Cine

Gabriela Ybarra: "Tras el fin de ETA mi padre tuvo que volver a aprender a conducir"

Dos días antes del estreno en las salas de cine que tendrá lugar mañana, viernes, ‘El comensal’, dirigida por Ángeles González-Sinde sobre la historia de Gabriela Ybarra, celebró este jueves en Pamplona un preestreno, ya que la mayor parte del rodaje tuvo lugar en Navarra

De izda. a dcha: Ángeles González-Sinde, Gabriela Ybarra y Susana Abaitua, ayer, en el hotel Tres Reyes de Pamplona
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De izda. a dcha: Ángeles González-Sinde, Gabriela Ybarra y Susana Abaitua, ayer, en el hotel Tres Reyes de Pamplona
De izda. a dcha: Ángeles González-Sinde, Gabriela Ybarra y Susana Abaitua, ayer, en el hotel Tres Reyes de Pamplona

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Ion Stegmeier

Publicado el 26/05/2022 a las 06:00

Catorce años después de dirigir su última película, Ángeles González-Sinde, que ha sido además guionista, presidenta de la Academia de Cine y ministra de Cultura, cumplió el año pasado el sueño de rodar El comensal, la novela con la que Gabriela Ybarra irrumpió en el panorama literario en 2015. No era una novela al uso, Ybarra partía del dolor que sintió a la muerte de su madre en 2011 para encontrarse con la angustia que arrastraba su padre, de un modo muy distinto, desde hacía más de tres décadas. Javier Ybarra también perdió a su padre, que fue alcalde de Bilbao, presidente de la Diputación y de El Correo, pero en su caso no fue por enfermedad, sino por ETA, que lo secuestró y mató en 1977.

Al preestreno en Madrid fueron desde Antonio Garamendi, Zapatero, Cuca Gamarra, Yolanda Díaz, la infanta Elena... ¡Pocos eventos reúnen a gente tan distinta!

Ángeles González-Sinde: Sí, es verdad. Se dio esa circunstancia pero desde luego va bastante con el carácter que tenemos Gabriela y yo. La película va de personas, de familia, de cómo lo político y lo social afecta a esa vida familiar y cómo eso tiene luego repercusión en otras generaciones.

En realidad la película cuenta una historia de ausencias. ¿Cómo se puede mostrar lo que falta?

González-Sinde: Es muy buena pregunta porque en el cine es de lo más difícil de expresar, la ausencia. La novela tiene los recursos de la literatura que son mucho más adecuados paradójicamente para expresar lo invisible, pero en el cine muestras lo que está, es difícil mostrar lo que no está.

¿Hablan los objetos, esas hortensias azules del padre, el cuadro del comedor familiar?

González-Sinde: Sí, nos hemos servido de diferentes estrategias para intentar trasladar a la pantalla lo que para mí era fundamental de la novela, que era ese punto de vista contenido, delicado, que no tiene miedo a entrar en lo emocional pero sin entrar en lo melodramático.

La propia cámara se acerca a las escenas despacio, con mucho respeto, como pidiendo permiso para entrar en esta familia.

González-Sinde: Sí, tal vez, yo soy poco amiga de hacer primerísimos primeros planos. Me gusta mantenerme un poco fuera, como si viéramos a esas dos familias, la de 2011 y la de 1977, en su medio, pero sin invadirlos.

El personaje que se basa en usted, Gabriela, encuentra la salvación en la literatura, ¿le pasó?

Gabriela Ybarra: Cuando se empezó a trabajar el guion se parecía más a la novela, pero poco a poco se separan. Era importante que Ángeles pudiera hacer suya la historia. Yo siento la necesidad de escribir cuando mi madre se muere, me impacta mucho. Para elaborar mi duelo necesito poner por escrito cómo ha sido la enfermedad. Pero mientras estoy escribiendo me doy cuenta de que me atasco y que hay comportamientos de la familia que no acabo de entender. Y veo que la explicación está en el asesinato de mi abuelo. Echando la vista atrás me doy cuenta que había muchas cosas que habían impactado en mi vida pero yo había vivido como si no tuvieran nada que ver conmigo. El asesinato de mi abuelo, que había ocurrido seis años antes de que yo naciera, era una cosa de otro tiempo.

¿Le ayudó escribir?

Ybarra: Al principio yo creía que sí pero ahora ya no lo tengo tan claro, porque es verdad que la historia es más abarcable y da la sensación de que tienes cierto control sobre ella, pero luego también hace visibles una serie de problemas y fantasmas que cuando los tenía en el cajón vivía muy bien. Es un equilibrio difícil, el ser excesivamente consciente y el vivir negando en exceso.

¿Qué le aporta a la película lo que no está en la novela?

González-Sinde: La novela se centra mucho en la relación con la madre y en cambio la película es más central la relación con el padre. Digamos que en la novela están todas las semillas de lo que luego se desarrolla en la película pero no todas con la misma importancia. La novela puede abarcar un campo mucho más amplio de tiempo y, en cambio, una película tiene que tener 90 minutos. Era importante que lo que percibes en la novela a través de un minucioso recuento de la vida con una madre se haga con la elección de actores. Para mí era importante que Adriana Ozores pudiera ser esa madre. Es el tipo de persona que tú puedes entender fácilmente que su ausencia será un agujero muy grande, que tiene esa solidez, esa inteligencia y ese reposo que ella sabe hacer.

La película recoge el momento en el que ETA anuncia su cese. ¿Cómo lo recuerdan?

González-Sinde: Yo estaba en el gobierno y al día siguiente había Consejo de Ministros. Yo, aunque estaba en el gobierno, es que no lo esperaba. Es algo que se llevaba con total discreción y lo sabían los que estaban en los máximos cargos de responsabilidad de Interior y de Presidencia. Fue muy emocionante, claro.

Ybarra: En nuestro caso en el momento no sabíamos muy bien qué significaba. Fue como un: “Ah, y qué significa, es una tregua, se acaba ya del todo o cómo va”. No fue hasta que pasó el tiempo que realmente pudimos experimentar lo que es vivir sin una amenaza encima, pero fue algo de meses. Mi padre tardó un tiempo en despedir a su escolta. No es algo que anuncian la noticia y todo cambia. Es un proceso. De repente mi padre tiene que volver a aprender a conducir o poner un ticket en el parquímetro.

El ambiente político de la época también se recrea en la historia.

González-Sinde: Claro, para poder contar de manera eficaz. Me parecía importante incluir algo de la campaña electoral del 77, que también es la razón por la que secuestran esos días a Javier Ybarra. Y hacerlo coincidir con que en 2011 hubo municipales. Cuando la familia viene a Pamplona a tratar a la madre de su enfermedad venía bien hacer coincidir con una campaña electoral que a él le pudiera inquietar, que tuviera esas resonancias de entonces.

Lo cierto es que no se limita a rodar en Pamplona, sino que la introduce en la película, ¿cómo fue?

González-Sinde: Rodar aquí no tiene comparación con una ciudad grande. Es una maravilla. Primero porque estás muy concentrado, segundo porque las distancias hacen que las jornadas aunque sean largas no tengas que sumarle todo ese tiempo de desplazamiento, y luego porque en nuestro caso la historia original ocurre en Nueva York, que es donde la madre va a tratarse y donde la hija hace su posgrado, pero no se podía rodar en Nueva York porque ya no se podía viajar por la pandemia. A lo mejor otras ciudades de España no reúnen esos requisitos pero Pamplona, sí. Pamplona tiene clínicas donde viene gente de todas partes y tiene universidades donde la gente viene a hacer posgrados y a estudiar específicamente. Me parecía mejor poder usar la ciudad de verdad, no tener que fingir que era otra cosa. Y poder sacar todo, hasta San Fermín, aprovechando que es una familia para quienes la religión es importante.

¿Cómo lo vivió usted, Gabriela?

Ybarra: Vine un día cuando rodó en el bosque y fue emocionante. Fue impresionante porque era una escena que tenía mucha gente, muchos guardias civiles, extras y un camión gigantes de vestuario. Me impresionó cómo había surgido de la nada todo ese set. Y que la culpable había sido yo, hacía unos años, escribiendo en un cuarto.

Susana Abaitua: "Una novela escrita por tu personaje es un regalo"

Susana Abaitua es de Vitoria, donde nació en 1990, y tiene familia en Pamplona, de modo que conoce bien la ciudad. Nada más terminar el rodaje de No mires a los ojos con Félix Viscarret, el año pasado pidió “un apartamentito” en la ciudad, porque se vino con su perro y su gato, y se instaló para abordar uno de sus papeles más intensos, el de Icíar Arriaga, nombre que recibe Gabriela Ybarra en El comensal.

¿Puede que sea su mayor papel?

Sí. No te sabría decir, pero sí que es la primera vez que mi nombre aparece el primero [risas].

¿Habló mucho con Gabriela?

Hay una cosa que es un regalo. Normalmente yo me hago los cuadernos de mis personajes, de dónde pueden venir, etcétera, pero es que aquí hay una novela escrita en primera persona por el personaje. Y además con una manera tan sencilla y tan bonita de escribir que es un material enorme. Luego entró la siguiente fase, que fue hablar con Ángeles. Me acuerdo que estuve mirando el instagram de Gabriela y pensé ponerme el pelo de un modo, porque salía así. Y Ángeles me dijo que no, que estaba basado en la novela pero no íbamos a hacer una imitación.

¿Entonces no se vieron?

Le dije a Ángeles que aún y todo quería reunirme con Gabriela no para imitarla, ni para ver cómo se movía ni nada, sino para hablar del viaje emocional. Quería entender cómo lo vivió. A raíz de ahí solté un poco a Gabriela, aunque estaba muy presente desde el principio, con mucho respeto. Nunca entraba en nada, pero tenía cualquier duda y podía llamarla.

Hay mucha contención en la película, el personaje de su padre permanece hierático, mucho silencio. ¿Es difícil no-hacer?

Ese fue el camino difícil, en lo que Ángeles nos insistió mucho. Mira que yo soy super expresiva, soy expansiva, saco afuera todo lo que me pasa, lo que pienso... y este personaje hasta que no me come la ansiedad no explota. Aguanta y respeta al padre, respeta su silencio, y ella por su lado se pone a investigar porque no puede más. Eso fue lo que más me costó y lo que más me gustó. O ese momento con la ama en el sofá y no poder romper a llorar. La película es muy poco pretenciosa, es sencilla. Ángeles, sin querer o queriendo, gracias a una conexión con Gabriela muy buena, ha captado un poco el alma de la novela, y eso era muy difícil.

¿Cómo le pilla de cerca lo que vive el personaje, por el lado de ETA o por las ausencias?

Por el lado de ETA por supuesto me resuena, soy de Vitoria-Gasteiz, lo conozco, y en el lado de pérdidas familiares, también. Lo que pasa es que yo nunca utilizo mi vida personal, para nada. Yo en ese momento soy Icíar y mi padre es Ginés [García Millán] y mi ama es Adriana Ozores. Quien me duele que se vaya es Adriana, no es alguien de mi familia ni pienso en mi abuela o el que sea.

El proyecto se ha alargado años, ¿cómo lo ve desde la meta?

Recuerdo que me enamoré del guion y de la novela. Era una época que tenía mucho trabajo y cada vez que me salía algo decía a mi representante: “Maite, llama a Isa Delclaux [la productora], o a Clarisa [Pardina, de Tornasol Media], llámales por Dios, y diles que me ha salido algo por si van a hacer la peli, porque yo quiero hacer la peli”. Y así durante cinco años. Cada vez que me salía algo tenía que avisar. Hasta que llamaron y por fin.

Porque fue antes que Patria, pese a lo que podrían pensar muchos

Fue antes, sí. Esto me ha pasado en todas las entrevistas: “Claro, te han visto en Patria y te llamaron para eso”. No. Estaba antes.

Esa racha de trabajo continuó después, tras Pamplona se fue a rodar a Colombia.

Sí. Es un proyecto precioso, tengo muchas ganas de que salga. Es una serie con dos mujeres protagonistas, en República Dominicana, durante la dictadura de Trujillo. Una historia preciosa. Ahora acabo de terminar una película en Madrid. Yo todo, todo, todo lo ruedo o aquí, en el norte, o en Colombia, o en Marruecos o en Barcelona. Pero justo acabo de rodar una película en Madrid, al final estoy instalada en Madrid y llevo cinco o seis años fuera de casa. Es con Alauda Ruiz de Azúa, la directora de Cinco Lobitos.

Coincide Cinco Lobitos con El comensal, ¿buen momento del cine?

Sí, y Alcarràs, que es maravillosa. Y lo que queda por estrenar. Va a ser un año muy bonito.

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