Aniversario

Grego Navarro: “Pamplona ha demostrado una verdadera fidelidad a este teatro”

Lleva diez años al frente del Gayarre, los dos últimos batallando con una pandemia “muy dura” para el sector. Entre sus prioridades, la educación y la mediación con el público: “Es un campo que me estimula mucho”

Grego Navarro, posando ayer en el escenario del Gayarre con los elementos de atrezzo colocados para ambientar las visitas guiadas que se están realizando estos días
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Grego Navarro, posando este miércoles en el escenario del Gayarre con los elementos de atrezzo colocados para ambientar las visitas guiadas que se están realizando estos días
Grego Navarro, posando ayer en el escenario del Gayarre con los elementos de atrezzo colocados para ambientar las visitas guiadas que se están realizando estos días

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Nerea Alejos

Publicado el 05/05/2022 a las 06:00

Después de dos años tan complicados, ¿cómo está viviendo estos días de celebración?

Más que con celebrar, creo que este 90 aniversario tiene que ver con recordar. Estamos en un tiempo tan inquietante que todavía nos da un poquito de aprensión el celebrar algo. Al final nos hemos centrado en abrirle esta casa a todo el mundo. Queremos incidir en que somos una casa accesible. Además, en estos dos años, el público ha respondido de una manera impresionante.

Esa respuesta se traduce en un dato: un 95% del público mantuvo la entrada del espectáculo al que tenía previsto ir antes de que se aplazara.

Sí, la gente esperó a poder ver el espectáculo en otra fecha, en otra butaca y a veces en unos horarios rarísimos, como las cuatro de la tarde. Hubo teatros que devolvieron las entradas y volvieron a reprogramar, pero nosotros confiamos en que las funciones que teníamos previstas se pudieran programar en otro momento. Por ejemplo, para los conciertos de La Pamplonesa, el público tenía su entrada guardada desde el año anterior. Eso nos pareció muy bonito. Creo que dice mucho el hecho de que el 95% del público decidiera guardar su entrada. Con las restricciones de aforo y el tema de las distancias tuvimos que reubicar a la gente en otras localidades, pero nadie se quejó. La pandemia ha sido muy dura para las compañías, para los técnicos y para la estabilidad del sector, pero Pamplona nos ha demostrado una verdadera fidelidad a este teatro.

Como gestora, jamás se habría imaginado el tener que enfrentarse a una situación tan incierta...

Al principio todo fue muy desconcertante. Pero como nosotros estamos en la Red Española de Teatros, rápidamente todos los teatros empezamos a hacer conferencias online para ver qué íbamos a hacer con las entradas, con los contratos, con las compañías... Eso nos ayudó mucho a sentirnos parte de una misma comunidad teatral, porque todos estábamos pasando por lo mismo. También creamos un grupo de trabajo donde íbamos invitando a directores de escena, a autores... Fue un periodo muy interesante porque estuvimos explorando cómo continuar con nuestra actividad, sin dejar de buscar soluciones.

En el caso del Gayarre, la situación se abordó desde la tranquilidad de sentir el respaldo de una fundación municipal.

Sí, el Ayuntamiento ha estado ahí y hemos podido equilibrar todos los déficits que la pandemia estaba causando. Este teatro tiene un mecanismo de recaudación propia, pero obviamente esa recaudación se fue al garete. Hubo un momento en que nos vimos sin ingresos, pero teníamos que seguir activos. Nosotros fuimos viendo qué necesitábamos en cada momento para poder mantener la actividad, y el Ayuntamiento nos apoyó. Era importante que a las compañías y a los técnicos no les faltara trabajo. También teníamos muy claro que no podíamos subir el precio de las entradas.

Se cumplen diez años desde que asumió la dirección del Gayarre. ¿Han pasado muy rápido?

Sí, ¡rapidísimo! En los teatros vivimos en el futuro, porque siempre estamos pensando en lo que va a venir después. Y cuando vives en el futuro, el tiempo pasa mucho más rápido. Es impresionante, parece que fue ayer mismo cuando empecé a trabajar en el Gayarre. Ha sido muy interesante y enriquecedor, ha habido muchos retos... Sobre todo hemos convivido mucho con nuestra ciudad, porque Pamplona también se ha ido transformando en este tiempo.

¿Pamplona está viviendo un momento álgido a nivel cultural?

Siempre he pensado que somos una ciudad muy activa, muy de ir a todo. Ahora convivimos con más espacios y hay más oferta, así que como Teatro Gayarre nos hemos ido recolocando. También hay más programación en los municipios de la Comarca, y no queremos competir con ellos de forma negativa, sino complementarnos. Este tema afecta mucho a las compañías navarras. Si una obra se estrena en Villava, no tiene sentido programarla en el Gayarre dos semanas después. Es complejo trazar ese mapa de cadencias de tiempo con las compañías locales. Ante todo creemos que hay que respetar las programaciones de los compañeros y trabajamos en coordinación con el resto de entidades.

En este momento, ¿qué aporta el Gayarre en el actual engranaje cultural de Pamplona?

Estamos en una ciudad que tiene muchísimo interés por el teatro, así que eso es primordial. Por ejemplo, el Museo Universidad de Navarra está abordando la danza de una manera mucho más detallada que la que nosotros podemos hacer. Baluarte ha dejado de hacer teatro... Ante todo, nosotros somos la casa del teatro en el formato medio-grande, porque hay otros espacios que acogen el formato medio-pequeño, como los Civivox.

De todas las iniciativas que se han puesto en marcha bajo su gestión, ¿hay alguna de la que se sienta especialmente orgullosa? 

Me queda la espinita de no poder invertir más en producción, porque el Gobierno de Navarra ya no financia producciones con el Gayarre desde 2011, pero sí destacaría el poder acompañar y facilitar los estrenos de las compañías de aquí. Eso lo hacemos con mucho cariño. También ha ido a más toda esa parte centrada en la educación, la mediación con el público... Por ejemplo, hemos hecho propuestas de formación para el profesorado en torno al teatro como herramienta de educación. Creo que toda esta parte tiene un futuro maravilloso y a mí me estimula muchísimo. Además de producir y de exhibir, tenemos la misión de conectar con el público, de contagiarle la pasión por las artes escénicas. En el Lincoln Center de Nueva York tienen la figura del ‘teaching artist’, un artista que destina parte de su tiempo a la educación y a la mediación, es decir, a conectar con la sociedad. Creo que en la profesión hay que generar este sentido del arte educador.

¿Qué nuevo proyecto le gustaría poner en marcha?

Nos interesa mucho organizar un ciclo o un festival en torno al teatro de objetos. En vista de que no tenemos músculo para hacer grandes producciones, podemos plantearnos el apoyar a pequeñas producciones con grandes posibilidades de investigar. Es una vía que nos gusta mucho.

“Me vuelvo loca con las obras de Alfredo Sanzol”

¿Recuerda su primera experiencia como espectadora en el Gayarre?

Recuerdo que solía venir mucho al cine, era algo muy cotidiano. Desde muy pequeña venía a ver teatro, corales, danza... Me impactó mucho un mimo que se llamaba Frederik. Yo tendría unos 15 o 16 años y aquel artista me fascinó. Entonces me di cuenta de que el espacio, la luz y un intérprete eran algo muy poderoso. Una obra de teatro que me impactó mucho fue 1789 de El Lebrel Blanco. Fui a verla al teatro de la calle Amaya, entonces yo era muy jovencita.

En los 80, cuando se produjeron aquellas protestas para pedir que el Gayarre fuese un teatro municipal, usted también estaba ahí.

Sí, yo iba con mi cara pintada de mimo. Nos poníamos junto a la entrada del Gayarre, con globos, todos maquillados y vestidos, nos poníamos a cantar... También venía un marionetista alemán maravilloso que teníamos en Pamplona. Se llamaba Kurt. ¡Hacía unas marionetas increíbles! Aquello fue una iniciativa de Ignacio Aranaz, él estuvo muy activo en esa lucha para que este teatro fuera de Pamplona. Él era de los que decía: “¡Queremos que el teatro sea para la ciudad!”. Yo entonces estaba en el TEN (Teatro Estable de Navarra), con Ángel Sagüés, María Sagüés, Aurora Moneo, Javier Ibáñez... Estuvimos varios días manifestándonos.

Con motivo del 90 aniversario se ha difundido en Youtube la iniciativa Comparto Teatro, en la que participan varios profesionales navarros de las artes escénicas. Si tuviera que protagonizar una de esas piezas para hablar de su pasión por el teatro, ¿qué diría?

El nombre viene de la idea de que el teatro es compartir. Creo que los gestores y programadores compartimos propuestas que consideramos que son imprescindibles de ver. Cuando tú has visto algo y te ha impactado o te ha entusiasmado, puedes hablar de ello durante horas y además necesitas que te escuchen. Yo soy la primera apasionada del teatro, por lo que me aporta, por lo que aprendo, por lo que te permite conocer, viajar y volar.

¿Con qué autores, obras o directores le ha pasado eso, el querer estar horas hablando de ellos?

Siempre me pasa con las obras de Sanzol, de nuestro Alfredo. ¡Me vuelvo loca! Cuando leí el texto de El bar que se tragó a todos los españoles, me sentía como si estuviera viajando a Estados Unidos con el protagonista. Todas las obras de Sanzol tienen algo mágico, sobrenatural.

De los últimos montajes que se han visto en el Gayarre, ¿cuáles le han impactado más?

Creo que Una noche sin luna es una barbaridad. Ahí ves a un actor (Juan Diego Botto) en estado de gracia, dándolo todo, y además te trae ese Lorca al que amamos y adoramos. También me pareció otra barbaridad la obra Silencio de Blanca Portillo. Yo le dije: “Querida mía, esto es muy bestia. Es algo que no se puede explicar, no hay nadie que haga esto”. Si hablamos de artistas locales, me parece una verdadera joya la trilogía Pacífico de Laida Azkona.

¿Cómo se imagina su futuro? ¿Le gustaría jubilarse en el Gayarre?

Sí, ¿por qué no? Pero no lo digo como si fuera un derecho adquirido, porque yo estaré aquí hasta que me digan. Además, creo que viene un tiempo muy interesante para el arte y la dramaturgia. Ahora los creadores pueden recurrir a narrativas muy innovadoras, que antes eran impensables. Todo eso me parece interesantísimo.

DNI

Gregoria Navarro De Luis. Lodosa, 30 de marzo de 1961. Pertenece a una familia de cuatro hermanos, de los cuales es la segunda. Estudió en el colegio Federico Mayo de Pamplona. Entre 1979 y 1983 realizó estudios de interpretación, movimiento y voz en el Teatro Estable de Navarra. Es licenciada en Estudios Europeos por la Universidad de North London (Reino Unido) y máster en Gestión Cultural Europea por la Universidad de Warwick (Reino Unido). Desde abril de 2006 hasta su nombramiento en el Gayarre estuvo trabajando en el Teatro Español de Madrid (y las Naves del Matadero) como coordinadora de la Unidad de Difusión. Entre otras labores, ha sido coordinadora de la Red Española de Teatros entre 2000 y 2004. Además, es experta en marketing cultural.

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