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Félix G. Modroño logra la paz con su noveno libro

Con una documentación “muy emocional” narra en 'La ciudad de la piel de plata' el Bilbao del siglo XX con ETA, el inicio de las obras del Guggenheim y una niña robada en la Guerra Civil

Félix G. Modroño, minutos antes del inicio del club de lectura de Diario de Navarra
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Félix G. Modroño, minutos antes del inicio del club de lectura de Diario de Navarra
Félix G. Modroño, minutos antes del inicio del club de lectura de Diario de Navarra

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Laura Puy Muguiro

Publicado el 09/11/2023 a las 05:00

“Si no vivo, ¿qué escribo luego?”. El escritor vizcaíno Félix G. Modroño venía de contar que ha tenido muchas vidas y se ha reinventado muchas veces -“he vivido en treinta casas, y tanto cambio de situación personal es un vuelta a empezar”-. Y aunque planteó la pregunta como si justificara su nomadismo, en realidad bromeaba: porque no solo tiene “muchas ideas”, aseguró, sino que hay ocasiones en que echa mano de una documentación “muy emocional”, la de sus recuerdos y vivencias, como con 'La ciudad de la piel de plata' (Editorial Destino), novela con la que este miércoles llegó al club de lectura de Diario de Navarra y por la que al escribirla se ha quedado “muy tranquilo, relajado”. “Estoy en paz”, dice tras el punto final de su noveno libro. En ella, una historia en la Bilbao del siglo XX que recoge la época dura de ETA y el nacimiento de una de las obras contemporáneas más importantes de la arquitectura, el Museo Guggenheim, donde su protagonista, ingeniero en esa construcción, se convierte en investigador circunstancial al buscar a una niña robada en la Guerra Civil.

De padres zamoranos, nacido en Barakaldo (3 de abril de 1965, 58 años) y afincado en Santander tras vivir en Portugalete, Alicante, Extremadura, Salamanca (se licenció en Derecho) y Andalucía, durante más de dos décadas trabajó en el sector financiero hasta que un accidente jugando al pádel, por el que perdió la visión del ojo derecho, le hizo replantearse la vida y decidir dedicarse a la literatura.

Es 'La ciudad de la piel de plata' “una de las obras más íntimas, personales y auténticas de Félix Modroño”, la definió Belén Galindo, directora de comunicación de La Información. Además, la tercera de la trilogía histórica contemporánea sobre Bilbao tras 'La ciudad de los ojos grises', durante la belle époque, y 'La ciudad del alma dormida', en la Guerra Civil y la posguerra.

Quiso saber Galindo qué le une con Bilbao. Y tal vez, que nació en Barakaldo, donde vivió tres años, antes de que la familia se trasladara a Tafalla y se quedara otros tres, hasta mudarse a Portugalete, donde permanecieron hasta que él tuvo 15. “Mi padre trabajaba en una autovía y pusieron una bomba, que afortunadamente no estalló pero que fue el motivo por el que nos fuimos traumáticamente”, contó.

AITE EVOCADOR Y OBJETIVIDAD

Por eso su manera de escribir de Bilbao “es una especie de ajuste de cuentas”. “Las tres novelas las he escrito desde la distancia, por eso ese aire evocador, y con cierta objetividad”. Porque creció “en un ambiente sórdido, gris, muy cerca del entorno abertzale radical, muy influido por las circunstancias del momento, con cierta admiración a quienes pertenecían a ETA”. “Vivimos aquello de una manera dura”, añadió quien presenció un asesinato cuando tenía 14 años: ametrallaron delante de él a un chaval de 23 , novio de su vecina. “Vi cómo caía desplomado sobre el volante. Cómo viviríamos que lo que se me ocurrió fue ir a clase como si hubiese visto algo cotidiano. Y cuando la policía me sacó para interrogarme, no quería parecer un chivato delante de la gente de mi clase”, recordó.

Es una novela, añadió Galindo, “llena de momentos luminosos”, como el comienzo de la construcción del Guggenheim, para la que Modroño ha buceado en archivos y hemerotecas. “Querían reconstruir Bilbao a través de la cultura, pero no se podían imaginar la magnitud que podía llegar a alcanzar el Guggenheim”.

Ha trabajado el autor también con “mucha documentación emocional”, pues la parte referencial y biográfica subyace por el fondo de la novela, un homenaje igualmente a la generación bisagra, la de quienes llegaron al País Vasco desde otras provincias. “Nos sacaron adelante”, apuntó el autor sobre aquellos padres. “En la mayoría de los casos fuimos los primeros universitarios de nuestras familias”, contó quien nació cuando su madre tenía 21 años. “Fueron muy valientes”.

La parte de la novela en la que el ingeniero busca a una niña robada en la Guerra Civil también “tiene algo de personal”. “Cuando murió mi madre en 2011, el primer viaje que hice con mi padre a Bilbao fuimos juntos al cementerio de Barakaldo. Yo recordaba que mi madre había perdido un niño al nacer, pero jamás se había vuelto a hablar de eso en casa. En el cementerio, en un sitio escondido, vi el nombre de un niño con mis apellidos, y llevo siempre conmigo la llavecita del candado de ese sitio. Coincidió que después salió a la luz la trama de los niños robados, que no es nuestro caso, pero que me sirvió para esta novela”. Para hablar de la pérdida y de la búsqueda de la identidad. Por eso dice haberse quedado “muy tranquilo” al escribirla. “Antes de ser escritor, sabía que tenía algo ahí, y cuando empecé a escribir novelas, sabía que debía llegar este momento, aunque necesitaba más poso, sentirme mayor y tener recorrido literario para enfrentarme a este libro. Por eso me he quedado relajado. Estoy en paz”, confesó en los minutos finales del encuentro, en los que adelantó que su historia personal ha vuelto a cambiar: se ha enamorado de una mujer mexicana. “Y me voy a México a escribir mi próxima novela, aunque todavía no sé sobre qué”.

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