Jon Aramendía, escritor:"Las circunstancias extremas nos pueden transformar en monstruos"

El escritor pamplonés vuelve a analizar la condición humana desde una visión determinista en su segunda novela, ‘La memoria de las sirenas’

Jon Aramendía, el pasado viernes en un bar del Casco Viejo de Pamplona
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Jon Aramendía, el pasado viernes en un bar del Casco Viejo de Pamplona
Jon Aramendía, el pasado viernes en un bar del Casco Viejo de Pamplona

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Nerea Alejos

Publicado el 15/05/2022 a las 06:00

Dolores, Juliana, Rosa, Encarna y Mari Jose. Tenían entre 16 y 22 años y eran las chicas más jóvenes de una pequeña localidad sevillana, Fuentes de Andalucía. Recién estallada la Guerra Civil, una noche de agosto de 1936, fueron secuestradas por un grupo de franquistas. En el cortijo de El Aguaucho las obligaron a servirles la cena sin ropa. Las violaron y las mataron. Supuestamente, sus cuerpos fueron arrojados al interior de un pozo.

Este terrible suceso le dejó “impactado” al escritor pamplonés Jon Aramendía. Lo leyó en un artículo de prensa en 2017, coincidiendo con los trabajos de excavación realizados en el pozo para tratar de recuperar los restos de las jóvenes. “Durante décadas, el boca a boca había indicado que las chicas estaban en el pozo , y resulta que no aparecieron allí. De repente, todo volvía a quedarse en suspenso”, comenta Aramendía. También le impactó que se hubiera producido “semejante grado de virulencia nada más empezar la Guerra Civil”.

Tras su exitoso debut literario con el thriller El demonio de Laplace, -logró el premio Icue Negro del Festival Cartagena Negra 2020-, Jon Aramendía se ha adentrado en un terreno literario diferente, que se acerca más a la novela de aventuras, pero con el terrible trasfondo de una guerra.

“Podía haber seguido con la novela negra porque El demonio de Laplace funcionó bien, pero me apetecía hacer algo diferente”.

Con el título La memoria de las sirenas, esta historia tiene como protagonista al joven andaluz José Rojo, testigo de lo que sucedió aquella noche de agosto en El Aguaucho, de donde huye para salvar su vida, pero con el alma atormentada por no haber podido defender a las jóvenes de sus agresores.

Desde entonces, la culpa y el deseo de venganza serán sus compañeros de viaje. “Estas chicas son el nudo emocional de la novela. A José le acompaña la memoria de estas jóvenes, y eso no solo le atormenta, también le cambia”.

Al igual que hizo en El demonio de Laplace, Aramendía pone el foco en el “determinismo”. Es decir, “cómo las circunstancias extremas nos marcan y nos hacen ser personas que en otras condiciones no seríamos”, explica.

He intentado evitar a toda cosa esa visión que clasifica a las personas en buenas o malas. Yo creo que las personas están atrapadas por sus circunstancias, no solo situaciones, sino también emocionales. Me interesa mucho ese punto de vista conductual o psicológico”. En este caso, analiza la condición humana en una situación “llevada al extremo”.

“En una situación como una guerra, la crueldad existe en los dos bandos. El bien y el mal no existen, eso es un juicio moral que hemos inventado los seres humanos. En realidad, uno no sabe cómo va a actuar, pero si matan a alguien de tu familia... Te puede pasar algo terrible y eso te transforma en un monstruo. En este caso, lo sucedido aquella noche en el cortijo transforma a José”.

Antes de que se produzcan estos sucesos, José es una persona a la que le gusta llevar una vida tranquila y que sueña con ser poeta, pero la guerra despierta en él un deseo de venganza. “Él en realidad no sabe de política ni de bandos. Él no se va a luchar a Madrid porque crea en la República. En realidad necesita sacar ese demonio que lleva dentro por todo lo que ha vivido”. El periplo de José le llevará hasta el pueblo pesquero de Lekeitio.

En esta huida hacia adelante, a José también le acompaña la poesía, que se va intercalando en la trama con unos versos escritos a mano. Aramendía desvela que la mayoría de estos poemas los ha escrito su amigo Iñaki Asiáin.

Aramendía tiene otros dos libros escritos, que de momento aguardan en el cajón.

“Desde que somos pequeños, todos los acontecimientos emocionales que vamos viviendo son como un cincel que nos va tallando. La memoria es el vehículo por el que somos quienes somos. Sin memoria no somos nada, ni como personas ni como país”.

Para Aramendía, lo más interesantes de esta historia es lo que se cuenta “entre líneas”.

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