Teatro

Carlos Hipólito: "Llevo 44 años en esta profesión, y siempre con la sensación de estar empezando"

El veterano actor afronta el primer monólogo de su extensísima carrera en ‘Oceanía’, obra póstuma del director de cine y teatro Gerardo Vera, fallecido en 2020. El montaje, que también retrata la España de los 50, llega hoy al Gayarre

Carlos Hipólito, en una escena de Oceanía, texto que recorre la apasionante biografía de Gerardo Vera, escenógrafo, director de escena y cineasta
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Carlos Hipólito, en una escena de Oceanía, texto que recorre la apasionante biografía de Gerardo Vera, escenógrafo, director de escena y cineasta
Carlos Hipólito, en una escena de Oceanía, texto que recorre la apasionante biografía de Gerardo Vera, escenógrafo, director de escena y cineasta

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Nerea Alejos

Publicado el 29/05/2022 a las 06:00

Oceanía fue el último proyecto que Gerardo Vera gestó antes de que el coronavirus se lo llevara prematuramente. Es el recuerdo de su infancia, del nacimiento de su eterno amor por el cine, del amor, del desamor, del compromiso político, del odio al padre, de la reconciliación… Y del germen del teatro, su gran pasión. Todo ello destilado en un monólogo de hora y media en el que Carlos Hipólito (Madrid, 1956) se mete en la piel del maestro.

¿Fue el propio Gerardo Vera quien le pidió que interpretara Oceanía?

Hace tres años, Gerardo empezó a escribir sus memorias con la idea de publicar una novela y finalmente aquello desembocó en un monólogo teatral. Gerardo estaba muy empeñado en que lo hiciera yo, pero yo le decía: “Si no nos parecemos nada físicamente y nuestras vidas no tienen nada que ver”. Y él siempre me insistía: “No hay otro”. Me producía cierto reparo afrontar un monólogo. Ya me habían ofrecido hacer un monólogo al menos en tres ocasiones, pero siempre había dicho que no porque a mí me gusta estar acompañado en el escenario: mirarle al otro actor y que nos pasen cosas. Pero entre la insistencia de Gerardo y lo que me produjo la primera lectura de Oceanía... Cuando la leí por primera vez, me conmovió de una manera brutal.

¿Por qué le impactó?

Es una historia muy universal. Y aunque habla de las vivencias de Gerardo, es una historia que nos atañe a todos. Habla de un niño que se siente diferente en una sociedad que le resulta hostil. Oceanía también es un retrato de nuestra historia reciente, de lo que pasaba en esa España gris de posguerra, en esos pueblos de Castilla donde Gerardo se crió, dentro de una familia muy tradicional y con un padre falangista.

¿Entonces él encontró un refugio en el mundo de la ficción?

Sí. Gerardo descubrió el cine porque un amigo suyo del pueblo le colaba en la cabina de proyección y allí veían una película detrás de otra. Eso le ayudaba a escapar, como a tanta gente en aquella época. Oceanía también habla del despertar político de un país a través de un niño que va viendo lo que pasa a su alrededor.

Oceanía también es la historia de un padre y de un hijo.

La relación con su padre pasa de la admiración absoluta que Gerardo siente hacia él en su niñez al odio incontrolable cuando es adolescente. Ese odio nace por una serie de cosas que hace el padre y que afectan a la familia. Después, cuando el padre ya es mayor, se produce un acercamiento a través del perdón. Es una historia muy conmovedora. Como te decía antes, creo que nos atañe porque todos hemos tenido momentos de desencuentro con algún familiar y luego hemos tenido que reconducir esa relación.

Cuando leyó el texto por primera vez, ¿hubo algún episodio de la vida de Gerardo que le impactara especialmente?

Pues prácticamente todo. Nosotros habíamos trabajado juntos, pero yo no tenía ni idea de lo que él había vivido en su infancia, adolescencia y juventud. Todo me sorprendió muchísimo y eso me ayuda a interpretar el monólogo sin estar excesivamente tocado emocionalmente. Al final, estoy interpretando a un amigo que se nos fue en septiembre de 2020. Encarno a un Gerardo que yo no conocí, así que para mí es como interpretar a un personaje de ficción. Solamente hay un momento, al final de la obra, en el que Gerardo echa la vista atrás y reflexiona sobre todo lo que le ha pasado. Es un momento muy emocionante, en el que cada día me da un pellizquito porque ahí me aparece el Gerardo que yo conocí.

Antes ha contado que se resistía a interpretar un monólogo. Como actor, ¿qué sensaciones vivió las primeras veces que le tocó defender la obra en solitario?

Me he dado cuenta de que el monólogo es una experiencia muy bonita, porque eres tú solo quien maneja la relación con el público, los silencios, los tiempos... El compartir escenario con un compañero te ayuda en muchas cosas, pero a veces también desvirtúa lo que tú quieres hacer porque no siempre estás en total sintonía con quien tienes a tu lado. En un monólogo, eres tú el que manda. Además, Oceanía es un texto que está contado muy directamente al público. Miro a la gente todo el tiempo y hay momentos en los que se producen unos silencios sobrecogedores, de una emoción compartida. Estoy feliz porque he descubierto que el monólogo es un género estupendo (ríe). Además, en Oceanía no solo hago de Gerardo. Hago de sus tías, de su madre, de la criada, de su padre... Hay un montón de personajes.

¿Está siendo una de las mejores experiencias de su carrera?

Todas han sido muy gratificantes por unas razones o por otras, pero ahora mismo, es un placer ir al teatro para hacer esta función. No me cuesta nada, sino todo lo contrario: es una alegría enorme. Estoy deseando que llegue la hora de ir al teatro para hacer Oceanía. A estas alturas, después de tantos años de profesión, sigo pensando que me queda muchísimo por aprender. En Oceanía estoy descubriendo cosas nuevas y esto me hace sentir más vivo, más joven y más feliz.

¿Va a poder compaginar esta obra con algún otro proyecto?

Solo lo he podido compaginar con las grabaciones de Cuéntame, donde voy poniendo la voz en off a los capítulos. En Oceanía hago un trabajo muy especial, un monólogo de hora y media en el que tengo que estar muy concentrado y con mucha energía, por eso he preferido concentrarme solamente en Oceanía.

Ha estrenado más de 40 obras de teatro. ¿Hay algún título que se le haya resistido?

Creo que he hecho una galería de personajes maravillosa, no echo en falta nada. Al revés, doy las gracias por todos los que he hecho.

También ha interpretado personajes en los que no se veía, como el Macbeth de Gerardo Vera.

Afortunadamente, grandes profesionales del teatro han confiado en mí para hacer papeles que a priori no me iban de una manera clara. De hecho, yo tuve reticencias a la hora de aceptar varios de los papeles que he hecho. Por ejemplo, cuando Miguel Narros me ofreció el papel de Don Juan Tenorio. Yo le decía: “Pero hombre, yo no soy un prototipo de Don Juan”. Y Narros me decía: “Pues ya verás que sí”. También me pasó con Claudio Tolcachir cuando me llamó para que interpretara al padre de Todos eran mis hijos, de Arthur Miller. Era un personaje mucho más mayor que yo y con otro aspecto físico, pero Claudio quería que lo hiciera yo. En el caso de Gerardo, él quería montar un Macbeth diferente, y también funcionó bien. Ha habido gente que ha confiado en mí más que yo mismo (ríe). Esa es la gran suerte que he tenido.

También ha demostrado ser un todoterreno.

He intentado ser lo más dúctil posible y por eso he intentado recorrer todos los rincones de este oficio. He hecho teatro clásico, contemporáneo, comedia, drama, musical, clown... Cuando llevaba tiempo instalado en un cosa, me gustaba cambiar. Me atrae el riesgo y me gustan los retos, así que desde joven me preparé para ser un actor lo más multidisciplinar posible. Llevo 44 años en esta profesión, ¡qué barbaridad! Pero siempre tengo la sensación de estar empezando. Y lo más importante: me sigue dando el pellizquito cada vez que piso un escenario.

+ Oceanía. Hoy a las 19 horas en el Gayarre. Duración: 90 minutos. Entradas: 7 a 19 €.

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