Cine
'Espejo, Espejo', la comedia rodada en Pamplona que casi frustra la pandemia, llega el viernes a los cines
El director, Marc Crehuet, recuerda que los casos de Covid paralizaron el rodaje en verano de 2020 y se llegó a plantear incluso desmontar los decorados que se levantaron en el edificio IWER


Publicado el 18/05/2022 a las 06:00
Los personajes de la película de Marc Crehuet se miran constantemente en el espejo, pero no para peinarse o meterse la camisa por dentro, sino para hablar con sus propias contradicciones, que se asoman desde el otro lado del cristal. Santi Millán, Malena Alterio, Natalia de Molina y Carlos Areces protagonizan una comedia que tiene lugar en la ficticia Cosméticos Medina, una gran empresa que se recreó en el edificio IWER de Pamplona, y que permite a Crehuet (Santander, 1978) hablar de la identidad y de los conflictos personales de cada uno a través de estos personajes desdoblados. Era verano de 2020, cuando la pandemia complica mucho los rodajes.
¿Es ésta una película doble?
No lo habían definido así pero me parece una buena definición.
Para los intérpretes hacer esas réplicas exactas a sí mismos desde el otro lado del espejo sería como hacer encaje de bolillos.
Sí, pobres, no se esperaban este nivel de complejidad. La verdad es que nadie nos lo esperábamos. El tema de los espejos es más complejo de lo que parece. También a nivel técnico, pero sobre todo interpretativo. Recuerdo que Carlos Areces me dijo: “Me han dicho que quieres que imitemos los propios gestos”. Le dije: “Sí, sí”. Y él: “¡Pero esto no lo vamos a poder hacer!”.
¿De dónde parte la idea?
El tema de los espejos es algo que me interesaba desde hace tiempo. Lo había ensayado en una serie que tenía en TV3 que se llamaba Pop ràpid, por ejemplo, lo hacía pero más con diferencias físicas de personas que se ven más jóvenes o más cachas. Luego en una obra de teatro también eran personajes hablando consigo mismos. Cuando Rodar y Rodar [la productora] me plantea la peli tenía este tema ahí, quería abordar y jugar con él, y me dediqué a buscar el concepto adecuado para explotarlo al máximo.
¿Su reflejo en el espejo es de los que le anima o le frena?
Digamos que al final gana el que anima, pero hay uno bastante castigador, no sé si llega al punto del de Areces pero tengo uno muy exigente, muy pesado [risas].
¿El cine también hace de algún modo la función de espejo?
No lo había pensado pero quizá sí. A mí todo lo que es metalenguaje me interesa. Todo lo que son otras dimensiones, ir a otro lado, mirar otra perspectiva... me parece interesante. Después viendo lo que voy haciendo -al final uno cuando escribe no es del todo consciente- sí que veo que hay un tema de comunicación que me interesa, con los demás y con uno mismo; las barreras para comunicarnos, la dificultad de definirnos y de conocernos.


El rodaje fue bastante al principio de la pandemia y no resultó nada fácil, ¿cómo lo recuerda?
Fuimos de los valientes que rodamos en pandemia. Tuvimos que parar diez días por casos de covid, de hecho hubo una crisis fuerte porque hubo un momento que se planteó incluso desmontar decorados en Pamplona. Eso a lo mejor hubiese provocado que no se hubiese acabado la peli. Por suerte después pudimos volver a rodar. Lo recuerdo con inquietud, también desbordados por los efectos, que nos complicaba el rodaje. Tuvimos que pedir un segundo equipo de cámara porque tras el parón íbamos mal de tiempo y cada escena como mínimo había que hacerla tres veces.Y al mismo tiempo lo recuerdo con mucho cariño porque Pamplona es la ciudad ideal para rodar. Y se generó un núcleo familiar gigante porque todo el equipo solo nos relacionábamos entre nosotros y se generó una química muy buena y una complicidad que es difícil encontrar.
¿Cuando se paró el equipo se quedaron en Pamplona?
Una parte se quedó en Pamplona y otra se fue a Barcelona. Recuerdo una llamada de la directora de arte diciéndome: “Marc, hay que impedir que desmonten decorados”. Estaban muy preocupados y con razón porque esto podía haber sido un coste increíble si hubiese salido mal.
En Pamplona se instalaron en el edificio IWER, ¿les dio juego?
Claro, es que fue la clave. Es difícil encontrar un sitio parecido para lo que queríamos. Queríamos que la película tuviese una sensación de naturalidad, que esto nos los daba el IWER con la luz, las ventanas y los espacios, y al mismo tiempo queríamos darle un tono muy peculiar, con un punto decadente pero bonito.
En el reparto hay con grandes cómicos, ¿es el que había pensado?
Estoy encantadísimo, super agradecido. Tuve mucha suerte porque gustó el guion, en seguida decían que sí. Fueron muy buenos pero además muy generosos, ensayamos mucho por zoom, era época pandémica, y tuve la oportunidad de poder trabajar los personajes bien, que es una de las partes que más me gusta de la dirección. Y además hay personajes de su padre y de su madre, pero encontramos un tono común de humor y todos eran cómplices.
Entre ellos hace un pequeño papel Verónica Forqué, en uno de sus últimos trabajos, ¿le remueve verla ahora en pantalla?
Sí, la verdad es que cuando se proyectó la película en el BCN Film Festival, donde se estrenó, hubo un silencio gélido en la sala en la secuencia de Verónica. Eso te remueve. Era una persona maravillosa y además muy divertida. El humor de su personaje viene de ella. La última frase: “¿Nos ponemos un gin tonic?”, con esa ternura y con el sentido que tiene esa frase, es suya, no estaba en el guion. A veces a mí me gusta alargar las tomas a ver si surgen cosas y Verónica es de las que da. Cuando me enteré de la noticia fue un bajón brutal, como para todos.
Está Netflix en la producción, ¿se plantea dónde se verá más, en las plataformas o en las salas?
Inevitablemente. El cine es una batalla bastante difícil, a no ser que se trate de un fenómeno como ahora Alcarràs, o que sea una película con una promoción a la americana y familiar. Yo creo que tenemos buenas cartas pero a ver qué pasa. Sí que estoy tranquilo en el sentido de que sé que estará en Netflix y que ahí se verá, porque al final lo que quieres es que la vea el mayor número de gente posible. Pero yo apuesto por que la gente vaya al cine.
¿Volverá a dirigir por aquí?
Ojalá. Además tengo amigos, ya no solo del rodaje, sino de los que hice. Oihan Iturbide, por ejemplo, que es un chico trans de mi edad que me estuvo ayudando a componer un personaje y tengo mucha ganas de ver. Así que este verano visita obligada a Pamplona. A nivel de proyectos tengo varios, hay que tener varios en la mesa, pero no es fácil que salgan.