Javier Lerín, del grupo punk-rock Marvin, debuta en la literatura: "He encontrado un mundo que me apasiona"

El ingeniero de ciberseguridad villavés publica su primera novela, ‘La casa de los perdidos’

Javier Lerín, la semana pasada, en la calle Estafeta de Pamplona
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Javier Lerín, la semana pasada, en la calle Estafeta de Pamplona
Javier Lerín, la semana pasada, en la calle Estafeta de Pamplona

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Ion Stegmeier

Publicado el 16/02/2025 a las 05:00

Cuando ya tenía su manuscrito terminado, Javier Lerín Albéniz (Pamplona, 1986) rastreaba las entrevistas con escritores para ver si desvelaban cómo habían logrado publicar. Cada vez que se abordaba el tema todos coincidían: era casi imposible. Incluso habló con algún autor que le reconoció que ojalá pudiera decirle otra cosa, pero que lo veía inalcanzable. “Reciben tal cantidad de manuscritos que ni los leen”, le expresó. Pero él probó. Lo envió a cuatro editoriales, y Suma de Letras, perteneciente al grupo del gigante Penguin Random House, dijo que sí. El 13 de febrero llegaba a las librerías 'La casa de los perdidos', su primera novela. Es difícil contar de qué va sin desvelar la trama. Se puede apuntar que la protagonista se llama Leyre Aranguren, y que Javier Lerín la presenta a sus lectores en una potente escena: aparece junto a una masía, desorientada, delante de un agujero y una pala en las manos. Un helicóptero sobrevuela el lugar y una reportera revela que Barcelona está llena de hoyos similares. Los vecinos, asomados a sus viviendas, le gritan. No entiende nada, pero entre la algarabía capta una palabra: “Asesina”. El foco del helicóptero enfoca entonces el agujero y ve dentro un cadáver. La protagonista ha llegado desde Pamplona para investigar la muerte de su madre. Le ayudará Lucas, un hombre que era hacker y ahora es predicador.

Después de tocar durante años en el grupo Marvin, ¿ha llenado con la literatura el lugar de la música?

Sí, siempre he tenido esa parte creativa, aunque vengo de una carrera de ciencias, que a veces le choca a la gente. Estuvimos veinte años componiendo las canciones con el grupo, y un poco lo cubrí ahí. Luego me fui a Barcelona, estuve viviendo cuatro años allí, y volví hace dos. Allí me vi de repente que no tenía eso y notaba que me faltaba algo. Hasta me lo decía mi novia: “Se te nota que te falta”.

¿Y empezó a escribir?

Primero, lo más lógico, empecé buscando gente para tocar. Allí no conocía a nadie y no encontraba. Y como siempre había leído mucho, desde muy pequeño, y siempre había tenido el gusanillo de escribir, dije: “¿Por qué no? Lo puedo hacer yo solo, no necesito encontrar a nadie más”.

¿El grupo se disolvió?

Lo dejamos durante esos años y ahora hemos vuelto, pero a otro ritmo. Ahora ya hay algunos con hijos, otros con menos tiempo y vamos un poco más tranquilos.

Porque era un grupo punk-rock...

Sí. Ahora es más suave. Aparte del estilo, antes igual ensayábamos tres días a la semana. Ahora vamos un día, y con suerte. Y tocamos de vez en cuando. La última vez en Zentral en junio, súper bien. Como no tocamos nunca, el día que lo hacemos se llena.

¿Es la misma sensación de estar contando cosas?

Sí. Siempre tenía esa idea de contar historias, o de transmitir, o pensar qué frase hace que llegue más que otras. Hay cosas que me han servido, aunque obviamente es muy diferente escribir canciones a escribir una novela.

¿Qué le ha servido?

Por ejemplo, que lo particular luego es más universal. Decir “Pamplona” es mejor que decir “una ciudad” en una canción. Lo mismo me ha servido para las novelas.

Le ha salido una de casi 500 páginas y una estructura compleja. De hecho, empieza en el futuro. ¿Le salió o lo planeó todo?

Hay escritores de mapa y de brújula. Unos planifican todo y otros se dejan llevar. Yo, como estaba acostumbrado a hacer canciones, mi manera de hacerlas era prueba y error. Una canción dura tres minutos, la puedes tocar cincuenta veces y vas probando. Le das muchas vueltas en un día. En una novela eso es imposible. Yo la hice de brújula, porque era mi forma de trabajar, y empecé a escribir sin saber dónde iba a ir a parar. Sabía qué iba a estar, la masilla y tal, tenía claras algunas cosas. Pero poco más. No sabía el final.

¿Cuál fue la chispa original?

Yo vivía aquí con mi novia y teníamos la idea de ir a Barcelona. Pero ella tenía que hacer un curso de seis meses antes y a mí me salió justo trabajo allí. No podía decir que no, y fui de avanzadilla. Aquí también han subido un montón los alquileres, pero cuando llegué aquello era una locura. En vez de buscar un piso para mí solo, porque era imposible, me busqué una habitación, y fui a parar a una masía.

¿Como la del libro?

Sí. Todo pintaba muy bien. La vi de día, con gente joven, y pensé: “Aquí puedo conocer gente”. Luego, no era lo que parecía. De noche era más misteriosa. O yo con mi imaginación la veía así. Empecé a pensar que sería una buena localización para un thriller. Siempre había querido escribir,y ahí es cuando dije: “Voy a hacerlo”. Empecé en diciembre, y en marzo llegó la pandemia, que me vino súper bien.

Se desarrolla en Barcelona, Pamplona, Hendaya... ¿sitios especiales en su vida?

Sí. Fui a lo fácil, sitios que yo conocía muy bien. Soy de Villava de toda la vida. Y Barcelona justo estaba viviendo en ese momento. Hendaya... he ido muchas veces.

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También conoce muy bien la seguridad informática, que tiene mucho que ver con uno de los personajes.

Sí, me dedico a la ciberseguridad.

¿Hay muchas novelas en ese mundo?

Sí. No he querido hacerlo muy técnico porque quiero que sea fácil de leer para todo el mundo y que nadie se aburra con tecnicismos. Al principio había algún capítulo donde explicaba un ataque informático pero luego pensé que eso a la gente no le interesaba.

Bueno, ¡puede que sí!

Es muy difícil de explicar si no sabes nada. Yo quería que lo entendiera todo el mundo. Lo he simplificado un poco.

¿Somos conscientes de lo que nos exponemos?

No. ¡Si es que entre los propios gobiernos se están atacando! Hay una guerra ahí, cibernética. No es una guerra con bombas y con armas, pero hay una guerra entre los propios gobiernos. Se atacan y atacan empresas clave. Luego está el mundo criminal, que son los que normalmente conocemos de los ransomware, vemos noticias de han secuestrado los datos de esta empresa y hacen que tengas que pagar un rescate para recuperarlos.

Y en la vida real estos “malos” muchas veces van por delante de los “buenos”.

Es que al final piensa que es muy fácil atacar, es gratis prácticamente. Ellos lanzan millones de intentos y con que el 0,01 que pique y sea productivo, les genere un beneficio, ya está.

¿Su trabajo es evitar eso?

Sí, para defender una empresa. Trabajo en una empresa que no tiene nada que ver con la informática, pero que es una multinacional, tiene su equipo de ciberseguridad y trabajamos intentando que no entren y roben los datos. Y se consigue a veces. Siempre entran, la cosa es lograr que hagan el menor daño posible o evitar exfiltraciones o que roben datos importantes. Pero ataques hay todos los días, es inevitable. Están todo el día intentándolo.

Y ahora, con la inteligencia artificial, ¿estas guerras cibernéticas irán a más?

Sí, está por ver. También nos va a facilitar a nosotros el trabajo porque hay tareas muy mecánicas que hacen normalmente los que empiezan, con tareas más sencillas. Esa parte nos la facilitará y a la hora de investigar también nos va a ser más fácil. Para los “malos” también, seguro.

Volviendo a la novela, con ese ritmo trepidante ¿podría tener una versión de cine?

Ojalá, sería increíble. Cuando la he releído, incluso cuando la escribía, me imaginaba mucho las escenas. Creo que es muy visual y tiene mucho ritmo, tiene acción. Creo que sería un buen producto audiovisual, se podría adaptar fácilmente.

¿Cuáles son sus referentes?

Muchos. De España te diría que me gusta mucho Dolores Redondo, Mikel Santiago, Juan Gómez-Jurado o César Pérez Gellida. Y de fuera, pues, no sé, te diría, Jo Nesbo, me encanta, y luego lo típico: Stephen King, Gillian Flynn...

Aparte de decirle lo difícil que era publicar ¿alguno le dio consejos?

Hablé con César Pérez Gellida cuando vino a Pamplona a presentar su libro, que además lo hizo en Diario Navarra, y a la salida estuvimos hablando un rato, y ahora le voy a enviar el libro.

¿Ha iniciado un camino con 'La casa de los perdidos'?

Sí, ya he empezado la siguiente. He encontrado aquí un mundo que me apasiona en el que quiero seguir. Además, he tenido tanta suerte de que me publique una editorial tan grande que ahora no puedo dejarlo; ahora a escribir, escribir, escribir.

'LA CASA DE LOS PERDIDOS'

Autor: Javier Lerín
Editorial: Suma de Letras (Penguin Random House)
Número de páginas: 480
Precio: 22,90 euros

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