Tribuna Histórica
El alumbrado de gas en Pamplona
El autor recuerda la instalación en la segunda mitad del siglo XIX de una fábrica de gas en la Rochapea para proporcionar electricidad a la ciudad. Allí se instalaron los corralillos del gas.


Publicado el 03/05/2024 a las 05:00
Pascual Madoz, en su célebre Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar, al referirse en 1849 a las mejoras urbanas que por entonces se trataba de llevar a cabo en Pamplona, dice lo siguiente: “Hay también un proyecto para establecer el alumbrado de gas, y se han dado varios pasos por algunas compañías que se emplean en esta clase de especulación, pero a todas les ha retraído hasta ahora la pequeñez de la población y el poco consumo de gas que por lo mismo habría de hacerse. Este será siempre un obstáculo casi invencible para dicho alumbrado, por grandes que sean los deseos de plantearlo, bien que la necesidad no es muy urgente, hallándose la ciudad perfectamente alumbrada con el método actual”.
SE ESTABLECIÓ EN 1861
Sin embargo, y pese a ese pronóstico tan poco optimista, el panorama iba a cambiar radicalmente para mejor doce años más tarde. Fue entonces cuando nuestra ciudad decidió subirse al carro del progreso en esta materia, como ya lo venía haciendo en varias otras desde hacía más de un siglo. En 1861 se instaló en el barrio de la Rochapea, en la zona conocida como Rochapea Vieja, una moderna fábrica de gas, cuyo producto iba destinado al alumbrado público de la ciudad y también al uso doméstico. El fluido era conducido desde la citada fábrica hasta el casco urbano mediante una red de tubos metálicos que iban por debajo del pavimento de las calles.
En la fachada de las casas, casi todas ellas propias de gente acomodada, que contrataban el nuevo servicio, a muy poca altura respecto al nivel de la acera, se instalaba un registro, que iba dentro de una pequeña caja empotrada en la pared, con una puertecilla de hierro cerrada con llave. Recordamos haber visto en los años 60 del siglo pasado los últimos que se conservaban: uno en la llamada casa de Alzugaray, al final del paseo de Sarasate, que hacía esquina con la calle Ciudadela; otro en el establecimiento de Guerendiain, en la calle Mercaderes, esquina con Estafeta, y otro más -posiblemente fue el último en desaparecer-, que estaba en la casa-palacio de los condes de Guenduláin, en la calle Zapatería, dando frente a la plaza del Consejo.
LOS PLANOS DE LA FÁBRICA DATAN DE 1857
En el antiguo Servicio Histórico Militar de Madrid, hoy Instituto de Historia y Cultura Militar, se conservan dos planos, firmados por el coronel graduado comandante del cuerpo de Ingenieros don José María de Vizmanos, que llevan fecha 16 de mayo de 1857, referidos a la fábrica de gas que por entonces se iba a construir en Pamplona: uno de ellos reproduce la planta general de las instalaciones de dicha fábrica, incluidos los alzados y perfiles de las casillas, y el otro la planta y alzado de la sala de hornos y los almacenes. Por la traza de dichos dibujos, pulcramente delineados, se puede apreciar que aquella fábrica respondía a un modelo típico de las construcciones industriales de mediados del siglo XIX. Constaba de un cuerpo central más elevado, que servía para sala de hornos, y otros dos laterales, uno para la máquina, la caldera y el extractor, y el otro para almacén. Completaba el conjunto fabril una gran chimenea cilíndrica de ladrillo, asentada sobre una base cuadrada. Los planos incluyen también la firma del alcalde de Pamplona don Juan Pablo Ribed y la del secretario del Ayuntamiento, el erudito jurista don Pablo Ilarregui. Ambos planos aparecen reseñados con los números 415 y 416 en mi catálogo de la cartografía navarra existente en los archivos militares de Madrid, publicado por el Gobierno de Navarra en 1989.
El hecho de que los referidos planos se hayan conservado en un archivo militar se debe a que, al estar incluida la Rochapea en las llamadas Zonas Polémicas, que limitaban la altura, consistencia y materiales de las construcciones próximas al recinto amurallado de la entonces plaza fuerte, el Ayuntamiento se vio obligado a solicitar al llamado Ramo de Guerra la preceptiva autorización.
Durante la última guerra carlista, en 1874, la fábrica se vio obligada a cerrar, por carecer de las materias primas necesarias para la producción. Posteriormente volvió a funcionar, pero solo durante unos pocos años, hasta que se estableció el nuevo alumbrado eléctrico. Aparte del gas, allí también se vendían otros productos, como cok, alquitrán, agua amoniacal, ladrillos refractarios para hornos, cal y hasta tubos de plomo.
LOS CORRALILLOS DE LOS TOROS
En 1899 las instalaciones fabriles, que para entonces estaban ya en desuso, se empezaron a utilizar para el desencajonamiento de los toros que se traían para las fiestas de San Fermín. José Joaquín Arazuri, en su magnífica obra Pamplona, calles y barrios, añade el dato curioso de que se encerraban aquí solo las reses de ganaderías castellanas y andaluzas, mientras que los toros navarros se guardaban en los corrales del Sario, acondicionados en 1893 y que se mantuvieron en uso hasta los sanfermines de 1929. En un primer momento, las instalaciones de los corralillos del gas tuvieron carácter provisional, con cercados de madera, hasta que en 1918 se construyeron ya con paredes de carácter permanente. La instalación de los corrales en la antigua fábrica dio lugar a la aparición de un nuevo espectáculo en el programa festivo, ya que por aquella época eran muchos los aficionados que acudían a los corrales a ver cómo se sacaba a los toros de las cambretas en las que habían sido transportados, y poder apreciar de cerca la estampa, trapío y cornamenta de las reses. Ya en los años 30 aquello se convirtió en una especie de fiesta de sociedad, como años más tarde lo sería el apartado. En vista de ello, a partir de 1960 la operación pasó a hacerse a puerta cerrada, contando únicamente con la presencia de unas pocas personas, las que reglamentariamente debían asistir.
En otro plano más cotidiano, cuenta el Dr. Arazuri que durante algún tiempo el ayuntamiento estableció aquí la perrera. Y añade una noticia más, que refleja una parte menos festiva de la realidad social de aquella Pamplona: en unos chabisques ubicados en lo que fue la fábrica, se recogía, por el módico precio de un duro al mes, a las pobres familias que eran desahuciadas de sus viviendas por no poder pagar el alquiler.
En 1943 el Ayuntamiento acordó acometer el derribo de los restos que aún permanecían en pie de la antigua construcción industrial. Y sesenta años más tarde, en diciembre de 2003, se inició la construcción de los actuales corralillos, situados a muy corta distancia del lugar en que estuvieron emplazados los antiguos. Se estrenaron en las fiestas de San Fermín del año 2004.
LLEGADA DE LA LUZ ELÉCTRICA
El alumbrado público con gas se mantuvo en Pamplona hasta 1888. El 6 de julio de ese año, en vísperas de las fiestas de San Fermín, tuvo lugar la inauguración oficial del nuevo alumbrado con luz eléctrica. La central encargada de suministrar la energía quedó instalada en el molino de Santa Engracia, en la Rochapea, y el tendido de la línea hasta el interior de la población, todavía amurallada, corrió a cargo de la Sociedad Española de Electricidad, de Barcelona, bajo la supervisión del arquitecto municipal don Julián Arteaga.