La primera gran historia de Navarra

El autor recuerda cómo nació la primera obra escrita sobre la historia de Navarra, publicada en 1632. La escribió Pedro de Agramont, un notario tudelano que ofreció sin éxito el libro a las Cortes y la Diputación. Ahora se guarda en Burgos, en el Monasterio de Silos

El monasterio de Santo Domingo de Silos, en la provincia de Burgos, donde se guarda la historia de Navarra escrita por Pedro de Agramont
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El monasterio de Santo Domingo de Silos, en la provincia de Burgos, donde se guarda la historia de Navarra escrita por Pedro de Agramont
El monasterio de Santo Domingo de Silos, en la provincia de Burgos, donde se guarda la historia de Navarra escrita por Pedro de Agramont

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Luis Landa El Busto

Actualizado el 02/05/2023 a las 08:21

La historia, a veces, es ingrata con escritores que han dedicado años enteros a crear un relato de nuestro pasado navarro y, sin embargo, el escrito queda siglos y siglos en silencio, enterrado en un cajón, como si la muerte le hubiera sorprendido sin apenas unos días de vida. Este hecho le sucedió a un notario tudelano, Pedro de Agramont, que escribió una historia de Navarra en dos mil hojas; abarca desde el inicio de la creación del mundo hasta la mitad del siglo XVI. Una obra manuscrita que permaneció sin rechistar dentro de un armario durante más de tres siglos y medio y que ni las instituciones ni editoriales particulares se afanaron en sacarla a la luz. El notario ofreció el inmenso volumen a las Cortes y a la Diputación, pero no les pareció interesante.

¿Quién era el Sr. Agramont?

Pedro de Agramont y Zaldívar (1567-1635), hijo de Gaspar y Ángela, nació en Tudela en 1562 dentro de una familia de notarios; hijo y nieto relacionados con el cobro de impuestos en la Merindad de la Ribera del Reyno de Navarra, y de gran sintonía en la propia monarquía de los Austrias. Estuvo en la Corte de Madrid y de gran influencia en el entorno de Felipe II. Aunque la familia procedía de la parroquia tudelana de San Nicolás, pudo ser bautizado en la catedral de Santa María, por su prestigio y rango; la madrina fue su abuela, Ana de San Jaime.

Su padre enviudó muy pronto a causa de la muerte de su esposa en un parto, por lo que de nuevo se casó con Ana Pérez. Sobre el apellido de Agramont, parece que algunas familias de Ultrapuertos se desplazaron hasta Tudela, implantándose el clan de escribanos Agramont, en el siglo XVI, en toda la Ribera; otros afirman que dado el renombre que tenía en Navarra, Pierres de Peralta, condestable de Juan II, la familia de notarios podría pertenecer al linaje de los agramonteses. No se ha podido demostrar esta última relación, por lo que simplemente podemos decir que pertenecía a la burguesía ribereña, pero no al linaje nobiliario.

No siempre se llevaron bien el clan Agramont, porque hay varios procesos judiciales y sentencias unos contra otros, como el que describió el autor, Pedro, contra su tío, también escribano, Miguel Agramont, en 1593. La dinastía de notarios en Tudela era bien conocida, ya que en 1502 ya consta un Agramont como notario. Por otra parte, se confirma que Pedro fue un judío converso de quinta generación.

La historia de Navarra

La gran historia de Navarra de Pedro de Agramont, fechada en 1632, se puede considerar como la primera obra escrita, anterior a la Historia de Cristianos y Serenísimos reyes de Navarra de 1643, del canónigo Martín de Argáiz y anterior a los Annales del Reyno de Navarra (1766) del jesuita Moret, que copió de ella, así como de Alesón. Está escrita en castellano de la época. Consta de dos mil páginas divididas por el autor en 6 capítulos y encuadernadas en un solo volumen. En el primero, como ejemplo, escribió sobre el desarrollo y la creencia mítica de los orígenes bíblicos del pueblo vasco y su evolución hasta la invasión musulmana. En el sexto, resalta apreciaciones y anécdotas locales.

El libro está encuadernado manualmente en piel coloreada, con algunas hojas manchadas por uso. El manuscrito original pertenece a los fondos de la biblioteca del Monasterio de Silos en Burgos y sacado a la luz por Segundo Otazu, en 1993. Podemos encuadrarlo como un singular manuscrito renacentista y no solo es un recorrido por el pasado de nuestra tierra, sino también ha servido como una fuente de interés etnográfico y sociolinguístico sobre la cultura y lengua vasca.

El título de la obra es extenso: Historia de Navarra y de sus patriarcas, gobernadores y reyes, desde la creación del mundo hasta el año del nacimiento de Jesucristo nuestro Redentor, de mil seiscientos treinta y dos. Escrita por Pedro de Agramont y Zaldívar, natural de la ciudad de Tudela, del mismo Reino, a quien va dirigida. Después de la muerte del autor, la obra no fue publicada en los siglos posteriores, sin embargo la citan ciertos autores, como Moret, luego la conocían y tomaron notas.

¿Cuál fue el objetivo de escribir tan magna obra? La pretensión de D. Pedro era averiguar la verdad en el confuso panorama de las noticias que en la Edad Moderna se divulgaban, tergiversando la auténtica Historia de Navarra. En el prólogo advierte: “Hay tantas y tan contrarias ideas unas de otras que hacen temer y confundir lo verdadero de lo fabuloso”. Según el autor quiere esclarecer la verdad bebiendo de “las verdaderas fuentes”, a la luz de algunas escrituras, que las acepta como buenas. El personaje de la Ribera se considera objetivo e imparcial, pero en verdad no cumple esos requisitos.

La integración de Navarra

Entre otros aspectos, narra los enfrentamientos, por mantener la muga, entre navarros y aragoneses en las luchas de Fillera y Vadoluengo (1312) cerca de Sangüesa y Aibar. Pero, sobre todo, la historia del tudelano es importante, porque vivió medio siglo después de la integración de Navarra a Castilla, alabando su incorporación. Agramont atribuyó el fracaso de la continuidad de Navarra como reyno (1512) a la “ineptitud del rey Juan II de Albret, hombre descuidado en los asuntos de guerra, sin consenso con las distintas familias nobiliarias y sin disponer de un número suficiente de hombres para la guerra; le faltó esperanza e ilusión de luchar contra el duque de Alba, que provocó el desamparo de la ciudad de Pamplona y de todo el reyno”. Familias nobles de la actual Francia prometieron refuerzos pero nunca llegaron.

El escribano de la Mejana consideró beneficiosa para el pueblo la nueva situación de pertenecer Navarra a la Corona de Castilla “por gobernar tan gran príncipe y monarca, como es el rey Don Fernando el Católico. A Navarra le supuso grandes beneficios al juntarse tan felizmente a Castilla”. Como testimonio de primera mano, siente haber perdido Navarra su identidad y su independencia como reino a partir del s. XVI.

Interés por la cultura euskérica

Pedro de Agramont se distinguió por ser gran defensor de la lengua, cultura y origen del pueblo vasco, de manera que remontó su origen a las páginas de la Biblia para demostrar la relación con sus ascendientes. “Después de Noé, Tubal entra en Hespaña con toda su familia por las montañas de Navarra, de donde surge el bascuence”. Sigue afirmando: “A pesar del empuje de innumerables invasiones, los vascongados guardaron su propia y antigua lengua, traje y nobleza, gracias al asentamiento por las montañas de Navarra y Vizcaya. No admitieron otra lengua de cuantas nacieron o vinieron, sino la que hoy hablan y conservan”.

Refiriéndose al monarca clave de Navarra, “los navarros tuvieron y nombraron por rey, como persona natural y de su lengua vascongada, trato y trajes de la montaña, a Don García Ximénez (s.IX), cuyo renombre muestra a las claras ser español. No es semejante ni se halla entre los godos, alanos, suevos, ni otras naciones, sino de estas montañas, donde no se hallan ni se sabe que los godos hubiesen hecho asiento”.

En su referencia a la lengua vasca, la considera como un tesoro inestimable y de riqueza propia, que la califica como “el viejo idioma de los navarros”. Sin olvidar la cantidad de topónimos, etnografía y palabras que se conservan en los pueblos de España. Sobre la vestimenta de los vascos, afirma: “Se vestían de los pellejos de los animales lanudos y de telas muy toscas y groseras de lana, que cubrían por entero el cuerpo de arriba abajo, que llamaban “saguía” de ornato, de donde tomó el nombre “capisayo”.

Los errores de la obra

En un escrito de tantas páginas y con pocas referencias históricas de siglos anteriores, no era fácil buscar fuentes fidedignas. Don Pedro investigó y quiso sacar la verdad, pero muchas veces se basó en mitos y leyendas populares, que se transmitían oral y por escrito de generación en generación, como parte de la vida cotidiana. De esos documentos escritos y otros orales, con tintes fantasiosos, construyó el relato, sin rigor científico ya que no eran reales ni verídicos.

Por ejemplo, Agramont está convencido, según la creencia popular, del origen oriental del País Vasco y sostiene que la lengua vasca argumenta su antigüedad “en el primer balbuceo de la Humanidad”. Algunos autores contemporáneos no dan credibilidad a las justificaciones de Agramont y resaltan otros orígenes: que la lengua vasca pudo provenir desde las cuevas de Altamira hace quince mil años, que proviene del territorio africano de Mali, del Oriente próximo o del sur de Francia, concretamente de Aquitania. Para nada quieren remontarnos a Noé.

Traducción

Después de tantos años en la penumbra, en junio de 1993, el editor Segundo Otazu Jaurrieta comprendió la importancia de ese volumen, encargó su traducción a un grupo de expertos. Después de tres años, Fermín Miranda y Eloisa Ramírez de la UPNA, entre otros, sacaron adelante la Historia del escritor ribereño el 16 de junio de 1996, publicada por Mintzoa, SL. La ingente obra comprende 2 volúmenes, el facsímil del manuscrito al castellano actual y la transcripción completa en castellano antiguo, copia exacta del que se encuentra en el Real Monasterio de Santo Domingo de Silos (Burgos). Se editaron 200 ejemplares.

¿Quién trasladó la obra a Silos?

Un muchacho, Domingo Vítores, que en la vida religiosa cambió su nombre por Liciniano Sáez Hernando (1737-1809), ingresó en el monasterio benedictino de Silos en 1754, realizando estudios universitarios. En 1769, al monje se le nombró archivero y bibliotecario, donde pronto se distinguió por el manejo de su pluma para copiar documentos con gran fidelidad. Ante el currículo que se forjó, se le nombró académico supernumerario de la Real Academia de la Historia y se especializó en numismática.

Las Cortes y la Diputación de Navarra, vista su eficacia como archivero y copista, le contrataron para ordenar y transcribir textos del Archivo de Comptos Reales. Para ello permaneció en Pamplona desde 1786 a 1789, que abandonó la capital por su delicada salud. Hoy podemos apreciar los 29 volúmenes sobre los documentos de Comptos y un índice en 21 tomos, que lo completó su discípulo Gregorio Moreno. Participó también en el Diccionario de Antigüedades de Navarra en 4 volúmenes, finalizado por Yanguas y Miranda, pero sin corregir sus errores. Liciniano cobró su trabajo y todos sus viajes.

El benedictino Liciniano contempló y revisó el voluminoso escrito de Agramont en Pamplona. Se supone que cuando el Sr. Agramont pidió a la Diputación que lo editara, lo trasladaran de la Ribera a Pamplona para su estudio, pero los técnicos no lo creyeron interesante y ya se quedó en el archivo. En conclusión, es posible que en una de tantas idas y venidas de Silos a Pamplona y viceversa, pagadas por la Diputación, Liciniano trasladara la Historia del Reino de Navarra de Agramont al monasterio de Silos.

Aquí vienen las preguntas: ¿Por qué se la llevó? ¿Para hacer un estudio exhaustivo? ¿Para copiarla al castellano actual? o ¿La sustrajo “intencionadamente” por su gran valor? ¿Las autoridades navarras le permitieron trasladarla a Burgos por su delicada salud con el fin de devolverla? ¿Hay algún documento en el archivo que acredite el permiso para llevársela?

El problema es que Liciniano murió en 1809, y el manuscrito, después de más de dos siglos, sigue con los benedictinos. Hoy es una de las joyas del monasterio y no se accede fácilmente para poder contemplarla. ¿No se podría probar que el manuscrito llegó a Silos de modo circunstancial y solicitar su vuelta a Navarra?

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