Música
Agustín González Acilu: una vida al servicio de la música
El compositor navarro, Premio Príncipe de Viana 2009, falleció a la edad de 94 años en Madrid. Acilu fue una de las figuras más sobresalientes de la generación del 51 y un referente de la vanguardia musical


Actualizado el 15/08/2023 a las 21:54
El compositor navarro Agustín González Acilu (Alsasua, 1929) falleció ayer en la madrugada a los 94 años en Madrid, donde residía.
La música llegó a la vida de Acilu en Alsasua, el pueblo que lo vio nacer. Tenía diez años y una banda militar tocaba en el kiosco del pueblo. Acababa de terminar la guerra civil española y los ojos de aquel niño se toparon por primera vez con los instrumentos y el sonido que salía de ellos. Este recuerdo lo acompañó desde entonces. Comenzaba así los primeros pasos que le llevarían a crear en futuros años una obra musical, “una cadena que se va engarzando anillo a anillo”, como le gustaba decir. Luis Taberna era el organista de la parroquia local y director de la banda de música por aquel entonces y fue él quien le impartió sus primeras lecciones. Aquellas clases de solfeo “a palo seco” sin ningún tipo apoyo instrumental. “A mí me tocó un clarinete que compartíamos cuatro alumnos. Y en la iglesia le dábamos al fuelle del órgano en los conciertos de Taberna y escuchábamos a Bach antes que lo escucharan en otros muchos sitios. Todo eso se te queda dentro”, compartía el compositor en una entrevista a este medio en el año 2009, días antes de recibir el Premio Príncipe de Viana.
La gratitud que contrajo a partir de aquel momento con Taberna y los sucesivos maestros que pasaron por su vida hizo imposible olvidarlos, tanto fue así que les reservó un lugar junto con su familia en el discurso tras obtener el máximo galardón de la cultura en Navarra “Quiero mostrar mi gratitud a cuantos me han ayudado en este largo camino, a mis primeros maestros en Alsasua y Pamplona, Luis Taberna y Fernando Remacha; y a cuantos me han apoyado y reconocido a lo largo de la vida; y muy especialmente a mi esposa, mis hijas y a toda mi familia”, expresó.
A los 13 años entró en la banda del pueblo. “Creo que nunca se me ha hecho tan tarde el transcurrir del día desde que me levanté esperando la hora de mi ingreso en la banda”. Dos años después le tocó adentrarse de lleno en la vida de los mayores, comenzando a trabajar en la fundición de Alsasua, con su padre. Continuó con la banda a la vez que “preparábamos la arena limpia de chatarra del día anterior, les dábamos a los oficiales los útiles que nos iban pidiendo y les pasábamos la arena”. Aquella experiencia fue su otra escuela, en la que aprendió acerca del sentido humano, la convivencia entre personas de edades dispares y las risas y discusiones de los adultos.
Pasó el tiempo y Acilu quería conocer otro tipo de música. “Cuando yo tenía 20 años, sabía que quería componer”. Sus circunstancias complicaban el aventurarse a estudiar fuera para continuar con su formación y tomó la única opción que tenía un joven de pueblo y con el dinero lo justo para tirar cada mes: la mili, en concreto, la Banda de Música del Ejército del Aire. De este modo pudo matricularse en el Conservatorio Superior de Música y estudiar la carrera de Armonía. Algunos de sus maestros más destacados durante esos años fueron Julio Gómez, Francisco Calés o Enrique Massó.
En aquellos años, vivir de la composición se presentaba como algo disparatado. “Trabajabas y trabajabas pero no pensábamos que podríamos vivir de la composición. Veíamos a compositores mayores que escribían música y vivían sin esperanza de alcanzar los atriles”. Pero su generación, la llamada generación del 51, estaba marcada a cambiar el rumbo, aunque tuvieron que allanar un camino todavía por descubrir. En 1960 viajó a lugares como París, Roma o Venecia de la mano de una beca de la Institución Príncipe de Viana en busca de respuestas a aquellas preguntas acerca de la estética y forma musical, en una época que era un auténtico hervidero para el resurgimiento de la cultura centroeuropea, como expresó Acilu en la entrevista. En 1978 ingresa en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, donde impartirá la asignatura de Armonía hasta su jubilación. Además, fue miembro fundador de la Asociación de Compositores Sinfónicos Españoles-ACSE, en 1976.
Se casó con Carmen Ribot, también de Alsasua, con la que tuvo tres hijas. En la entrevista, Acilu contaba la ayuda y el apoyo que le brindó su mujer durante los difíciles años que pasaron juntos al comienzo de su carrera profesional. “Éramos muy jóvenes y aguantamos juntos los largos tiempos difíciles: ella sabía hacer de los duros seis pesetas y yo me mataba a trabajar con el saxo en salas de fiestas, dando clases particulares sin dejar de estudiar y de componer”.
Se regía por su propia libertad. “Así que con disciplina, rigor y encadenamiento de las ideas seguía adelante. Ese es el camino”. Parte de ese camino ha ido cambiando, adentrándose por desvíos que desconocía. “Siempre he aconsejado a la gente que se atreva a hacer cosas que no sepa hacer”. Su dilatada carrera caracterizada por su coherencia formal le confirió reconocimientos de la talla del Premio Príncipe de Viana, el Premio Nacional de Música, que recibió en dos ocasiones, y doctor honoris causa por la Universidad Pública de Navarra.
Su discípula y amiga, Teresa Catalán, también Premio Príncipe de Viana, le dedicaba unas palabras a este medio tras la noticia. “Agustín ha trascendido y es historia de la vanguardia musical. Todos los miembros de la generación 51 y todos los que le conocemos sabemos que él ha sido una de sus figuras más importantes. Su ser ético lo mantuvo humilde, pero muy firme en su capacidad y acción creativa, lo que le ha llevado a forjarse una personalidad única y una potencia absolutamente reconocida internacionalmente”, aseguraba Catalán. La música que desarrolló Acilu a partir de los serios estudios que realizó le permitieron una obra novedosa y significativa en la música vocal con “hitos que no se han repetido”, como explicaba Catalán, cuya voz dejaba en claro el cariño y admiración que le procesa a una de las figuras más importantes de su vida y recordaba aquel “no cambies tiempo por dinero”, que tanto le repetía.
“Siempre llevo su condición de navarro por delante, con las ideas muy claras pasara lo que pasara. Era un hombre humilde y riguroso. El esfuerzo fue su motor y desde que empezó su vida profesional en la fundición de Alsasua hasta que llegó a ser dos veces Premio Nacional de Música, Premio Príncipe de Viana o doctor honoris causa por la UPNA hay todo una vida de esfuerzo y de trabajos sin límites al servicio de una obra que tenemos todos que agradecer”, declaraba Catalán
Más sobre Agustín González Acilu

EN EL PRÍNCIPE DE VIANA
“Me produce una gran satisfacción y una profunda emoción recibir tan honorable galardón (...). Satisfacción porque con ello se reconoce mi esfuerzo orientado hacia nuevas formas de expresión como compositor; y emoción por recibirlo aquí, en el monasterio de Leyre (...). Toda obra debía apoyarse en la experiencia adquirida con la anterior y, a su vez, conformar eslabón y peldaño para alcanzar la siguiente (...). Llegué al convencimiento de que a mayor impulso hacia la libertad, correspondía mayor pasión restrictiva, condición sin la cual difícilmente se podría trazar y conformar conducta, razón y rigor discursivos”.