Margarita Leoz: "Me negué a escribir este libro sobre la muerte de mi padre, pero hoy me alegro mucho porque ha sido un aprendizaje"

Autora de ficción, se dio cuenta de que todo lo que escribía empalidecía, que le resultaba poco creíble y que no tenía la fuerza que intuía en el libro que terminó creando, 'Lo que permanece': la relación con su padre para entender el dolor tan hondo que le había causado su muerte. Lo presenta este jueves en la librería Walden de Pamplona.

Margarita Leoz, este lunes en Pamplona. Tuvo que escribir 'Lo que permanece' para “ordenar, entender y comprender esa excesiva explosión de vida que supone una muerte”
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Margarita Leoz, este lunes en Pamplona. Tuvo que escribir 'Lo que permanece' para “ordenar, entender y comprender esa excesiva explosión de vida que supone una muerte”
Margarita Leoz, este lunes en Pamplona. Tuvo que escribir 'Lo que permanece' para “ordenar, entender y comprender esa excesiva explosión de vida que supone una muerte”

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Laura Puy Muguiro

Actualizado el 19/02/2025 a las 08:21

Dice Margarita Leoz que para cuando en otras ocasiones ha llegado el momento de hablar de sus libros, en una presentación o en una entrevista, ha reflexionado sobre posibles preguntas que podían hacerle y sobre respuestas que iba a dar, pero que no sabe por qué no le ha ocurrido con 'Lo que permanece'. “Igual es que es una nueva manera de enfrentarme a las cosas o igual ya reflexioné todo lo que tenía que preguntarme”, desliza la escritora pamplonesa, para quien “se escribe para comprender, para ordenar y para dar forma a algo informe en la vida”. 

De hecho, fue el motivo de crear su última obra, una novela de no ficción, la primera para ella de este género y que implicó utilizar materiales personales. Porque el 7 de julio de 2016, cuando hacía dos meses que había sido madre de mellizos y ya tenía una niña de dos años y dos meses, su padre murió de forma repentina, y ella quiso saber qué había significado en su vida para que su muerte le hubiera causado un dolor “tan hondo”. “Este libro ha sido un aprendizaje no solo en lo personal, que por supuesto, sino también por haberme enfrentado a un género o a un tono desde el yo, algo que no había tocado y que no sé si volveré a tocar porque acabé muy agotada de la literatura de no ficción”, añade Leoz. Y habla de 'Lo que permanece', su tercera obra con Seix Barral, como un artificio literario “basado en lo real”, en la figura de su padre y en el duelo y el dolor, pero un libro a fin de cuentas. “No he hecho una crónica o un reportaje. Es un artificio literario, y por eso es bello también: porque es algo artístico y verdadero”. Lo presentará este jueves a las 20 horas en la librería Walden de Pamplona.

¿Se puso a escribir inmediatamente a la muerte de su padre?

No. Creo que nunca me puedo poner inmediatamente con nada, que siempre hay que dejar que la vida y los temas reposen. Además, durante mucho tiempo me negué a escribir este libro.

¿Por qué?

Porque estaba muy cómoda como autora de ficción y porque la ficción me protegía. Me daba la sensación de que mientras escribiese ficción estaba pertrechada y cuidada por la ficción. De hecho, empecé a escribir Punta Albatros en 2016, cuando mi padre ya había muerto, y al terminarlo pensé “¿y ahora qué escribo?”. Inevitablemente tomaba notas, a veces en mi cabeza, sobre momentos, escenas, de la postmuerte y del duelo, de lo que había sucedido alrededor de la muerte de mi padre. Pero me costaba dar el paso y ponerme a escribir ese libro. No quería porque era muy personal y porque siempre he pensado que soy una escritora muy pudorosa. Pero al mismo tiempo había algo que me impulsaba a escribirlo porque sentía que todo lo que escribía que no fuese ese libro eran ficciones que empalidecían, que me resultaban poco creíbles y que no tenían la fuerza que yo intuía en este libro.

Y lo hizo.

Desde el primer momento de la muerte había muchos elementos que me parecían muy literarios: que muriese un 7 de julio, cuando todo era ebullición en el exterior y yo estaba viviendo otra vida diferente; la coincidencia con el nacimiento de mis hijos pequeños, que llevaban dos meses en este mundo; esos momentos en el tanatorio, cuando al mismo tiempo me daban el pésame y la enhorabuena por los mellizos. Era todo extrañísimo, y ahí quizás también se conecta con ese extrañamiento de mis libros aunque hayan sido ficción: no comprender muy bien qué está sucediendo o ese desequilibrio entre el interior y lo que ocurre fuera.

¿Y entonces dejó de resistirse?

Sí, aunque hubo un momento en que también me dije que lo escribiría para mí, para entender lo que me había sucedido, pero que nunca lo publicaría [sonríe]. Lo primero que escribí fue el capítulo 1, el día de la muerte, y el que ha acabado siendo el capítulo 7 [el último], la parte del duelo y de cómo se rehace una vida tras una pérdida. Fue el primer manuscrito, unas cien páginas, muy intenso, y me dio la sensación de que le faltaba que el lector entendiese cómo había sido la figura de mi padre para que tuviese ese impacto en mí. Y por eso escribí la parte central del libro, una recreación de su vida y de cuál era la relación que compartimos 35 años, teniendo en cuenta que no era una figura pública, relevante, con una vida trepidante y apasionante, una cuestión por la que tuve que repensar si realmente merecía la pena contar una vida no muy distinta de muchas otras.

¿Le surgieron más problemas para decidirse a escribirlo?

Me planteé que me estaba metiendo en una tradición muy cultivada, los libros de duelo y los libros sobre los padres, las madres, y qué podía aportar yo que no se hubiera dicho ya. Pero creo que al final miramos siempre desde perspectivas propias y eso es lo válido, y también el reto, y me metí en este libro como quien se mete en un túnel: hacia lo oscuro y viendo una lucecita al fondo.

¿Sabe que hay salida?

A veces no [ríe].

¿Con este libro?

No, y eso es lo bueno también. Decía Roberto Calasso, el editor italiano, que quizás los buenos libros son esos que siempre corren el riesgo de no ver la luz porque son libros arriesgados. Y con este libro hubo muchos momentos de duda porque estaba trabajando con material real, que es algo que no me había pasado anteriormente. Y es mi versión. Es decir, todo es real, pero si lo contrastase con otras personas que estuvieron, quizás dirían que no recuerdan que sucediese de esa manera.

¿Cómo decidió qué era lo que quería contar?

En el caso de la memoria personal, uno de los peligros es precisamente que tienes mucho material. Porque en la vida todo es necesario y todo es imprescindible, pero en la literatura no, y un peligro de la literatura del yo es esa sobreabundancia de que al autor, a la autora, le parece que todo es necesario e importante. Y no: estás haciendo un artificio a partir de materiales reales, pero los tienes que transformar en literarios, y entonces no todo es válido. Por eso me costó mucho decidir qué dejaba fuera y qué no.

¿Y de qué dependió?

Tienes que ver si es armónico en la historia; si no lo quieres contar por un afán de contar sin pensar, sino por cómo vas a crear ese personaje; qué es esencial para entender ese personaje o para entender la relación que la narradora tiene con su padre. ¿De qué voy a hablar aquí? De lo que permanece tras la pérdida, de la relación con mi padre, de por qué su muerte me causó un dolor muy hondo y qué había significado mi padre en mi vida para que fuese así. El libro está lleno de momentos tragicómicos o incluso graciosos. Es un libro triste, pero no en esencial triste o demoledoramente triste. Y no lo he escrito para curarme de nada.

¿Y para qué?

Porque no podía escribir otra cosa. Porque me parecía que era algo que tenía que escribir, creo que para ordenar, entender y comprender esa excesiva explosión de vida que supone una muerte. Perdón por la paradoja, pero es así. Me refiero a que hay ciertas emociones en la vida para las que no estamos preparados. Y he pensado que también quizás al escribir este libro conseguí alargar el tiempo compartido con mi padre. Creo que hubo algo de desear alargar mi tiempo con él y de recuperar ciertos momentos de vida que estaban ahí.

Ha escrito desde la experiencia. ¿Ha llorado mucho, ha reído mucho, ha reflexionado mucho?

El primer manuscrito me salió muy rápido y fue muy doloroso porque tenía que rememorar y porque me impactó escribir ciertos detalles de la muerte o del duelo. Luego hubo una parte en la que investigué, hice espeleología memorialística y rescaté cuadernos, notas, cartas y postales que escribí, desde la infancia hasta la juventud, esa época más borrosa en la mente. Ha sido un libro muy difícil de escribir en muchos sentidos, y al mismo tiempo estoy muy sorprendida por la recepción, porque lo tenía como un libro muy personal y muy caprichoso, y está siendo quizás el libro que más está gustando, tal vez por el tono, que no pretendía ni emotivo ni conmovedor, sino transmitir verdad y autenticidad.

Escribe: “Me parecía [vaciar sus colillas del cenicero] el más amoroso de los trabajos porque era el peor” y “Admiraba a mi padre porque siempre estaba cerca y porque yo le importaba”. Se puede entender esa relación.

Sí, y al mismo tiempo ha sido literariamente muy difícil para mí. No he escrito nunca desde la mirada de la bondad, y esto suponía un reto porque tenía que escribir sobre alguien que, con sus luces y sombras, había sido una presencia extraordinaria y benéfica en mi vida. Porque todos los padres son un gran misterio, y cómo es posible que algo tan cercano, tan próximo a nosotros, alguien con quien hemos convivido tanto tiempo, pueda ser un misterio. Fue un enorme reto porque es mucho más fácil retratar un personaje desconocido o ficticio que alguien que está tan cerca y del que debes destilar su esencia.

Habla de luces y sombras. ¿No le ha costado no callárselas?

Tenía claro que no quería hacer un libro hagiográfico, sino mostrar un personaje creíble y verdadero. Porque un gran peligro de los libros sobre los padres es ponerlos en un altar al ensalzarlos por el dolor de su pérdida, algo que para mí no es verdadero.

Se lo preguntaba por el instinto de hija de protegerlo.

Lo que ocurre es que, desde el momento en el que decidí saltarme la barrera de la ficción e ir campo a través, ya. Hay que ser valiente literariamente y no tener cortapisas. Y el pudor está muy bien en la vida, pero en la literatura no, que no significa que debas mostrarlo todo. Y a mi padre, ni iba a condenarlo, porque no había motivo, ni iba a ensalzarlo solo por haberlo perdido. También creo que no tenía grandes sombras, sino que era una persona con su personalidad, su forma de ser, sus manías... Digo en el libro que de él añoro hasta lo que me molestaba. Esto también es muy bello. Porque el amor no reside en la perfección, sino en ser capaces de aceptar y de acoger aquellas cosas que nos gustan menos de la otra persona.

Hemos hablado de la literatura del yo, y usted habla en el libro de la escritura del dolor.

La escritura del dolor es una escritura del yo en un momento de sufrimiento. Pensando sobre este libro me pregunté si esta escritura pretendió meter los dedos más en la llaga, y creo que sí, que hubo un momento en el que deseaba permanecer en ese dolor y recrearme en él, porque también es una fuente de conocimiento: no hay que apartar el dolor, sino meterse de lleno en él para comprender cómo funciona y quizás transformarlo en otra cosa, quizás en un objeto literario. Y luego es verdad que, al escribirlo, el dolor se amansa y se apacigua.

Ocho años después de morir su padre, ¿qué significa el 7 de julio?

Siempre será el día de la muerte de mi padre, pero ya no con ese dolor punzante de los primeros aniversarios. Ahora también el 7 de julio estará indisolublemente ligado a este libro. Por ejemplo, mi editor, Jesús Rocamora, siempre me manda un mensajito el 7 de julio. Es como un recuerdo compartido con mucha gente que no conoció a mi padre ni tuvo ningún vínculo con él. Es también muy sorprendente: cómo comparto a mi padre con gente con la que jamás pensé que lo iba a compartir.

Me ha dicho al inicio de la entrevista que usted se negaba a escribir este libro sobre la muerte de su padre. ¿Qué piensa hoy?

Que lo tenía que escribir. Me alegro mucho porque creo que ha sido un camino de un gran aprendizaje para mí como escritora: he explorado un área de escritura que no tenía explorada, y estoy contenta con el resultado. Porque, a todos los niveles, ha sido el libro que más me ha costado. Fue un camino muy largo y muy difícil, y esta es la versión final, pero lo que más me interesa es el proceso, cómo construí de la nada. 

'LO QUE PERMANECE'
​Autora: Margarita Leoz.
Editorial: Seix Barral. 
Número de páginas: 176. 
Precio: 18,50 euros.   

DNI
​Margarita Leoz nació en Pamplona en 1980. Es licenciada en Filología Francesa por la Universidad de Salamanca y en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la Universidad de Barcelona. Es autora de los poemarios 'El telar de Penélope' (ganador del Certamen de Encuentros de Jóvenes Artistas de Navarra en 2007) y 'Caer' (2024), de los libros de relatos 'Segunda residencia' (2011) y 'Flores fuera de estación' (2019) y de la novela 'Punta Albatros' (2022). Sus artículos y sus críticas literarias han aparecido en revistas como 'Cuadernos hispanoamericanos', 'Revista 5W' o 'Litoral'. Algunos de sus cuentos han sido traducidos al inglés, al hebreo y al letón.

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