Marta Sanz: "La cultura está en el centro del debate público por el feminismo"
En el cierre del ciclo Mujeres creadoras, la escritora Marta Sanz defendió ayer la utilidad de la cultura para "el desarrollo del sentido crítico, romper las inercias y ver el matiz"


Publicado el 29/04/2022 a las 07:49
Uno de los primeros textos del ensayo No tan incendiario (Periférica, 2014) plantea una treintena de preguntas, entre ellas si pensamos que la cultura vale para algo, si tiene alguna utilidad específicamente política, por qué o para qué leemos, si la que apreciamos es la cultura espectáculo, si la cultura es ideología o si toda la literatura es política. Son preguntas que se planteó la investigadora, ensayista y crítica de cine feminista Marta Sanz (Madrid, 1967), que reconocía que no sabía si tendría las respuestas. Hoy todas le siguen pareciendo "pertinentes" y se las formula a diario al coger un libro para leerlo o emprende la escritura de uno nuevo. "Son las preguntas en las que se basa cómo forjo mi poética y visión de lo que es la literatura, de la cultura, del alcance que puede tener en el mundo en el que vivo", resumió la protagonista de la última sesión del ciclo Mujeres creadoras organizado por el Instituto Navarro para la Igualdad e IPES y en la que mantuvo una charla a partir de Producir cultura en tiempos de crisis: estímulos y bloqueos con la técnica cultural y experta en gestión cultural feminista Nerea Madariaga.
Recordó Sanz que, cuando sus compañeros y compañeras de IU le invitaban a un acto cultural, "tenía la sensación de que la cultura era la guarnición del filete". "Me producía una rebelión y malestar interno muy grande porque creo profundamente que la cultura y la literatura sirven".
Para argumentarlo unió al auditorio, casi en su totalidad femenino, en esa conciencia de todas de que "hay determinados textos que pueden ser perniciosos; canciones, estribillos, historias, ficciones, maneras y modelos de representación del cuerpo femenino que pueden hacer daño y que debemos leer críticamente para que no terminen repercutiendo en un mal para nosotras". ¿Pero por qué no pensar que los artefactos culturales también pueden en un momento determinado ser una forma de imaginación política y social? La cultura tiene una utilidad, "naturalmente". Es más, añadió: desde 2018 "se ha colocado en el centro del debate público gracias al feminismo y a la sensibilidad feminista".
Ocurre, no obstante, que vivimos en una sociedad de mercado, "marcada por el neoliberalismo salvaje donde lo cultural solamente es lo espectacular y no tiene que ver con la formación del sentido crítico, con la educación, sino con el espectáculo y con la necesidad de una población entristecida y explotada de aliviarse de sus miserias cotidianas". Por eso defendió que no se puede aplicar la lógica del negocio a conceptos que tienen que ver con nuestra condición humana y son absolutamente innegociables. "Estamos perdiendo derechos fundamentales bajo la máscara de la libertad como posibilidad de elección. Está formando parte de la ideología invisible -la que ya no se siente como ideología porque está normalizada-".
Para ella, hemos llegado a un mundo donde, cuando se habla de consumo cultural, se confunde la democracia con la demagogia y la cantidad con la calidad. "Ya no hay diferencia entre lo popular y lo académico, pero va siendo hora de resignificar la palabra entretenimiento: a qué llamamos entretenernos. ¿El entretenimiento puedo conllevar de algún modo alguna acción que tenga que ver con el esfuerzo? Estamos en una sociedad demagógica, que confunde la opinión con el conocimiento, que entroniza posicionamientos viscerales en los que arraiga fundamentalmente la posverdad, el trumpismo y el fascismo".
Reivindicar la lentitud
¿Cómo se articula la creación en escenarios de crisis? ¿Tiene que mirar siempre hacia lo real?, planteó Madariaga. En opinión de Sanz, la literatura está "absolutamente" ensamblada con su contemporaneidad y sus problemas, con la ideología dominante de su contemporaneidad. "Para mí la literatura parte de la realidad necesariamente, no puede escapar de su contemporaneidad, de su tiempo y de su espacio. Nace de lo real y al mismo tiempo construye realidad".
Considera que caminamos hacia un consumo cultural incompatible con la tradición de la lectura analógica por vivir en una sociedad "condicionado por la prisa, la velocidad, lo efímero y lo que se dice en pocas palabras, bases fundamentales del populismo que tanto nos alarma". "Una forma de lectura semiótica profunda, tomarte el tiempo para disfrutar y ver la belleza de todo eso va a ser muy complicado porque parece que no nos va a dar placer y va a ser inútil". Pero su obligación como escritora es que eso no se pierda porque esa manera de leer está vinculada al desarrollo del sentido crítico y permite romper las inercias y ver el matiz. "Hay que reivindicar la lentitud", concluyó.