Andrea Jiménez, directora: "Siempre me ha interesado explorar el presente radical, un presente innegable"
Llega al Festival de Olite detrás de la dirección de dos obras: 'Mal de Coraçon', una exploración entorno a la figura de Santa Teresa de Ávila, y 'Casting Lear', una versión del Rey Lear con una curiosidad, tiene un actor diferente cada función


Actualizado el 26/07/2024 a las 22:49
Andrea Jiménez llega al Festival de Olite detrás de la dirección de dos obras: Mal de Coraçon, que se estrena hoy sábado 27 de julio en el escenario La Cava y en el mismo escenario pero mañana domingo 28, se estrena Casting Lear, en la que también actúa.
Mal de Coraçon y Casting Lear son dos obras dirigidas por usted y ambas van a ser interpretadas en el Festival de Teatro de Olite, ¿cómo le hace sentir eso?
Muy orgullosa, la verdad, porque es un festival muy querido, en el que ya he estado dos veces con obras mías anteriormente. Además, el año pasado en Olite fue la última función de Man Up, y este es el primer bolo de gira de Casting Lear y me parece maravilloso. Entre Man Up y Casting Lear hice Mal de Coraçon y entonces es como si se aunara mucho trabajo de mucho tiempo en un par de días, porque además están seguidas.
Ha sido difícil el dirigir ambas obras para que estén listas para el festival. Porque una es el sábado y la otra el domingo.
Ambas han sido un reto de distintas cualidades, sobre todo en los procesos de creación. La dirección siempre es un proceso de desapego, y como Mal de Coraçon se estrenó hace un año y pico ya, tengo una relación con la obra en la que no depende de mí el cómo salga. En cambio, con Casting Lear, sí que es mucha más responsabilidad ahora mismo, porque yo también me subo al escenario con la obra, porque es una historia personal y por eso es muy, muy especial en mi carrera. Esta obra supone muchas cosas, porque me pone en un lugar de riesgo emocional y artístico. Entonces, ahora mismo, el peso, pero en el buen sentido, lo lleva Casting Lear, porque voy con mi cuerpo.
Casting Lear está basada en el Rey Lear de Shakespeare, ¿por qué esa obra?
La historia se parecía demasiado a mi historia personal, debida a mi mala relación con mi padre, y siempre había sido consciente de las similitudes entre mi historia y la de Rey Lear. Hacía tiempo que sabía que quería hacer algo con eso, porque no siempre tiene una la ocasión de entender un clásico desde tan hondo. Las preguntas que trae la obra son de una complejidad y de una belleza que yo no había descubierto hasta que entré tan dentro, porque hasta ahora no me había relacionado con los clásicos. Ha sido como entrar a través de aquí y que mi historia también me ayude a entender el Rey Lear mejor y que el Rey Lear me ayude a entender mi historia. Un camino de ida y vuelta entre las dos cosas.
¿Ha podido comprender mejor la figura del rey Lear?
Sí, claro, he podido acercarme al papel del rey y entender muchas cosas para de alguna manera acercarme al perdón que es lo que plantea la obra y esa es la pregunta que me hago.
Ha dicho que en Casting Lear también actúa, ¿cómo ha sido el compaginar la dirección y la actuación?
Pues llamé a Úrsula Martínez para que me ayudara con la dirección porque al estar yo dentro era importante para mi mantener el rol y tener a alguien que me acompañara. Pero a la vez, no ha sido difícil compaginarlo porque en Casting Lear, en escena, soy directora también, porque dirijo al actor que viene invitado. Supongo que lo más difícil más que aunar dirección y actuación ha sido también el hecho de que la historia tenga que ver con mi vida personal y que para eso sí que he necesitado el acompañamiento de todo el equipo de personas que han participado en la creación.
Acaba de nombrar que hay un actor invitado cada vez que se representa la obra, ¿tiene ese actor alguna idea sobre el papel que va a interpretar o va a ciegas?
El actor viene dos horas y media antes al teatro y allí le explico brevemente cómo funciona la obra, pero no lo que va a pasar. La obra en gran parte tiene que ver con que hay un apuntador en escena que le dicta texto en directo al actor, entonces lo único que ensayamos es el pinganillo, que se familiarice con el objeto que después va a ser su ayudante y eso es lo único. Ese es el acto de amor que se le pide, que se ponga en mis manos.
Eso es algo muy curioso.
Sí, es que es la esencia de la obra. Hacía mucho tiempo que quería hacer una obra con un actor distinto cada noche, que cambiara en cada función, porque siempre me ha interesado explorar el presente radical, que el teatro ya es presente radical, pero este era como ir un paso más allá, en que el presente fuera innegable, obligatorio, evidente y tenía mucho sentido en relación a la historia del Rey Lear, que es un hombre que se pone en manos de sus hijas. Digamos que al inicio de la obra Lear abdica su poder en sus hijas y de alguna manera este actor abdica su poder en mí y en Juan Paños, que es el apuntador, dejando toda su herramienta actoral a nuestro control. Entonces era muy apropiado pensar así conceptualmente y sobre todo colocar a un hombre mayor que generalmente suelen tener el control de las situaciones, generar los marcos de conversación, también cuidar en el sentido de muchas veces sostener a otros y para mí era muy importante que él pudiera colocarse en otro lugar, en el que ser sostenido, ser cuidado. Esa es la clave en esta reflexión que al final es generacional, de una mujer joven y un hombre mayor, que obviamente podrían ser padre e hija, porque tiene mucho que ver la pregunta de la paternidad en la obra, cómo se encuentran juntos en un escenario.
Me imagino que esta cualidad hace que cada función sea diferente en algún aspecto.
Exacto, hay algunas zonas en las que el actor tiene más libertad. El viaje, digamos, es el mismo, pero cada función energéticamente y vitalmente genera cosas distintas porque el viaje emocional es bastante claro que se sigue a través de mí, pero no de mi personaje. Claro, es que el actor protagonista cambia cada noche, entonces eso tiene mucho impacto.
¿Qué se puede llevar el público de Casting Lear?
Pues bastante intensidad. Supongo que es como una reflexión desde las carnes sobre el perdón y la paternidad. Primero un encuentro único, es una experiencia que solo se puede vivir una vez porque el actor nunca va a repetir esa experiencia y, por tanto, más que nunca la obra es solo esa noche. Creo que es un espacio de pregunta y un acto de amor al teatro.
DEL MAL DE AMOR Y BARES


Mal de Coraçon, es la otra obra que ha dirigido y es totalmente diferente.
Sí, esta obra intenta traer a nuestro tiempo la pregunta de la fe y la combina con la reflexión sobre el dolor y en particular sobre el dolor amoroso. Mal de coraçon es una manera de hablar de Santa Teresa que cuando hablaba de mal de corazón, se refería a su dolor de estómago.
Pero la obra no habla de un mal de tripas.
No, la obra trata de un mal de corazón más literal, que es un dolor de una ruptura amorosa, de un enamorado que busca desesperadamente a su novia que le ha abandonado. Entonces, de alguna manera pone en relación el dolor de este amor con el dolor de una camarera que está en el bar y que espera ansiosamente convertirse en estrella del musical de Santa Teresa de Jesús y de otro hombre que es un profesor de universidad decadente y borracho que lo ha perdido todo y que también está herido en el amor. Entonces son tres heridas juntas una noche en la que se ven obligados a hacerse preguntas profundas sobre sí mismos, sobre su deseo, sobre su fe y sobre su relación con la vida y con el amor. Entonces es una especie de comedia existencial muy particular actuada por unos actores increíbles con una conexión espectacular porque llevan años trabajando juntos y con un texto de Victoria que es realmente hermoso y que está en un lugar muy fino de lo que a ella le gusta llamar realismo extrañado.
Acaba de decir que es una comedia, pero por los temas que se tratan parece más un drama.
Se podría pensar eso pero está tratado desde el humor y tiene una disposición juguetona y fresca, pero lo que trata es hondo. Victoria cuando escribe tiene este sentido del humor siempre y yo también, y en ese sentido sí que hay este deseo de tratar lo que pesa con radicalidad y profundidad pero también con ligereza y con humor. Buscando de alguna manera el camino de la alegría.
¿Por qué se eligió un bar como centro de la obra?
Porque ahora un bar es un poco como las nuevas iglesias, los lugares donde van las almas perdidas a buscar refugio. Entonces es un refugio, un bar, un teatro, un altar, son al final todos refugios y de alguna manera a eso jugamos. Que al final el teatro también es una misa y los bares de alguna manera muchas veces también con a veces sus camareros y camareras que rigen rituales de exorcismo, entonces no son tan distintos.
Claro, porque al final si uno frecuenta un bar al final se hace íntimo del camarero.
Sí, sí, el camarero es el confesor, el confesor total. Y hay tantos actores y actrices camareros también. Al final los bares son lugares que transitan mucho la gente de la profesión y tenía sentido como aunarlos.
¿Qué se puede llevar el público de Mal de Coraçon?
A ver, yo siento que sí que tiene algo de misa, algo de ritual de conocer un poco más también sobre Santa Teresa de Jesús, aunque la obra no es para nada pedagógica ni aspira a hacer enseñanzas sobre Santa Teresa. Sí que se traen algunos de sus textos y están ahí presentes a través de Julia Barceló, y es como una aproximación muy contemporánea a esta figura que al final es alguien que aunque lo pensó a través de Dios, sobre lo que pensó, vivió y transitó fue el amor, al final también era una gran pregunta sobre el amor que te invade.