnerable lo hiciera sin que pasara por un crimen.
¿Dudó de si existía ya la distancia temporal necesaria, con todo lo que emocionalmente supuso?
Era consciente de que mucha gente no quiere oír hablar de la pandemia. Pero no hacerlo habría sido incongruente: me interesa la literatura sobre la contemporaneidad, cuando aún no hemos olvidado o no se nos han desdibujado excesivamente las sensaciones y ya tenemos una mínima perspectiva como para ponerlas en contexto y sopesarlas. Si lo haces demasiado pronto, estás un poco aturdido por el impacto de lo que has vivido. Si lo haces demasiado tarde, la memoria empieza a recordar lo que quiere y a enredar con el recuerdo más o menos interesado.
Y al margen de ambientarla en el confinamiento, ¿qué ha querido tratar de fondo de entonces?
La pandemia fue un impacto importante por su coste sanitario, en vidas, económico... Pero el quebranto y la conmoción no solo fueron por el virus, sino porque recayó sobre una sociedad que ya arrastraba muchos desajustes reflejados en la novela: respecto a la falta de entendimiento entre generaciones, la justicia social en términos de vivienda digna o no para todos, la propia gestión de la sociedad por sus dirigentes... Porque la sociedad española desde 2004, desde el 11 M, entró en una crisis de liderazgo, de cohesión y de solidaridad de la que no nos hemos repuesto, y en ese contexto la pandemia agravó aún más sus efectos.
¿Y cómo cree que estamos?
Regular, en el mejor de los casos. Formamos parte de una UE que está entre atónita y estupefacta en un contexto global donde hay actores muy decididos, autocracias o democracias con sesgo autoritario, y nosotros somos una pieza especialmente despistada dentro de ese conjunto bastante desorientado general que es la UE. A la sociedad española la veo sin liderazgo, sin proyecto, sin nada, sinceramente. Estamos muy fuera del mundo, apostando por cosas que me parecen de segunda mientras otros lo hacen por la industria, el conocimiento, el verdadero desarrollo, el verdadero bienestar de la población, el amparo de la población...
Y según usted, ¿en qué se está apostando ahora aquí?
Sinceramente, por ir tirando. Por ejemplo, ¿qué proyecto hay para mejorar la universidad española, que es manifiestísimamente mejorable?, ¿para que el talento que genera esa universidad contribuya al bienestar de los españoles?, ¿para que las generaciones no sientan que hay una inequidad en la asignación de los recursos?, ¿para que las personas no tengan que vivir apiñadas en pisos pequeños, en habitaciones compartidas, y pueda haber una vivienda digna para todos?, ¿para que el territorio, en lugar de desequilibrarse cada vez más en beneficio de las grandes ciudades y de las costas, tenga un desarrollo armónico? No conozco ninguno.
Volviendo al libro y a aquel inicio de la pandemia, Chamorro señala que “los mayores han visto de la noche a la mañana que su vida ya no vale lo que creyeron que valía”. ¿Los cuidamos ahora más?
Lo que pasó fue tan gordo que alguna revisión sí que se ha hecho, no solo en el plano individual, sino también en el plano colectivo. No sé si es la revisión suficiente, porque en una sociedad tan envejecida como la española y que todavía va a envejecer más, uno de los campos estratégicos debería ser cómo ofrecemos una vida lo más digna posible y sostenible desde el punto de vista económico para una población enorme de más de 80 años. En la medida de lo posible, hay personas que intentan cuidar un poco más de sus mayores. También a muchos nos ha pasado que hemos perdido a algunos de nuestros mayores y eso te devuelve una conciencia respecto de los que quedan, escucharlos, atenderlos… Creo que algo sí hemos aprendido, aunque no sé si lo suficiente, porque nuestro desafío es tener a siete u ocho millones de personas bastante mayores dentro de no muchos años y cómo gestionarlo.
Decía antes cómo encontró la fórmula de la investigación de un crimen en plena pandemia. Y se investiga otro anterior.
Para contar cómo la pandemia interfirió en nuestras vidas y en las investigaciones criminales. Y pensé que tenía que buscar una metáfora que me sirviera para lanzar una mirada más abierta, más amplia, menos parcial, menos militante porque creo que últimamente en nuestra sociedad hay exceso de militancia. La frase de las fuerzas contrarias de la canción de Battiato es una oración elevada contra la adversidad. Y la de Bevilacqua es el criminal al que debe combatir y desenmascarar y es el sistema para el que trabaja, que no es perfecto; la sociedad a la que sirve, muy lejos de ser perfecta; la ciudadanía a la que intenta amparar en sus derechos y libertades y en la que hay de todo; él mismo, porque uno también es su fuerza contraria cuando desfallece o cae en la tentación de lo indebido. Esa canción y esas palabras me daban el marco para hacer una historia abierta y comprensiva de la situación y de lo que iba a contar. La génesis de esa canción hizo tomar conciencia a Battiato de su fragilidad, y algo interesante y constructivo de la pandemia es que nos descubrió nuestra fragilidad. Hay quien piensa que los frágiles solo son los viejos, los pobres, los débiles, los enfermos... pero no: somos todos, y de un segundo para otro lo podemos ser en grado sumo. Y frente a la fragilidad solo hay una defensa: cuidarnos unos a otros. La víctima de esta novela se llama Caridad, que no significa compasión y conmiseración, sino amor y cuidado.
¿Por qué dice que esta sociedad tiene exceso de militancia?
Cada vez me pasa con más gente que antes de que hable sé exactamente todo lo que va a decir porque sé bajo qué banderín lo dice. Y eso me está produciendo hasta cierta asfixia. Tengo la sensación de que mucha gente ha asumido que la única manera de comparecer es con la camiseta de un equipo, y yo nunca he llevado camisetas. Entiendo que en un momento determinado uno puede adherirse a algo, que los seres humanos deben sumar esfuerzos. Pero lo que no entiendo es ese concepto que el régimen anterior acuñó bajo esa expresión de adhesión inquebrantable. No entiendo la adhesión inquebrantable: mis adhesiones son esencialmente quebrantables.
¿Cuáles eran sus fuerzas contrarias antes de iniciar este libro?
El principal enemigo de un creador es la inercia. Luego, crear requiere mucho trabajo y mucho esfuerzo, y hay que movilizarlo durante muchas horas y días, así que la pereza también es un enemigo potente. Y si después te ha ido medianamente bien, surge un enemigo con potencial catastrófico, la complacencia, quedarte en lo que has hecho y tratar de replicar hasta el infinito tus logros. Pero los logros solo valen para una vez. Debes asumir que la única manera de sostener un proyecto creativo es volviendo a correr riesgos, jugándotela y exponiéndote a fracasar.
¿Qué ha aprendido de usted con 'Las fuerzas contrarias'?
Con los libros siempre iluminas zonas de lo que te rodea y zonas de tu interior. Incluso creo que te ayudan a algo que todos los seres humanos necesitamos: estar un poco en paz con nuestra existencia. El confinamiento no fue para mí duro como lo fue para otras personas en malas condiciones para estar encerrados o que perdieron su trabajo, aunque sí lo fue en otros aspectos porque acabé perdiendo gente, amigos, a mi madre un año y medio después -probablemente, como consecuencia de la pandemia, porque su salud era frágil y no le vino bien-. Pero volver con esta novela al periodo de la pandemia me ha ayudado a poner en orden mis recuerdos, mis sentimientos, y tratar de convertirlos en algo que me impulse de una manera positiva hacia el futuro con quienes me quedan, que son muchos.
"Que después de 30 años escribiendo sobre Bevilacqua y Chamorro alguien los descubra ahora es más que una bendición"
Este 2025 se cumplen treinta años de que escribiera el primer manuscrito con una historia de Bevilacqua y Chamorro, 'El lejano país de los estanques', y ha contado que recibió muchas negativas, que un editor en concreto le dijo que España no era país para los novelistas policiacos. No acertó...
Era, y creo que sigue siendo —hace tiempo que no tengo relación con él— un muy buen editor. Lo que hacía era auscultar el mercado del año 95 y su diagnóstico no fue inexacto: en el 95 la novela policíaca en España era una novela de nicho y además con preponderancia de autores extranjeros y apenas dos o tres españoles, Vázquez Motalbán, Juan Madrid, González Ledesma... Era una especie de género residual desde el punto de vista editorial y de los lectores. Aquí era testimonial la novela negra tradicional como existía en otros países y que ya en aquel momento tenía por ahí fuera bastante buena salud.
¿Y qué le llevó a introducirse en el género? Porque hasta entonces había escrito otro tipo de novelas, también juveniles e incluso poesía, pero nada policiaco.
Todo lo que uno escribe viene de la lectura, y a la novela policiaca me atrajo la lectura de novela policíaca, sobre todo de cierta novela policíaca: las escribo por culpa de Raymond Chandler [ríe]. Leerle me hizo sentir que necesitaba escribir algo así.
¿Necesitar?
Había leído otros autores y me había interesado más o menos, pero novelas como 'El largo adiós' son la síntesis perfecta de crimen, intriga, hondura psicológica, crítica social y aliento poético. Me apetecía hacer algo que tuviera todo eso: no me puedo quedar en la pura intriga, no me puedo quedar en la pura crítica social, no me puedo quedar en el puro ejercicio de estilo. Raymond Chandler me dio la pista de lo que quería hacer. Luego tuve que buscar una conexión con la realidad y con mi realidad, que es en la que puedes escribir, e inopinadamente la encontré quizá donde menos esperaba, que es en una pareja de la Guardia Civil. Probablemente era lo menos evidente, pero, sin embargo, vi con claridad que eran personajes que tenían un potencial.
¿Por qué dice que encontró los personajes donde menos se lo esperaba, que una pareja de la Guardia Civil era lo menos evidente?
Pues porque parece que son lo contrario a Philip Marlowe, el detective de Raymond Chandler: Marlowe es un llanero solitario, trabaja para sí mismo, tiene sus propias reglas... y los guardias civiles son funcionarios públicos con disciplina militar, sometidos a las leyes, a los jueces, a sus jefes, a las autoridades gubernativas... y es fácil identificar en un personaje como Marlowe una mirada crítica sobre la sociedad, y a lo mejor eso no se ve tan claro con un servidor público, cuando muchos servidores públicos, no solo guardias civiles, tienen no solo una mirada muy crítica del sistema para el que trabajan, sino que además con mayor conocimiento de causa que quienes lo miran desde afuera. Y al final entre Marlowe y cualquier guardia civil que se crea el ideario del Cuerpo hay un punto de conexión muy fuerte, que es el carácter de caballeros andantes: Marlowe es un caballero andante y el guardia civil, tal y como lo concibe quien funda el Cuerpo, es una especie de Quijote de la España decimonónica primero que luego llega hasta la España del siglo XXI atravesando la compulsa historia española de estos casi dos siglos, que es bastante complicada. Ese carácter quijotesco lo comparten, y por ahí me pareció que podía funcionar mi elección.
En aquella novela perfiló los dos personajes, y a lo largo de las que llegaron después ha ido desarrollando estos perfiles. En esta Chamorro le dice a Bevilacqua que le ha encauzado respecto al machismo, a formas de hablar... ¿Le ha hecho evolucionar al ritmo de la sociedad?
En el fondo, es algo en lo que hemos estado obligados todos los hombres de mi generación. Somos los que hemos nacido en un mundo completamente masculinizado, empezando por la Guardia Civil —cuando yo nací, solo estaba formado por hombres—, y hemos visto un cambio drástico, en ocasiones tan drástico que, aunque en la Guardia Civil sigue habiendo mayoría masculina, ya hay cerca de 10.000 mujeres, y muchas ocupan lugares de responsabilidad. Pero hay cambios todavía más radicales: cuando nací, no había ni una sola jueza en España, y ahora más de la mitad de los jueces son mujeres. Entre los que hemos nacido en ese mundo de concepción viril y hemos visto en el transcurso de nuestra vida cómo se ha transformado radicalmente los hay más y menos receptivos, pero incluso los más receptivos tenemos que hacer algunos esfuerzos para adaptarnos a algo que era muy distinto del mundo en el que nacimos.
En su página web tiene una guía para los recién llegados a las novelas de Bevilacqua y Chamorro. Los considera una bendición...
Fíjate, cuando llega alguien ahora y los descubre, te diré que es incluso más que una bendición. Porque tú has ido haciendo algo a lo largo de 30 años, un camino que no sabes muy bien cuál es, y de repente te encuentras con alguien que te dice que lo ha descubierto hace tres meses y ya se ha leído los trece libros, que me ha pasado bastante. Y ves que ese recorrido aguanta, la prueba de los 30 años y la prueba tan difícil de que alguien se lo pueda leer de continuo, tenga conocimiento de causa directo e inmediato de los trece libros y le funcione. Cada nuevo lector para mí es una ocasión de redescubrir como autor la serie y de reevaluar hasta qué punto estoy haciendo algo que merece la pena o que no. Porque la literatura no es una actividad frenética en la que haya que conseguir récords ni de velocidad, ni de rapidez, ni de tamaño: es algo que tiene sentido en el largo plazo, en el poso.
DNI
Hace 30 años que Lorenzo Silva (Madrid, 7 de junio de 1966) publicó su primera novela, 'Noviembre sin violetas', y ya no dejó de sumar títulos: 'La sustancia interior', 'La flaqueza del bolchevique', 'El nombre de los nuestros', 'Carta blanca', 'Castellano', 'Nadie por delante' o 'Púa'. Además, la serie protagonizada por los investigadores Bevilacqua y Chamorro, catorce novelas ya.
'LAS FUERZAS CONTRARIAS'
Autor: Lorenzo Silva.
Editorial: Destino.
Número de páginas: 408.
Precio: 22,90 euros; ebook, 10,99 euros.