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Tribuna histórica

Alberto Pelairea, hijo adoptivo de Fitero

Se ha cumplido el centenario del nombramiento del poeta como hijo adoptivo de la localidad ribera, a la que llegó en 1908 como administrador de los Baños termales. Pronto contactó con las gentes del lugar, sobre todo con un grupo surgido del Regeneracionismo

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Pelairea dirigiendo una rondalla en Fitero, según una caricatura de Florentino Andueza de los años veinte del siglo pasado
  • Ricardo Fernández Gracia
Publicado el 27/12/2022 a las 08:29
Frecuentemente, al referir un hecho, no nos detenemos a considerar sus causas, olvidando que el grado sumo del saber radica en contemplar el porqué. Vamos a reflexionar sobre los hechos que condujeron al nombramiento de Alberto Pelairea como hijo adoptivo de Fitero, en 1922.
El poeta llegó a Fitero como administrador de los Baños termales en 1908. Muy pronto conectó con sus gentes y, particularmente, con un grupo de hombres surgidos del Regeneracionismo, entre los que figuraban el farmacéutico Fernando Palacios y el médico Miguel Herrero, ambos editores del semanario La Voz de Fitero (1912-1913), en donde Pelairea publicó, con asiduidad, sus poesías. El colegio de las Anas fue otro de sus lugares de referencia, al igual que Baños de Fitero, sin olvidar su amistad con sendos músicos: el director de la Banda Municipal, Lorenzo Luis y el organista José María Viscasillas, que musicalizarían algunas de sus obras. Asimismo, su empatía con gentes de todo el espectro social hizo de él una persona entrañable y querida.
Dos investigadores han recopilado sus obras de inspiración fiterana, Manuel García Sesma y Luis Gil Gómez. El primero realizó un importante listado en 1969, completado en 1981. Luis Gil, autor de su Antología (1973), hizo a partir de un compendio de sus poesías que guardaba Fernando Alfaro, sendos artículos, en 1975, señalando acertadamente que Pelairea era escuchado como verdadero oráculo, por su chispa, ingenio, simpatía, espontaneidad e inventiva, lo que le convirtió en un fiterano más, por tener un fondo sensible que le hizo afín a las gentes y su entorno.
Alberto Pelairea
Alberto Pelairea en un retrato del prestigioso establecimiento zaragozano de Jalón Ángel, en la década de los veinte del siglo pasado
LAS CAUSAS REMOTAS Y PRÓXIMAS DEL NOMBRAMIENTO
Entre las motivaciones remotas hemos de señalar las distinciones de que había sido objeto en Navarra. En lo relativo a Fitero, destacaremos las numerosas composiciones en verso y prosa que, desde 1910, tenían como protagonistas a la villa, sus gentes, sus signos de identidad, su historia, su toponimia, su monasterio, la cruz de la Atalaya, la Virgen de la Barda, etc. Todavía no está hecho un recuento de todas y siguen apareciendo inéditas en cuanto se investiga su entorno, incluso el proyecto editorial de un libro de poemas.
En cuanto a las causas próximas, hay que recordar que en 1922, el poeta acababa de ser premiado, junto al maestro Joaquín Larregla, por el Himno a San Francisco Javier. En el mismo año también se distinguió por su apoyo incondicional en la organización de diversos actos benéficos a favor de los soldados del pueblo que estaban en África. En abril organizó una velada en el Teatro Gayarre de Fitero -proyectado por Martínez de Ubago en 1915- con la representación, entre otras, de su obra La Cruz de la Atalaya, ya estrenada en 1918 en el colegio de las Anas, que emocionó a los asistentes.
Entre las composiciones poéticas que habían llegado a las entrañas del pueblo figuran unos versos para el camarín recién inaugurado de la Virgen de la Barda (1918). Cuando se abría aquella estancia para la veneración de la imagen, con un respeto reverencial, se leían aquellos versos fechados en 1919.
EL AYUNTAMIENTO ESCUCHA AL VECINDARIO Y APRUEBA EL NOMBRAMIENTO
Una instancia suscrita por los padres de los soldados fiteranos que estaban en África, agradecidos por el envío de todos los beneficios de las funciones teatrales organizadas por Pelairea, pidieron al Ayuntamiento que se le nombrase Hijo Adoptivo, y que hicieran un homenaje en su honor. El Ayuntamiento accedió por unanimidad y el vecindario vivió la noticia con alegría y satisfacción.
La fecha elegida fue el día 14 de septiembre, en plenas fiestas patronales. La jornada comenzó con unas dianas y contó con un gran acto en el Teatro Gayarre, al que asistió como invitado especial el gobernador civil, que se hospedó en el Balneario. Gran calor popular y ovaciones provocaron las intervenciones del alcalde, el gobernador, José Luis Armas -al que años más tarde Pelairea dedicó un poema en su fallecimiento (1927)-, que hizo una hermosa laudatio, y el propio homenajeado que declamó unos versos compuestos ad hoc, editados en sendas versiones, una más lujosa. En ellos, tras ponderar la fe y fortaleza del obispo virrey Juan de Palafox, la fuerza de san Raimundo, la grandiosa elocuencia del obispo Díaz y Gómara, recién homenajeado en su Fitero natal en 1921, así como el pecho de acero de los soldados de la localidad destinados en África, concluía así:
Mas nada de eso tengo, mi pobreza me abruma,
para pagaros solo dispongo de mi pluma
que torpemente guía mi humilde inspiración;
con ella por FITERO cincelaré mis rimas
cantando nuestros llanos, nuestro sol, nuestras cimas,
en un canto que sea más que canto oración.
Porque quiero tan solo dedicar mis fervores
a esta tierra gloriosa de todos mis amores,
a este suelo navarro todo lleno de luz,
el que hoy me abre los brazos, el que a mi madre guarda,
el que amante protege la VIRGEN DE LA BARDA
y en que ya me esperan sitio y una Cruz.
Hacia ese sitio marcho cogido de vuestra mano,
y hoy, cuando ya de huésped me convertí en hermano,
os repito empleando mi acento mas viril:
¡Todo para vosotros, todo para FITERO,
cuanto soy, cuanto valgo, cuanto tengo y espero,
vida, pluma y amores!… ¡PAISANOS! Gracias mil.
UNA ALIANZA DE POR VIDA
Si hasta 1922 la simbiosis del poeta con gentes e instituciones de Fitero fue algo bien perceptible, lo ocurrido entre esa fecha y su fallecimiento fue in crescendo y lo corroboran los hechos: letras de himnos o pasodobles, necrológicas para José Luis Armas, Casimiro Francés, etc., obras de teatro y tertulias variadas, entre ellas la que se celebraba en la trastienda del establecimiento de tejidos de Rufino Maculet, denominada como “el tranvía”. Se trata de muestras inequívocas de aquella especial relación que, en lo personal, terminó en abril de 1939, cuando murió y, por propia voluntad, fue enterrado en el cementerio local, junto a su madre y su primera esposa.
Libreto manuscrito del sainete La maestra nueva
Libreto manuscrito del sainete La maestra nueva, escrito por Alberto Pelairea para representar en el Colegio de las Anas de Fitero en 1914
Portadilla del díptico
Portadilla del díptico con los versos que el poeta leyó el día de su nombramiento como Hijo Adoptivo de Fitero, 14 de septiembre de 1922
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