Fotos que hablan (6)
La bendición de la campana de Iza, en 1916


Publicado el 01/10/2023 a las 05:00
Entre los acontecimientos festivos y populares de tiempos pasados figuran las bendiciones de campanas, que desde fines del siglo XIX se recogieron en la prensa local, como expresión de un evento singular y, en muchos casos, como reconocimiento social hacia unas personas o instituciones que posibilitaron que los diferentes toques que regían la vida de las localidades, siguiesen sonando con su particular lenguaje.
En Occidente fueron adoptadas por la Iglesia en el siglo V, si bien eran conocidas desde siglos atrás. Los romanos las denominaron tintinabula y los cristianos signum porque servían para anunciar sus cultos. Por lo menos, a partir del siglo VII, encontramos el nombre de campanas.
Tradicionalmente, se han fundido en bronce, si bien se admiten diferentes aleaciones según las épocas y los territorios, utilizándose el hierro, el oro y la plata. Muchas de ellas lucen inscripciones procedentes de salmos e himnos litúrgicos y, por supuesto, lucen su nombre y el de sus mecenas grabados en muchas ocasiones. El ritual para su bendición, además de quedar recogido en los libros litúrgicos, se puede recrear visualmente en los grabados de Bernard Picart, que ilustran la edición de las Cérémonies et coutumes religieuses de tous les peuples du monde (1723).
SUS SONIDOS EN TODO TIPO DE FIESTAS Y CELEBRACIONES
Las funciones de las campanas han sido tradicionalmente litúrgicas y horarias, existiendo algunas tanto para el uso litúrgico, como para un reloj de torre. Sus sonidos estaban ligados a lo festivo, pero también a lo fúnebre e incluso a la conjuración de nublados y plagas. Su uso se define con estas frases latinas: Laudo Deum verum (Alabo al Dios verdadero), plebem voco (llamo al pueblo), congrego clerum (congrego al clero), defunctos ploro (lloro a los difuntos), pestem fugo (ahuyento a la peste), daemonia ejicio (expulso a los demonios) et festa decoro (alegro la fiesta). Amén de estos usos canónicos, sabemos que se utilizaron también para otros más heterodoxos, como la convocatoria a concejos, subastas e incluso a rebato para atajar graves contingencias. Las crónicas de los grandes acontecimientos incorporan el acompañamiento de las campanas. A algunos de ellos nos referimos en un artículo publicado en este periódico el 10 de febrero de 2017.
Las campanas, además de su valor material como bienes culturales tangibles, poseen también gran parte de los secretos que guarda el patrimonio inmaterial, por recordarnos, con sus diferentes toques, la vida cotidiana de nuestros antepasados, que vivieron atentos a sus sonidos, marcando y organizando su devenir ordinario y extraordinario. Sus toques se organizan en torno al balanceo (movimiento oscilante de la campana que hace que el badajo se mueva al mismo ritmo golpeando al instrumento y produciendo un sonido binario), el volteo (que es el giro completo de la campana, con un yugo que tenga contrapesos de plomo u otro material para facilitar el movimiento y que produce un sonido terciario) y el repique manual (en el que la campana está fija y se repica manualmente a través del movimiento del badajo con una cuerda).
LA FOTO DE IZA EN 1916
La instantánea de Aquilino García Deán en la pequeña localidad de Iza posee, en su sencillez, todos los ingredientes que rodeaban a este tipo de acontecimientos. Constituye uno de los escasísimos ejemplos para recrear lo que crónicas y otros textos narran en similares casos. El acto litúrgico de la bendición estaba recogido, en parte, en diversos textos. Distintas indicaciones figuran en el Manual de Joaquín Solans (Barcelona, 1913) y en el del maestro de ceremonias de la catedral pamplonesa don José Magaña y Seminario (Pamplona, 1905), que dan también algunas instrucciones sobre su uso. En enero de 1908 se envió desde la Congregación de Ritos, desde Roma, a todas las diócesis, simplificando el largo rito que figuraba en el Pontifical de obispos. Hasta entonces, los obispos, si querían delegar en el párroco aquella función, debían contar con un indulto de la Santa Sede y aún así, tenían que bendecir ellos mismos el agua llamada “gregoriana” con la que se rociaba y lavaba la campana.


La bendición era, en cualquier caso, una ceremonia larga y llevaba implícita el rezo o canto de una larga salmodia, así como su incensación, unción con los santos óleos, el agua bendita y la sal, como si fuese un bautizo, sin que faltasen algunas oraciones ad hoc, especialmente la denominada pontifical, indistintamente la hiciese el obispo o el sacerdote debidamente autorizado. La campana solía recibir su nombre, sugerido, de ordinario, por su padrino o patrocinador.
La instantánea de Iza viene explicada en un texto de la revista La Avalancha (24 de enero de 1917), en donde se publicó la foto. Dice así: “Bendición de una campana en el atril de la iglesia de Iza – En el pueblo de Iza, perteneciente a la Cendea de su nombre, en la merindad de Pamplona, se celebró el día 13 de mayo de 1916, por la tarde, el solemne acto de la bendición de una hermosa campana, y colocación de ella en la torre de la iglesia parroquial. La campana fue fundida en los acreditados talleres de don Isidro Albizu de Pamplona y está dedicada a San Miguel de Excelsis. Fue bendecida por el párroco de Iza don Timoteo González, ayudado por el de Zuasti, don Justo Macaya, siendo padrinos don Víctor Esparza y doña Catalina Saldías. Por encontrarse enferma esta señora, la representó en el acto su hija, la señorita Dolores Azcona. Terminada la sagrada ceremonia, se elevó la nueva campana a la torre, sin novedad alguna y momentos después, el padrino y alcalde don Víctor Esparza, obsequió espléndidamente a los sacerdotes y demás concurrentes”.
El domingo, 14 de mayo de 1916, Diario de Navarra, en su primera página incorporó este pequeño aviso: “Desde Iza. En este pueblo se celebró ayer por la tarde el solemne acto de la bendición y colocación de una hermosa campana en la torre de la iglesia parroquial, con cuyo motivo guardaron fiesta todos sus habitantes. La campana que está dedicada a San Miguel de Excelsis, fue bendecida por el párroco don Timoteo González, ayudado por el párroco de Zuasti don Justo Macaya, y fueron padrinos don Víctor Esparza y doña Catalina Saldías. Por encontrarse enferma esta señora la representó en el acto su bella hija Dolores Azcona. Terminada la sagrada ceremonia se elevó la nueva campana a la torre, sin novedad ninguna y momentos después, el padrino y alcalde don Víctor Esparza obsequió espléndidamente a los sacerdotes y a los concurrentes. El pueblo que sufraga la mayor parte del coste de la campana, se propone construir a sus expensas una nueva casa para el párroco, ya que la actual no reúne las modernas condiciones. El corresponsal”.
En el ejemplar de Diario de Navarra del martes, 16 de mayo de 1916, también en primera página, en un breve apunte leemos: “Iza, agradecido. No satisfecho el rico propietario de Iza, don Víctor Esparza, con haber obsequiado finamente, como padrino, a los señores sacerdotes, campaneros y ayudantes, el día de la colocación de la nueva campana, tuvo el gusto de corresponder el obsequio, ayer domingo, a todo el vecindario, sin distinción y sin olvidar a los niños, con suculenta comida y gran cena. Y por ello, el repetido vecindario nos suplica que, desde las columnas del DIARIO, demos en su nombre un millón de gracias muy expresivas al mencionado señor Esparza. El corresponsal. Ororbia, 15 de mayo de 1916”.


De estos textos se colige que hubo sendos banquetes, uno el mismo día de la bendición más selectivo en cuanto a asistencia y otro general al día siguiente. En ambos casos se quiso dar protagonismo y crear imagen del alcalde de la localidad.
Los datos del archivo parroquial y de la sección de gobierno de la diócesis, en el Archivo Diocesano, coinciden en cuanto a la financiación de la campana. En la instancia que dirigió el párroco de la localidad al provisor el 4 de marzo de 1916, solicitaba el permiso para invertir la cantidad de 200 pesetas de los fondos de fábrica —que ascendían entonces a 250 pesetas— en la fundición de la campana que tenía un gasto total de 800 pesetas “en la siguiente forma: la campana dicha tiene unas veinte arrobas, cuya refundición cuesta 10 pesetas por arroba, pero para igualarla a la existente hacen falta diez arrobas de metal, que con su fundición cuestan sesenta pesetas por arroba, cuyo pago lo satisface el Concejo del pueblo”.
La autorización se dio el día 7 del mismo mes, pero sólo para gastar 100 pesetas. Las cuentas de la parroquia también dan razón del gasto. La reglamentación sobre la petición de permiso al obispado para la fundición o refundición de campanas databa de 1877 en la diócesis de Pamplona
En esta toma, como en otras fotos del autor, cobran protagonismo los personajes colocados en primer plano. El fin de documentar el acto festivo se ha logrado perfectamente, ocupando el centro de la composición la campana sobre una cama de ramas y coronada en la parte superior con ramas y flores silvestres. En la parte superior ostenta una especie de faja blanca cuyos lazos sostienen los dos padrinos, que evocan al denominado bautismo de la misma, ceremonia que tanto se discutió, entre los historiadores y liturgistas, desde siglos atrás. La campana luce sus correspondientes inscripciones, haciendo constar el año, fundidor, párroco, padrinos y nombre.
Los cuatro personajes actuantes y con evidente protagonismo -sacerdotes y padrinos- ocupan la parte principal de la instantánea. Los primeros visten con sotana y una prenda que quedaría en desuso a partir de 1936, cuando el obispo de Pamplona ordenó su retirada, en octubre de 1936. Se trata del llamado cottino o cotta, que no era la sobrepelliz exigida por las rúbricas, sino una especie de roquete sin mangas que, a partir de esa fecha, se fue eliminando de las celebraciones, por lo que constituye un elemento fundamental a la hora de datar fotografías sin precisión cronológica. El párroco, Timoteo González, lleva estola.
El padrino luce traje con chaleco y corbata y la madrina un traje largo con vistosa mantilla. El resto de personas lo hacen según los usos del momento, llamando la atención los niños, con largas batas y pantalones hasta media pierna. Las caras de todos ellos expresan, sin duda, la novedad de ser captados por el objetivo de la cámara, con expresiones que denotan aquel acontecimiento especial.
La dedicación de la campana a San Miguel de Excelsis, no llama la atención, habida cuenta que, en el recorrido de la imagen hacia Pamplona, el lunes después del domingo in albis, la localidad de Iza era y es un lugar por donde pasaba el venerado icono, con gran alegría de sus habitantes.
EL AUTOR DE LA FOTOGRAFÍA: AQUILINO GARCÍA DEÁN
Aquilino García Deán nació en Pamplona en 1864 y falleció, en 1948, en Huarte-Araquil. Fue concejal de la capital navarra y funcionario de su ayuntamiento. Pese a no haber sido fotógrafo profesional, dejó un importantísimo legado en placas de enorme exactitud, especialmente importantes para certificar con imágenes las grandes transformaciones de la capital navarra en los últimos años del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX. Fue uno de los más importantes colaboradores de La Avalancha, órgano de la Biblioteca Católico Propagandística de Pamplona y sus páginas están salpicadas de sus instantáneas, correspondientes no sólo a Pamplona, sino a numerosas localidades de Navarra en momentos celebrativos y también en sus monumentos emblemáticos.
Sus fotografías poseen gran carácter documental, son precisas en su técnica y, por lo general, fueron realizadas con negativos de formato grande y con un esfuerzo de reflexión para plantear la toma correspondiente. La fotografía objeto de estas líneas se conserva en la Fototeca del Archivo Municipal de Pamplona, en papel monócromo. Mide 17 x 11,5 cm.