Conciertos
Melendi cautiva al Navarra Arena
El cantante asturiano repasó sus grandes éxitos en dos horas de concierto
Actualizado el 05/12/2024 a las 23:45
Melendi cautivó la noche de este jueves al Navarra Arena con un concierto que colgó el cartel de "no hay billetes" y en el que el cantante asturiano repasó sus grandes éxitos durante algo menos de dos horas.
A las 21:08 todavía no había comenzado el concierto del asturiano Ramón Melendi en un Navarra Arena que mostraba una cara de casi lleno, aunque todavía había bastante hueco en la pista. El público había ido entrando al recinto sin apenas apreturas.
En las pantallas de vídeo laterales, que lucían un tamaño relativamente más pequeño de lo que suele verse en estos eventos en el Arena, se podían leer todos los enlaces de las redes sociales de Melendi.
A las 21:12, un apagón repentino lanzó el grito ensordecedor del público, presagiando que pronto saldría el protagonista al escenario. Un vídeo de Melendi parodiando al mismísimo agente James Bond 007 se proyectó en ambas pantallas laterales, mientras que en el centro una lluvia de pétalos de rosas protagonizaba la imagen de la gran pantalla central que cerraba todo el fondo del escenario.
El guitarrista y el bajista se enfrascaron en un pequeño duelo inicial hasta que Melendi apareció en escena por la parte trasera, llevándose otra ovación ensordecedora.
El inicio fue con Sin noticias de Holanda, que empalmó con Tocado y hundido. Antes de continuar, Melendi hizo una pequeña intervención pidiendo a sus técnicos que, por favor, le bajaran las luces frontales porque, si no, no podía ver al público.
A continuación, siguió con la rumbita Con la luna llena. El público lo cantaba todo, y para la cuarta canción del concierto, aquello se había convertido en un multicoro popular.
Mi primer beso mantuvo la misma tónica, con un Melendi que jaleaba a sus huestes con un "¡Vamos!". Los coros de Fátima Risco y Esmeralda Grao apoyaban la voz del asturiano, que mantuvo el pulso con Como una vela.
En las pantallas se seguían básicamente las incidencias del concierto con planos de los músicos. Dependiendo de los temas, también proyectaban imágenes geométricas y simbólicas de vivos colores, plagadas de naranjas, amarillos y rojos. Así lució en la rumbita Caminando por la vida, que se convirtió en el primer súper hit de la velada.
A continuación, tuvo un corto discurso muy divertido mientras recogía un pañuelo de San Fermín. Así llegó el momento de Novia a la fuga. En la enorme pantalla del fondo desfilaban rótulos alusivos a la historia de la conocida canción: "Y escapó desnuda, tirando el vestido a la calva del cura".
La comunión con el público continuó con Un violinista en tu tejado. El asturiano alternaba interpretaciones de pie, caminando por el escenario, con otras en las que se sentaba en una banqueta alta. En este "grandes éxitos" en que se había convertido el concierto, mantuvo la directriz con Barbie de extrarradio.
Llegó un momento muy emotivo en el que presentó a todos los músicos de su amplísima banda. Sus imágenes lucieron en las pantallas laterales, encuadradas por aquellos carteles típicos de los westerns con el "Se busca" y recompensas de 5000 dólares. En esa guisa, aprovechó para jadear de nuevo a toda la gente mientras los cuatro cañones de fuego lanzaban ráfagas verticales. Fueron los momentos de Billy el pistolero.
Había que bajar un poco el pistón emocional, y así el show melendiano continuó con Cenizas en la eternidad. En este momento, todo el Arena se iluminó con las linternas de los teléfonos móviles, cual luciérnagas. Las cámaras buscaban caras entre el público y expresiones de emoción. Fue un bello momento ver en las pantallas las expresiones de los asistentes cuando se les enfocaba.
La velada continuó con un público muy emocionado cantando La promesa. Era el momento para las baladas, que también han protagonizado buena parte de la carrera del cantante asturiano. A esta siguió Destino o casualidad, un dúo con una de sus coristas. El tema retomó el ritmo mientras el escenario se llenaba de imágenes de televisores antiguos de los años 80, en los que Belén aparecía y desaparecía entre cartas de ajuste.
A continuación, llegaron los momentos de Un recuerdo que olvidar y Sé lo que hicisteis (el último verano). La cosa estaba ya lanzada, y así llegó el turno de Mi rumbita pa tus pies, mientras el motivo visual de los televisores se mantenía cerrando todo el fondo del escenario.
La pista del Arena se pobló de cientos de móviles grabando imágenes, mientras la nutrida banda que rodeaba a Melendi se despachaba en hechuras más rockeras con Cheque al portamor. Era el momento para un rock más marcado, que cambió palmas por la distorsión de guitarras eléctricas con Mesías de Vallecas.
Justo a continuación, llegó uno de los momentos más divertidos y emotivos de la noche, cuando hizo subir a un niño de unos 8 o 9 años a cantar con él. El pequeño, llamado Mario, había venido desde Burgos. Como no conocía algunas canciones, repitieron Tocado y hundido. Melendi lo calificó como valiente, y el niño, al comenzar a cantar, estuvo suelto y decidido, mirando a los 11.000 presentes frente a él. Incluso, al terminar, la gente gritaba: "¡Mario, Mario!".
Tras el momentazo, se hizo un oscuro en el escenario. Las luces jugaron en colores azules y verdes, con hermosos motivos de naturaleza tratados visualmente con un toque eléctrico, para ambientar temas como Tu jardín con enanitos. Fueron momentos en los que Melendi aprovechó para ir desgranando anécdotas de su carrera, como su admiración por Extremoduro. Así inició Arriba Extremoduro, una de las piezas más rockeras de su repertorio.
La recta final llegó con Canción de amor caducada. En un momento, Melendi perdió el ritmo y cometió un error, pero lo tomó con humor y detuvo todo para volver a empezar. Así sonó: "Tengo una vena averiada en el corazón, que está muy mala y se cala cuando te veo, mi amor. Tengo una vena averiada. Y esta canción de amor...".
Finalmente, llegó el cierre del concierto. La gente se desgañitaba pidiendo "¡otra, otra!". Los bises no se hicieron esperar. Primero fue Gracias por venir, seguida de Lágrimas desordenadas, desatando el delirio general a pesar de los pequeños parones e incidencias. Después de dos horas y quince minutos de concierto, Melendi se despidió de un público completamente entregado.
