Ruta
15 tumbas con historia en Navarra
Monarcas del Viejo Reyno, un condotiero de ilustre familia, obispos y gobernantes de alcurnia, un médico de paz y guerra, músicos de fama mundial y soldados extranjeros casi anónimos están enterrados en suelo navarro bajo tumbas cuya visita nos transporta a tiempos pasados


Actualizado el 22/06/2023 a las 22:18
Mausoleos, cementerios, sepulcros y monumentos recuerdan en Navarra a nuestros difuntos. Algunos de ellos, por su importancia histórica o artística, son capaces de transportar al visitante a tiempos pasados, como por ejemplo los quince reunidos en este artículo, dedicados a monarcas del Viejo Reyno, un condotiero de ilustre familia, obispos y gobernantes de alcurnia, un médico de paz y guerra, músicos de fama mundial e, incluso, soldados extranjeros, casi anónimos, que descansan en suelo navarro. La ruta para verlos empieza en Pamplona, en la catedral, y pasa por Ororbia, Viana, Murillo el Fruto, Tudela, Peña, Bera, Roncal y Roncesvalles.
1. Arnaldo de Barbazán (1318-1355) / Pamplona
En el lado oriental del claustro de la catedral de Pamplona, nos encontramos con la capilla Barbazana, en la que se encuentra la tumba del obispo que le da nombre: Arnalt (Arnaldo) de Barbazán (1318-1355). Cubre esta sepultura una magnífica bóveda estrellada con ocho ménsulas doradas y con la Virgen Madre en la clave central.
Arnaldo de Barbazán fue un influyente obispo a quién le tocó ostentar el cargo en un tiempo convulso en el reino de Navarra tras el fallecimiento de Luis I el Hutín y la complicada sucesión de Juana I de Navarra y Felipe I. Destacó por su impulso a la reforma arquitectónica de la catedral de Pamplona.


2. Carlos III de Navarra (1387-1425) y Leonor de Trastámara (-1416) / Pamplona
La catedral de Pamplona alberga un importante sepulcro rodeado de historia y de auténtica realeza. Obra de Jehan Lome, se encuentra situado frente al altar mayor de la sede catedralicia y en él destacan las figuras de alabastro de los titulares del monumento: Carlos III el Noble (1361-1425) y su mujer, Leonor de Trastámara.
De talante pacífico y conciliador, el rey Carlos III tuvo un protagonismo indiscutible en la historia de Pamplona, puesto que fue quien promulgó el Privilegio de la Unión, por el que se fundían en un único municipio los tres burgos hasta entonces existentes: el de la Navarrería, San Nicolás y San Cernin.


3. José de Armendáriz (1670-1740) / Pamplona
La tumba más antigua de Pamplona pertenece al virrey José de Armendáriz y Perurena. Este noble navarro no fue el primero que se enterró en el camposanto de Berichitos, pero sus restos (del año 1740) son los más antiguos de los presentes. El pamplonés, miembro del linaje nobiliario navarro de Armendáriz, falleció en el año 1670.
Tras varias batallas en España en defensa de los Borbones, fue nombrado virrey de Perú, donde desempeñó su cargo desde 1723 hasta 1736. Después regresó a España y murió en Madrid. Sin embargo, y siguiendo sus deseos, su cuerpo fue trasladado a Pamplona y enterrado en la Iglesia de Santo Domingo. Con la inauguración del cementerio en 1808, Armendáriz fue instalado definitivamente en Berichitos.


4. Nicaso Landa (1830-1891) / Pamplona
En el número 120 de la calle San Miguel del cementerio de Pamplona, un epitafio dice que Nicasio Landa fue un erudito doctor y un médico heroico. Además, habría que añadir que también fue el cofundador de la Cruz Roja Española.
Como médico, estuvo en la campaña de Marruecos de 1859, no dudó en viajar a Canarias cuando supo en 1863 que se había declarado una epidemia de fiebre amarilla y también acudió a la guerra franco-prusiana en 1870. También participó en la primera intervención de la Cruz Roja en una guerra no internacional. Fue en Orokieta, durante la Tercera Guerra Carlista, un hecho que se recordó con una gran recreación histórica en 2022 al cumplirse el 150 aniversario.


5. Pablo Sarasate (1844-1908) / Pamplona
Hasta el mismísimo Sherlock Holmes dejó a un lado una de sus investigaciones para poder verle en concierto en el St. James’s Hall de Londres, lo cual, aunque sea ficción ('La liga de los pelirrojos'), es una muestra de la talla de un Pablo Sarasate, quien, a diferencia del detective, sí era real. Siempre muy unido emocionalmente a esa Pamplona en la que solo vivió dos años, el genial violinista quiso que sus restos reposaran aquí.
Sarasate legó dos de sus preciados violines a Pamplona, pero otro de ellos, de piedra en esta caso, descansa a su lado. Está esculpido en el sarcófago bajo el que fue enterrado. "La bondad de su corazón le hizo ser amado de cuantos le conocieron. Su memoria será siempre bendecida", reza el epitafio. Su mausoleo se encuentra justo en el cruce de las calles Santiago con San Gabriel, en el centro de una de las rotondas del cementerio de Berichitos. Además, otro monumento recuerda la figura de Sarasate en los jardines de la Taconera.


6. Sabicas (1912-1990) / Pamplona
Agustín Castellón Campos, Sabicas, pamplonés de la calle Mañueta, marcó el compás del flamenco internacional durante décadas. A los cinco años se enfrentó por primera vez a una guitarra, a los nueve ofreció un recital en el Teatro Gayarre y a los once debutó como profesional en Madrid. Acabó viviendo en Nueva York, ciudad en la que murió cuando tenía 78 años.
Al son de guitarra de la canción 'Duelo de campanas', música sacra compuesta por él mismo, fue enterrado en Berichitos. Ahora es el número 163 del grupo 50.


7. John O’Scannell Taylor (1850-1873) / Ororbia
El pequeño cementerio de Ororbia alberga la tumba de un soldado irlandés, John O’Scannell Taylor, que falleció en la Tercera Guerra Carlista en el cercano Ibero. Una lápida colocada en el suelo lo recuerda.
Taylor, nacido en Cork, viajó a España junto a antiguos combatientes de las milicias vaticanas que defendieron los Estados Pontificios hasta 1870. Se alistó como soldado bajo las órdenes del general carlista Antonio Lizarraga y Esquiroz, pero llegó a Navarra ya como teniente del batallón de cazadores de Azpeitia. En Ibero, quizá defendiendo un puente, falleció con solo 24 años. Además de la lápida del camposanto de Ororbia, en el cementerio de San José de su Cork natal también hay un monumento funerario en su memoria.


8. César Borgia (1475-1507) / Viana
En el atrio de la iglesia de Santa María, en Viana, descansan los restos del célebre condotiero César Borgia, fallecido en una emboscada a manos de soldados del conde de Lerín en la Barranca Salada tras involucrarse en la guerra civil entre agramonteses y beaumonteses en el bando de su cuñado, el rey Juan de Albret.
Capitán general de la Iglesia entre 1497 y 1503, al servicio de su padre, el papa Alejandro VI; duque de Valentinois y de Romaña, y obispo de Pamplona, una lápida de mármol blanco le recuerda con la siguiente inscripción: “Cesar Borgia, Generalísimo de los Ejércitos de Navarra y Ponfiticios, muerto en campos de Viana”.


9. Raimundo Lanas (1908-1939) / Murillo el Fruto
"El ruiseñor de Navarra" nació en Murillo el Fruto el 23 de enero de 1908. Comenzó a cantar jotas muy joven y el éxito no tardó en llegarle. Su trayectoria comenzó en su pueblo y las localidades vecinas como Carcastillo o Tudela, antes de trasladarse a Pamplona para formar parte del Orfeón Pamplonés. Sus primeras jotas las grabó en Barcelona, en 1933. Más tarde, llegó hasta Madrid y comenzó sus giras por toda España, llenando aforos. Su éxito traspasó las fronteras y cruzó el charco, hasta llegar a México, La Habana o Nueva York. Falleció muy joven, con 31 años, pero consagrado como el mejor intérprete de jotas del mundo.
En su localidad natal encontramos su tumba, acompañada por la escultura de un labriego, que parece vigilar el lugar, y dos placas. Una de ellas reza lo siguiente: "Raimundo Lanas, 'el Ruiseñor Navarro' que amó fervorosamente a nuestra tierra y dio a conocer al mundo nuestra jota. Navarra agradecida a su memoria".


10. Francés de Villaespesa (-1421) / Tudela
Del mismo estilo borgoñón que el sepulcro de Carlos y Leonor, en Tudela se halla un mausoleo dedicado a Francés de Villaespesa. Nombrado canciller del reino de Navarra el 20 de marzo de 1397, Villaespesa actuó con acierto en las grandes cuestiones políticas del momento: la cuestión del Cisma, los pleitos territoriales con Francia así como los matrimonios de las infantas bajo el reinado de Carlos III.
Casado con Isabel de Ujué, el matrimonio reposa en el nicho tudelano, rodeado de relieves que ilustran a los familiares del canciller y representado en un retrato del pintor aragonés Bonanat Zaortiga en el retablo de la capilla, al pie de la Virgen de la Esperanza.


11. ¿Joaquín Gaztambide? (1822-1870) / Tudela
Una de las tumbas más misteriosas de Navarra es, precisamente, aquella en la que no están los restos de quien debiera. El Ayuntamiento de Tudela exhumó en este 2023 el ataúd en el que se creía que reposaba el cuerpo del músico Joaquín Gaztambide, pero técnicos de Aranzadi certificaron que en su interior se encontraba una mujer, confirmando lo que ya se había determinado en una exploración realizada en 1955. Así, el que podía haber sido el último acto de la zarzuela póstuma del compositor ribero, solo será el primero, ya que el misterio ha quedado lejos de aclararse.
Gaztambide murió en Madrid el 18 de marzo de 1870 y fue enterrado en el cementerio Patriarcal de la capital. Tudela solicitó recuperar los restos y, en 1921, tras ser despedido el ataúd con honores en Madrid, viajó en tren hasta Tudela, donde fue recibido el 19 de marzo de 1921. El féretro fue depositado en la capilla del cementerio y, en abril, se trasladó al panteón de la familia Garbayo. En 1941, y debido al traslado de otro cuerpo al panteón de los Garbayo, el ataúd fue introducido en un nicho, pero 14 años después los miembros de la comisión encargada de la construcción del prometido mausoleo a Gaztambide abrieron el ataúd encontrándose el cuerpo de una mujer, igual que los expertos que volvieron a examinar la tumba en 2023.


12. Donald Cecil Broadbent Walker (-1943) / Peña
En noviembre de 1943, un avión inglés con la misión de fotografiar objetivos militares en la Francia ocupada por los alemanas fue alcanzado por las baterías antiaéreas enemigas. Los dos tripulantes del avión consiguieron guiar el aparato al otro lado de los Pirineos, con la intención de saltar en paracaídas sobre el territorio neutral español y evitar así ser apresados por los alemanes. El copiloto, A. M. Crow, lo consiguió, cayendo cerca de Sos del Rey Católico -fallecería un año después, bombardeando Berlín-. El otro, el piloto, se estrelló en el Monte de Peña, cerca de un pueblecito hoy despoblado en la muga de Navarra, y falleció.
Los vecinos de Peña enterraron a D. C. B. Walker en una austera tumba coronada por una cruz, que el propio hermano del aviador de la RAF (Real Fuera Aérea Británica), John David Walker, visitó en 1951. Curiosamente, el alguacil de Sangüesa Francisco Armendáriz fue el único que pudo servirle de intérprete. Al año siguiente, aquella cruz original se sustituyó por la lápida que sigue en pie hoy en día y que todos los 1 de noviembre, Día de Todos los Santos, recibe la visita de montañeros de Sangüesa que acuden al lugar para rendir homenaje al piloto.


13. Daniel Cadoux (-1813) / Bera
Con las tropas napoleónicas abandonando a marchas forzadas la Península Ibérica tras ser derrotadas en la batalla de San Marcial, un regimiento inglés bajo el mando del capitán Daniel Cadoux se enfrentó a las tropas francesas sobre el puente de San Miguel, en el río Bidasoa. Los ingleses, superados en número, tuvieran que retirarse, pero su capitán permaneció en el puente protegiendo la huida de sus compañeros hasta que cayó muerto.
Sobre este puente, situado en el término de Bera, una gran placa de piedra en inglés y en castellano le recuerda: "A la gloria de Dios y a la memoria del capitán Daniel Cadoux y de sus valerosos cazadores del regimiento inglés 95 que murieron defendiendo este puente el 1 de septiembre de 1813 peleando por la independencia de España en unión de sus heroicos compañeros españoles".
14. Julián Gayarre (1844-1900) / Roncal
El genial cantante navarro Julián Gayarre, consagrado como primer tenor del mundo tras triunfar en La Scala de Milán en 1876 con su interpretación en 'La favorita', falleció en Madrid con solo 45 años. Una actuación en el Teatro Real mientras sufría una neumonía aceleró su fin y le otorgó fama inmortal.
El mausoleo del tenor, conservado en el cementerio local de Roncal, pasa por ser una de las mejores obras de Mariano Benlliure. La obra es de 1895, aunque no se colocó en el lugar en el que está actualmente hasta el año 1901. Se situó en esta ubicación a pesar de los deseos del propio autor y de la reina María Cristina, quienes pretendían que estuviera frente al Teatro Real de Madrid. La composición se eleva sobre unas gradas de mármol liso con alegoría de la música, mientras la armonía y la melodía elevan la urna sepulcral de bronce sobre la que se halla la fama en forma de genio alado.


15. Sancho VII de Navarra (1154-1234) / Roncesvalles
Sancho VII de Navarra, el Fuerte, rey que combatió en la célebre batalla de Las Navas de Tolosa y se convirtió en el último representante de la dinastía Jimena en el trono navarro, murió en 1234 en el castillo de Tudela. En un primer momento, recibió sepultura en la parroquia de San Nicolás de la capital ribera, pero dos años después sus restos fueron trasladados a la Real Colegiata de Santa María de Roncesvalles.
Hoy en día podemos visitar su impresionante mausoleo en la Capilla de San Agustín y asombrarnos con la enorme estatura que debió tener en vida, la cual superó largamente los dos metros según los historiadores.

