Amaia Oloriz, escritora: "Me gusta dar voz al silencio de la memoria histórica"
En su séptima novela, ‘El eco de la huida’, la autora de Villava hace protagonista a una familia separada por la guerra. La historia parte de la masacre de febrero de 1937 en la carretera de Málaga a Almería, bombardeada cuando miles de personas huían.


Publicado el 09/10/2024 a las 14:32
Cuando en febrero de 1937 las sombras del ejército golpista se cernían sobre Málaga, entre 100.000 y 150.000 personas, muchas familias, se lanzaron desesperadas a la carretera que conducía a Almería. Querían huir del terror, pero les bombardearon, siendo masacradas entre 3.000 y 5.000. Hoy todavía viven algunos de los que entonces fueron niños, y han contado aquel horror. Amaia Oloriz Rivas (Villava, 1962) escuchó varios de esos testimonios, en un documental, y sintió que era imposible quedar indiferente. Por eso ahora presenta 'El eco de la huida', su séptima novela, cuyo punto de partida es aquel episodio. “He querido hablar de la situación terrible en los pueblos tras el golpe de Estado y cómo la gente salió de Málaga. La mayoría eran personas sin vinculación política que simplemente huían por miedo a las represalias”. Con la memoria histórica en el centro de sus historias, la de 'El eco de la huida' transita en febrero de 1937, viaja después a 1998 y 1999 y la protagoniza una familia separada por culpa de la guerra. De ella hablará este miércoles 9 de octubre en Katakrak (19 horas).
Como se mueve en la memoria histórica y ya lleva siete novelas, ¿le cuesta encontrar algo especial, que no le haga repetirse?
No. Me motivan los testimonios de quienes entonces eran niños y se les ha quedado grabado el dolor desde la infancia. Y me motivan esos testimonio porque son la verdad, y cuando oyes a los protagonistas hablar de lo que han vivido, es imposible no empatizar con ellos. A mí al menos me resulta imposible cuando te cuenta un hombre que su madre llevaba en brazos a su hermana de 5 años, pero que al caer la bomba tuvo que dejarla en el suelo para atender a los otros hijos, y que entonces esa hermana se perdió, y que su madre estaba desesperada, y que nunca han sabido qué ocurrió con ella. Y el hombre llora mientras lo cuenta y es inevitable ponerse en ese lugar.
Cada vez se están conociendo más testimonios...
Sobre todo, me conmueven muchísimo las historias de mujeres y de niños, por la vulnerabilidad de las mujeres en los conflictos y porque las decisiones de los mayores influyen en los niños: los llevas de un lado a otro pensando que les proteges, y cuántas madres se habrían sentido fatal al pensar que los llevaron a esa carretera y aquello se convirtió en una encerrona igual o peor que la que podían haber tenido en Málaga. Somos seis hermanos y me planteo qué hubiéramos hecho en una situación así, solos en un entorno tan horroroso, viendo niños muertos, familias enteras muertas, críos perdidos.
¿Cuándo intuye que la historia puede funcionar?
Nunca tengo preparada mi historia desde el principio, e igual soy un poco osada porque decido de qué voy a hablar, pienso en crear de entrada cuatro o cinco personajes y dejo que ellos me lleven, ya que para escribir me tengo que creer al personaje, hacerlo mío, sentirlo. Desecho los que no me llegan o a los que no he sabido dar la fuerza suficiente. Lo aprendí con mi primera novela. Sé de qué voy a hablar, pero no tengo ni definidos todos mis personajes ni estructurada la obra. La necesidad me hace crear personajes, que son como un equipo de cualquier deporte: todos ayudan a que ese texto coja fuerza y emotividad y tenga enganche para el lector. Cuando leo un libro, quiero que me enseñe, me sorprenda y me emocione, y en la escritura intento lo mismo: aprender, emocionarme y sorprenderme.
Sus anteriores novelas ocurren en Navarra. ¿Qué ha ocurrido para decidir marcharse al sur?
Almudena Grandes ya había hablado de esa carretera en uno de sus libros, y yo también había leído algún artículo sobre esto. Pero no me había llamado la atención tan poderosamente como lo hizo un documental que vi. Al comentarlo con amigos, con compañeros de trabajo... descubrí que nadie había oído hablar de esto. Creo que es un episodio muy desconocido, y me decidí a escribir sobre él porque me gusta dar luz a cosas que están ocultas o dar voz a ese silencio.
¿Y le ha resultado difícil saltar la barrera de Navarra?
La verdad es que no porque hablo de relaciones humanas, y me di cuenta de que la violencia no conoce fronteras. Si lees lo que ocurrió aquí y vas a Málaga y oyes los testimonios de lo que pasó allá, parecen calcados. Y si vas a Cantabria, o a La Rioja, y hablas con la gente, lo que te cuenta se va a parecer a lo que te han contado en Sartaguda, en Lodosa o en otros pueblos.
“Quiero compartir tu dolor, ayudarte a sanarlo”, dice la hija de uno de aquellos niños malagueños, que en la época más actual de la novela tiene ya setenta años. Décadas atrás el dolor se escondía...
Cuando presenté en la Ribera 'El llanto de las amapolas', se me acercó una mujer con el libro en la mano y me dijo: “Esta es la historia de mi familia”. Me contó que mataron a su padre y que se quedaron ella, su hermana y su madre, muy afectada y embarazada de un niño. Vivían con miedo en el pueblo porque estaban señalados, y la madre les decía que no hablaran porque podían ponerles en peligro. Se ha vivido tanta violencia tremenda alrededor... Y aunque entonces no se hablaba, muchos descendientes han decidido, en un momento de más libertad, querer saber dónde están sus abuelos, que a mí me parece algo muy humano. No puedo no ponerme en su lugar: mis abuelos han sido unas figuras muy importantes en mi vida, y pensar que no estuvieran, que habían muerto y estaban en una fosa... Yo también hubiera intentado buscarlos. No creo que se quieran reabrir heridas, sino recuperar a los suyos.
En la novela cobra importancia una librería. Ofrece momentos de alivio en el relato. ¿Lo buscó así?
Las librerías me parecen lugares mágicos y de libertad, donde la gente expresa sus ideas de aquí y de allá, algo que ayuda a que la mente se abra. Soy la quinta de mis hermanos, los mayores leían y en mi casa ha habido siempre un ambiente de lectura. Y quería centrar a mis personajes en una librería para que la gente, de alguna forma, también retrocediera a esa infancia en la que la madre te lee un cuento. Para mí el domingo era ir a la cama de mis padres, y mi padre, porque mi madre andaba haciendo cosas por aquí y por allá, nos contaba El enano saltarín con todo su misterio. Lo tengo grabado y lo he introducido también en la novela.
'EL ECO DE LA HUIDA'
Autora: Amaia Oloriz Rivas.
Editorial: Txalaparta.
Número de páginas: 360.
Precio: 18,50 euros.