Feria del Libro
Los escritores navarros brindan a Fernando Luis Chivite su primer homenaje
El autor contó en la apertura de la II Feria del Libro de Navarra que él optó por buscar un trabajo a media jornada para poder escribir libremente la otra media y reivindicó "no pertenecer a ninguna jauría"


Publicado el 27/05/2022 a las 19:29
Podía ser la mujer que escuchaba camuflada tras una mascarilla morada y los cristales oscuros de sus gafas levantados, a modo de visera, sobre las gafas de ver. O la que intentaba acallar a su perro, que se puso a ladrar de repente. O el hombre que tocaba el acordeón en una esquina de la Plaza del Castillo. Todos podían ser Lucho, el amigo imaginario que acompaña desde hace unos meses a Fernando Luis Chivite en sus columnas de prensa. El escritor confesó ante todos ellos que Luchos hay muchos, tantos como columnas, y que se trata de un truco literario “infalible” que él aprovecha ahora pese a que se usa de siempre. “Lucho es el Sancho del Quijote, el compañero de viaje, el otro, el criado, el que da la réplica; Lucho es un pretexto”, explicó este viernes en el homenaje que acabó convirtiéndose en un 'strip tease' literario y emocional. La Asociación Navarra de Escritores ha elegido este año al autor de 'La tapia amarilla' para el homenaje con el que saludan todos los años el inicio de la Feria del Libro.
Allí, Chivite, que se jubiló hace tres años de su trabajo como logopeda en un centro de chavales con discapacidad, se declaró ante todo un poeta. “Todos lo demás es un añadido”, declaró. Otra poeta, Silvia Marambio, condujo el acto.
Chivite nació en Cintruénigo en 1959 pero para la primera comunión ya vivía en Pamplona. Fue un niño introvertido en una época que recuerda dura y difícil, entre la Rotxapea y la Milagrosa. “Fue una infancia escuálida, escueta, en blanco y negro”, situó. No tenía ni 20 años cuando empezó a asistir a las tertulias que organizaba la revista de poesía Río Arga en el Café Niza. “Yo era un mocoso con los ojos abiertos que iba a escuchar”, recuerda. Les debió hacer gracia y entró al Consejo de Redacción. Pertenecía a otro mundo. Sus poemas tenían otra musicalidad y otros modelos. Sus referentes eran cantautores, Bob Dylan, Leonard Cohen, poesía menos académica. Se educó después leyendo a Neruda, Vallejo o Félix Grande, del que acabó siendo amigo.
En general, Chivite se siente bien fuera de los grupos. Como dice en Apuntes para un futuro manifiesto 16, se vanagloria de ir por libre. “Defiendo al 100% no pertenecer a ninguna jauría, me he considerado siempre un outsider, fuera del rebaño, de la tribu”, aseguró. El éxito para él es algo relativo. Recordó que en España el 95% de los libros nunca alcanzan una segunda edición. “Los derechos de autor no llegan ni a mil euros en todos esos casos”, apuntó.
Él se reconoció como escritor temprano. Empezó a guardar sus textos y el primero está fechado en 1972. “Ya me sentía que estaba haciendo algo raro, a los 13 empezaba a tener conciencia de un impulso interior de escribir, del que desgraciadamente no me iba a librar”, compartió. No tardó en asomar la duda de qué hacer: escribir para ganarse la vida o buscarse un trabajo para escribir libremente. Optó por lo segundo. “Lo contrario habría sido ir con 25 años a Madrid o Barcelona, buscar un modus vivendi en torno a la escritura, vender tu pluma y estar al servicio de un grupo”, esbozó. No ha soportado nunca la presión. “Tengo intolerancia”, zanjó. Hoy puede decir que ha tenido un trabajo bonito e interesante a media jornada durante toda su vida; la otra media la ha empleado en escribir.
Durante el homenaje subieron varios escritores a leer pasajes de Chivite, como Koldo Pla, Miguel Ángel García o Miguel Izu. Arantxa Murugarren le hizo entrega de un ramo de flores e Iñaki Arbilla, presidente de los escritores, de una placa. Chivite expresó su extrañeza ante el propio hecho del homenaje. Le sorprende que le muestren admiración, le cuesta creérselo. Le han dado premios en su vida, y becas, pero pese a que le han intentado hacer muchos homenajes, reveló que el de ayer era el primero al que asistía, y creía que el último. Chivite concluyó con una cita de su autor de referencia, Robert Walser, cuando éste dijo que “hay que morir siendo amable”. Él lo completó: “Si no puedes vivir siendo amable muere siéndolo y, si no, al menos sé discreto”. Le faltó añadir: “Lucho”.