Suscriptores
120 años de fidelidad a Diario de Navarra
Diario de Navarra invitó este viernes a su casa a los suscriptores más antiguos. Familias que en algunos casos mantienen su vínculo con el periódico desde hace más de cien años
Publicado el 21/10/2023 a las 05:00
María Jesús Anaut Marco, 99 años, de Uztárroz. Eugenio Baines Urzainqui, dos años más joven, de Urzainqui. Ambos roncaleses y camino del siglo coincidieron este viernes en Diario de Navarra, en la visita que hicieron al periódico varias decenas de entre los suscriptores más antiguos, en este 2023 en que el Diario cumple 120 años. No se conocían, pero compartieron un buen rato de charla y de recuerdos, de casa Necoch a casa Capelón. Concluyeron, en fin, que tienen otro nexo en común, el periódico que llega a sus casas a lo largo de generaciones en la misma familia. El director Miguel Ángel Riezu reparó en ello en sus palabras de bienvenida: “Ustedes, sus familias, son el hilo conductor de nuestra historia”.
Algunos viajaron muchos kilómetros por la geografía navarra para conocer la que es su casa. Otros son vecinos de la misma Cendea de Galar, donde el periódico se escribe e imprime, como María Luisa González Martínez, de Esparza. Con 87 años, lo lee todos los días, lo primero que hace por la mañana una mujer de muchas aficiones, entre ellas la huerta y la pintura. Un paseo separa su casa de la sede del rotativo en Cordovilla. Pero nunca hasta este viernes había cruzado la puerta. Llegó con su hija Fabiola. Su hijo Juan es el titular de la suscripción. Y lo es porque así se llamaba el abuelo Juan Aizcorbe Janáriz, quien la inició hace cien años y que continúa por la tercera generación. Desde Esquíroz se desplazó Pedro Echeverría García, nieto de Pedro Echeverría Barrena, hijo de Félix. “Antes me interesaban más los deportes, ahora la cultura y la información de Navarra, la más local, sobre todo la parte de la Cuenca. Soy agricultor y rodeo muchos días el periódico con el tractor, pero nunca había estado”. En Cordovilla late el corazón del periódico desde 1966, de la redacción y la rotativa, a las distintas áreas: publicidad, ventas, informática... Las gracias y el reconocimiento de todos recibieron mujeres y hombres fieles a una cabecera a lo largo de tantos años. “Somos lo que somos gracias a ustedes. A su confianza. A que nos compran el periódico antes siquiera de saber qué les vamos a contar, a que se identifican y están cómodos con los valores de Diario de Navarra y de su manera de ver el mundo”, explicó Miguel Ángel Riezu.
“Para muchos de ustedes, -les dijo el director-, Diario de Navarra es uno más en su familia, leerlo es un hábito cotidiano como desayunar o dar un paseo. Informa, entretiene, acompaña. Forma parte de las cosas placenteras de la vida”. Lo corroboró Pilar Pueyo Rodríguez. Ella siempre madrugó mucho para trabajar y lo sigue haciendo ya jubilada. “A las seis y media lo recojo del felpudo y lo leo con el desayuno. Un placer. Luego vuelvo a él, varias veces. Siempre empiezo por la última página. Lo mismo que el café, el tiempo de leer el periódico es el de no tener que correr”, contaba en la rotativa que horas después imprimiría el ejemplar que hoy tendrá en sus manos. Su padre, Ángel María Pueyo Bonet, ya era suscriptor, como su abuelo Prudencio Pueyo Bildárraz. Vive en Pamplona, como las hermanas Yoldi San José. Mari Cruz y Mª Socorro representaron a la familia. Su padre, el pamplonés Justo Yoldi San Martín, era suscriptor y cada una de ellas también lo es. Son lectoras habituales y sagaces, valoran la información cercana, calle a calle, las historias humanas que encuentran en cualquier sección.
Baztanés de Irurita es Arturo Iturralde Irigoyen. Sigue con la suscripción que empezó con Tiburcio Iturralde Aurquía. Y lo lee todo, de la primera a la última página, “hasta los anuncios”. Como Fermín del Castillo Pérez de Ciriza, con el periódico en su casa de Sangüesa desde 1923.
De Lantz se desplazaron los hermanos Esteban y Joaquín Aríztegui Lusarreta, familia suscriptora desde 1925. “Primero el abuelo Enrique, luego el padre, Antonio, ahora nosotros. Todos los días hay algo interesante, por ejemplo hoy lo del fotógrafo Eusebio Mina, lo conocíamos y suyas son las fotos antiguas de la casa”, explicaban.
La de Javier Músquiz Pérez de Zabalza, de Aldaba, es otra de las suscripciones centenarias. “Leo un poco de todo, también la letra pequeña, los editoriales, la opinión. Contrasto con otros medios y siempre vuelvo al mío. Acabo con Osasuna y Oroz”, apuntaba junto a su mujer, también lectora. Con el Diario aprendió a leer María Ángeles Mendióroz Olleta, natural de Alzórriz, que acompañaba a su abuelo Cándido, repartidor del periódico por Unciti e Izagaondoa.
Rosa Vicenta Irurre Izcue, de Pamplona, tomó el relevo a su padre, Román Irurre Echeverría, natural de Ganuza, en Tierra Estella, suscriptor desde 1931. Visitó el Diario con su sobrina Eva Galar Irurre, profesora de Lengua Castellana, que se encontró con una antigua alumna, Paula Mas Ugarte, la periodista más joven de la redacción.
Manuela Erdozáin y Juan José Vizcay se suscribieron a Diario de Navarra en Oroz Betelu. Luego siguió su hijo Eugenio. Su viuda Conchita Azcoitia y su hija Elena Vizcay, vecinas de Pamplona, participaron también en la visita. Conversaron con el director y con varios redactores. Miguel Ángel Riezu quiso dar la enhorabuena a todos. “Son ciudadanos comprometidos. No hagan caso de los que dicen que no está de moda. Al revés. Lo dicen los gurús, han asumido que los ciudadanos tenemos el deber de estar bien informados”, apuntó e incidió en la importancia de “conocer las cosas que nos afectan de cerca, contadas por profesionales independientes, por un periódico que es independiente de todo partido y grupo político”.
EL RECORRIDO POR LA CASA
Con lectores habituales procedentes este viernes de Pamplona, Carcastillo, Obanos, Uterga, Sangüesa, Esparza y Esquíroz de Galar, Pueyo, Lantz, Eransus, Irurita, Olite, Arre, Alkotz, Arraitz, Berrioplano, Lumbier, Unzu, Egiarreta de Arakil, Aldaba, Falces, Tudela o Gulina, representantes de otros miles de localidades de norte a sur, se escribió una jornada envuelta en la emoción de quien recibe en su casa a un familiar cercano a quien nunca había puesto cara.
A pesar de que a María Jesús Anaut le diera apuro que su nombre aparezca en estas líneas. “Qué atrevida soy, me daba cosa venir”, sonreía perspicaz la nieta de Agustín Marco y de Pancracio Anaut, su “queridísimo abuelo de Uztárroz”. “A los dos llegaba el periódico a casa. A mí me lo traen hasta el sexto piso y más bien que bien. Necesito lupa de ciego, pero todavía lo leo. Empiezo por la primera página, luego a ver lo que hay de mi tierra y, es gracioso, pero salto a las esquelas por si conozco a alguien y luego a la última, que también me gusta”.
El encuentro, al que asistió el director general de la sociedad, José Manuel Erro, había arrancado en la sala que antiguamente fue la rotativa, con el saludo de Miguel Ángel Riezu, y continuó con el recorrido por las instalaciones de la mano de Ana Aguerri. Una visita que son páginas de historia en esta casa.
