Una historia aún por descubrir
En ‘Angélica y los muertos franceses’, una complicada relación madre-hija en la ficción se cruza con un misterio real: en Zandio hay unos huesos humanos de identidad desconocida. ¿Son de soldados franceses fallecidos en la batalla de Sorauren?


Publicado el 19/11/2024 a las 22:19
En un campo de Zandio, localidad del valle de Oláibar, no hace falta más que rascar un poco la tierra para ver huesos. Huesos humanos. De hecho, “hay uno ahora que se ve muy claramente”, sin necesidad de remover la escasa tierra que lo cubre. Una de las hipótesis es que esos restos corresponden a soldados franceses fallecidos en la batalla de Sorauren, librada durante los últimos días de julio de 1813, en el marco de la Guerra de la Independencia. Son esos huesos y esa suposición los que avivaron el espíritu creativo de Iago López Sagüés (Pamplona, 1985), que se puso manos a la obra para construir su primera novela, 'Angélica y los muertos franceses'. El autor presenta este miércoles su obra en el Ayuntamiento de Oláibar, en Olave, localidad cabecera municipal de este valle en el que hay muertos bicentenarios con identidades aún por descubrir.
Octubre de 2021. El consistorio de Oláibar había contactado con Sagüés para preparar un proyecto que nunca llegó a término, aunque sí se concretó que este pamplonés debía documentar gráficamente todo el patrimonio del valle. “Cuando me tocó ir a Zandio quedé con un señor que se llama Javier Nuin. Yo le llamo ‘el señor de la montaña’”. Nuin es un ganadero y agricultor de en torno a setenta años, siempre vecino de Zandio. “Es la típica persona de otra época. Entiende los vientos, entiende la naturaleza, entiende a los animales, entiende la flora... O sea, tiene esta sabiduría de una época anterior. Me recuerda a mi abuelo”.
Sagüés había quedado con Nuin para que le abriese las puertas de la iglesia de Zandio, de manera que pudiese sacar fotografías de su interior. También le enseñó el lavadero del pueblo, en la trasera de la iglesia. “Zandio no daba más de sí, pero empezamos a hablar sobre la batalla de Sorauren”. Nuin le llevó entonces a una loma desde donde observaron el atardecer. Una bandada de grullas, en su camino hacia el sur, hizo un cameo en esa “bucólica” escena. “Bueno, y en ese campo de ahí hay un montón de muertos enterrados. No se sabe exactamente, pero se dice que pueden ser de la batalla de Sorauren”, le espetó Nuin. Y la imaginación de Sagüés echó a andar.
Aunque sus pensamientos no se tradujeron en nada hasta un año después, cuando vivió una escena similar. Asomado junto a su mujer a un mirador en Gallipienzo, el pueblo de su madre, Sagüés observó de nuevo la migración de las grullas hacia el sur. Ese 'déjà vu' actuó de detonante: rescató los huesos de Zandio del cajón de los recuerdos y se puso a escribir un relato que luego se convirtió en novela.
Una mujer de Landía (nombre ficcionado de Zandio), doña Pilar, va a fallecer. Es el año 1914. Conocedora de su destino, la anciana comienza a pensar en su vida después de la muerte. Pero tiene un problema: no le gustan los que serán sus compañeros del subsuelo, allí desde hace un siglo. “Por escrúpulos religiosos, doña Pilar piensa que su alma y su cuerpo se van a contaminar si sus restos descansan junto a los de los soldados franceses, que habían violado y habían matado. Eran Satanás”.
Doña Pilar no iba a renunciar a descansar para siempre en su pueblo, por lo que sólo había una solución: exhumar los restos de los soldados franceses. Pero, ya escasa de fuerzas, no podía hacerlo por sí misma. Así que le encomendó la tarea a Angélica, su hija. “Es una relación entre una madre devoradora, que siempre ha conseguido lo que se ha propuesto, y una hija de 30 años, ilusa, soltera, anulada por su madre”.
LE OBSESIONA EL PASADO
Sagüés se reconoce obsesionado con el pasado desde que era niño. Su abuelo materno, quien le proporciona su conexión con Gallipienzo, fue protagonista de “una vida muy aventurera” y le contaba historias que sembraron poco a poco en Sagüés una curiosidad por el pasado que se mantiene hoy en día. Le atrae sobre todo el entorno rural, donde es más fácil percibir las reminiscencias de una época anterior.
Ese afán por desencriptar el pasado fue lo que impulsó a Sagüés a escribir 'Angélica y los muertos franceses'. Una novela, aclara, que no es histórica, sino de época: “Yo no soy historiador. Lo mío es trabajar con la ficción y crear mundos más, no el análisis sesudo de un periodo”. Aunque ha puesto límites a su libertad creativa, de manera que ha escrito “manteniendo unas coordenadas históricas coherentes”. “Sin extraterrestres ni coches eléctricos”, bromea.
CIFRA POR DETERMINAR
Al igual que es un misterio a quién corresponden los huesos que asoman en el campo de Zandio, aún está por conocerse también la cifra oficial de fallecidos en la batalla de Sorauren. Tras realizar una exhaustiva investigación sobre el conflicto, las cifras que maneja Sagüés son de entre 6.600 y 12.300 soldados de ambos bandos fallecidos, sobre un total de en torno a 60.000 combatientes, aunque él mismo reconoce que estos datos “hay que cogerlos con pinzas”. En cualquier caso, todas las estimaciones consultadas por el autor reflejan que la mayoría de los fallecidos corresponden a las tropas invasoras, que resultaron derrotadas en la batalla por el bando aliado, compuesto por combatientes ingleses, portugueses y españoles.
DNI
Iago López Sagüés nació en Pamplona en 1985. Realizó prácticas de fines de semana en la sección Deportes de Diario de Navarra entre 2007 y 2008, año en el que se graduó en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Navarra. Emprendió entonces un periplo que le llevó a Londres, donde trabajó en una cocina y en una productora, y a Madrid, donde encadenó diversos trabajos relacionados con el grado que estudió. Aunque necesitaba desarrollar su vena creativa, y de ahí viene su afán por la escritura. Angélica y los muertos franceses es su primera novela.