Tribuna histórica

Las razones de una fiesta para Leyres y Leires

Con motivo de la celebración en el monasterio de Leyre este sábado 4 de mayo, el autor recuerda que el nombre que llevan 44.000 niñas en España está engarzado en una tradición milenaria

A la izquierda, actual Santa María de Leyre (1973); a la derecha, la del tímpano en la portada (1098)
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A la izquierda, actual Santa María de Leyre (1973); a la derecha, la del tímpano en la portada (1098)
A la izquierda, actual Santa María de Leyre (1973); a la derecha, la del tímpano en la portada (1098)

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Luis Javier Fortún

Publicado el 02/05/2024 a las 20:00

Este sábado 4 de mayo se celebra en el monasterio de Leyre la “Fiesta de las Leyres”, mediante la cual los monjes y la Asociación de Amigos pretenden reunir en torno a la imagen de Santa María a las niñas, a las jóvenes y a las mujeres que llevan el nombre de Leyre o Leire. Lo han venido haciendo desde hace una decena de años y creen conveniente que quienes llevan ese nombre entiendan su significado y se expliquen su razón de ser. Una eucaristía y un pequeño obsequio es una forma de conocerse entre ellas y de acercarse a un monasterio que ha sido, en muchos momentos, corazón de Navarra y que hoy sigue siendo un referente de la identidad de nuestra tierra.

UN NOMBRE ACTUAL…

En estos momentos las estadísticas oficiales reconocen que hay más de 44.000 niñas, jóvenes y mujeres que llevan el nombre de Leyre o Leire en toda España, casi 2 de cada mil. Como nombre no tiene mucha antigüedad. Las primeras que lo recibieron se remontan, por regla general, a hace medio siglo. A partir de la década de 1970 se sitúan las primeras, pero la eclosión se produjo a partir del año 2000, de tal manera que hoy en día el promedio de edad de quienes llevan la variante Leire se sitúa en 19 años y las que llevan la forma Leyre en 14 años.

Todo rezuma novedad. Incluso también es relativamente joven la imagen de Santa María de Leyre que hoy preside la cabecera de la iglesia abacial y todos los cultos que los monjes benedictinos llevan a cabo con serena constancia y acreditado fervor. Es una hermosa escultura que fue tallada en 1973 por el artista valenciano José López Furió (1930-1999), que centró su vida y su obra en Navarra, con excelentes resultados que son visibles por doquier.

… CON RAÍCES DE DIEZ SIGLOS

No fue una moda o una invención de los monjes actuales colocar una imagen de Santa María en la iglesia Leyre. Se limitaron a reverdecer una página de su historia correspondiente a la etapa de mayor esplendor del monasterio y que quedó grabada en la gran portada de acceso a la iglesia.

La primitiva advocación del monasterio es San Salvador de Leyre. Es decir, en su nombre completo, el monasterio ha manifestado siempre que su patrono, bajo cuya protección se fundó, era y es Cristo Salvador. A lo largo del siglo XI se añadieron otros santos protectores. En 1098 se consagró la ampliación de la iglesia con la gran nave y la primera versión de la actual portada. El abad Raimundo, cuyo gobierno marcó el cenit del monasterio, quiso enaltecer el elenco de advocaciones con la Virgen María, de tal forma que desde entonces casi todas las donaciones se dirigieron a San Salvador, Santa María y las Santas mártires Nunilo y Alodia. En ocasiones el escriba se recrea recalcando la maternidad divina de María o su virginidad.

Y lo que se plasmó en los pergaminos también quedó inmortalizado en la piedra. Hay que atribuir al abad Raimundo el diseño del tímpano actual, que debe fecharse en la consagración de 1098. En él aparece la Virgen María ataviada con ricos vestidos y situada en el segundo lugar protocolario, a la derecha de Cristo Salvador. Todo un símbolo de la devoción mariana que Raimundo imprimió al monasterio y que permite hablar de Santa María de Leyre como una realidad milenaria.

Por eso, cuando hace medio siglo se empezó a poner el nombre de Leire o Leyre a niñas, muchas de las cuales son hoy jóvenes o adultas, no se hizo otra cosa que recuperar de la milenaria tradición del monasterio el papel que jugó Santa María, acreditado en sus documentos y en sus piedras. Conviene no olvidarlo, para dar sentido a las palabras que utilizamos y, mucho más, a los nombres con los que llamamos a miles de mujeres.

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