Fotos que hablan (16)
El retablo mayor del Carmen de Corella entre 1780 y 1922, a través de los testimonios fotográficos
Las imágenes de gran devoción y las hornacinas que las alojan han sufrido cambios a lo largo de los tiempos


Publicado el 03/11/2024 a las 05:00
Si las imágenes de gran veneración, que presiden templos y ermitas, sufrieron transformaciones a lo largo de los siglos para estar a la moda, otro tanto ocurrió con los retablos y hornacinas en donde se presentaban al culto. C. Alarcón Román advierte que las imágenes religiosas, que hoy parecen objetos estáticos, dando la sensación de que siempre se habían presentado de la misma manera, no se ajusta a la verdad, ya que la estética, el gusto y la mentalidad cambiaron sus usos y formas y las venerables esculturas marianas medievales, sencillas y majestuosas, no parecieron satisfacer, en los siglos XVII y XVIII, cuando se las transformó en vestideras. Si las imágenes titulares se transformaron y se vistieron, las hornacinas que las cobijaban también experimentaron transformaciones para estar en sintonía con los gustos de los tiempos, incluso se perforaron para que los iconos se venerasen en vistosos camarines.


En Corella, los diferentes momentos artísticos y tipos de retablos se pueden contemplar en las iglesias de la localidad. Así, destacan los clasicistas de la primera mitad del siglo XVII, tanto para albergar pinturas como esculturas, destacando los del Carmen (1639), trazados por el carmelita descalzo fray Alonso de San José, que siguen modelos del convento de la Santa en Ávila y alguno con notables lienzos como el de la capilla de los Escudero, obra de Pedro Orrente. La unidad a la que tendieron estos modelos, ligados al arte conventual, acabaron con la tradición de retablo dividido en calles y cuerpos, a los que aún estaban apegados los maestros locales.
Cuando había transcurrido casi un siglo y medio, en torno a 1780, la enmarcación del nicho de la titular debió parecer un tanto austero a los ojos de devotos y frailes, por lo que los colaterales y sus imágenes se hicieron prácticamente nuevos, mientras que en el retablo mayor se dispuso una enmarcación de tipo rococó, destinada a cobijar la cortina que ocultaba a la imagen en el tiempo ordinario, a modo de velum, que se enrollaba, pudiéndose desplegar y desvelar en momentos puntuales y extraordinarios. El citado marco debió ser diseñado por el tracista carmelita logroñés, fray José de San Juan de la Cruz (1714-1794), con abundante obra en Navarra. En el convento de Corella había tomado el hábito en 1734


Los tiempos y las modas cambiaron y en el verano de 1922 se eliminaron todas aquellas molduras mixtilíneas decoradas con movidas rocallas, devolviendo al retablo su apariencia original.
Afortunadamente, antes de su retirada, se tomaron algunas fotografías, la mejor fue la realizada por Sabino Pelegrín, fotógrafo zaragozano, si bien no faltan otras de menor calidad, como la postal comercializada a comienzos del siglo XX.
Datos provenientes del Libro Becerro de los Carmelitas Descalzos de Corella, completan las notas históricas de Arrese en su monografía, y nos informan de que fue durante el priorato de fray Tomás de San Prudencio (1778-1781) cuando se hicieron tanto el cerco de Nuestra Señora del Carmen de labra y dorado, como la renovación de los colaterales y con sus estatuas.
SABINO PELEGRÍN, FOTÓGRAFO AMBULANTE


Sabino Pelegrín es el autor de la instantánea. A este fotógrafo se le documenta en Zaragoza en 1897, cuando tenía establecimiento en la calle Escuelas Pías, núm. 6, en donde había estado anteriormente el estudio de Bernardino Pardo y de su viuda. Con posterioridad, parece que estuvo establecido en Tauste y Uncastillo.
En la portada del libro editado en Zaragoza en 1898 sobre Alcañiz (Apuntes de Alcañiz) se hace constar que las fotografías pertenecen a Sabino Pelegrín, esa fecha cuadra perfectamente con la instantánea que nos ocupa. En Fitero, en 1896 realizó una delicada instantánea de la farmacia local y volvió en otras ocasiones, incluso en los inicios de la década de los veinte, para hacer fotografías de las escuelas de niños y niñas. También, conocemos obra suya en Corella, concretamente, algunas fotografías de la Virgen del Villar.