Literatura
Palabras y versos en el álbum del recién nacido
El parto, la lactancia, el llanto nocturno o el sentimiento de culpa. A todas estas realidades de los primeros meses de vida de su primogénito ha puesto palabras Ana Martín Labairu en un poemario


Publicado el 19/04/2022 a las 06:00
La espera antes del parto, el alumbramiento, la subida de la leche, el vínculo físico con el recién nacido, la culpa de las madres o la ilusión por el futuro. Son algunas de las realidades por las que atraviesa toda madre primeriza (o no) durante los meses que siguen al nacimiento de su primer hijo. Y a los que Ana Martín Labairu ha querido poner palabras “para que no se olviden”. Para que se recuerde siempre ese relato que transita entre las brumas y la nebulosa del agotamiento y el sueño, del miedo y la incertidumbre que rodean a uno de los acontecimientos más importantes de la vida, que es de convertirse en madre. Con ‘Pequeño’ (Cuadrante Ediciones, 16 euros), esta periodista y filóloga hispánica ha narrado en forma de breve poemario los cinco primeros meses de vida de su hijo Oier, que nació el pasado 19 de julio. Un bebé que, como todos, llegó con un pan debajo del brazo. Pero no solo en el sentido figurado sino también en el literal. Porque dos semanas antes de dar a luz, Ana Martín Labairu (Pamplona, 1988), vecina de Barañáin, sacó plaza en las oposiciones de profesor de Secundaria. Y ahora imparte clases de Lengua y Literatura a alumnos de ESO y Bachillerato del IES Plaza de la Cruz del Segundo Ensanche, donde ella también estudió.
“Siempre había tenido en mente escribir algo en prosa y barruntaba la idea de una novela. ¡Pero nunca me había llamado la atención la poesía! Así que, cuando se lo conté a mi familia y amigos, se sorprendieron mucho”, recuerda. Los poemas, sin embargo, continúa su explicación, fueron “el cauce ideal” para expresar sus sentimientos. “No tienen rimas perfectas. Son versos libres. Y me han servido para mostrar el ‘revoltijo’ de sentimientos que supuso para mí el nacimiento de mi hijo”.
UN REGALO PARA NO OLVIDAR
El propósito de las páginas del poemario, además de servir de catarsis para contar lo vivido, es, recalca la autora, “un regalo para no olvidar”. “Me lo dijo un profesor de Lengua que tuve en el instituto, Jesús de Miguel. Me animó a publicarlo y me aseguró que lo que no se escribe se olvida y que estos poemas se iban a convertir en un álbum verbal para mi hijo. Igual que los álbumes de fotos, en los que recogemos todos los cambios del bebé”.
Y así, la escritura fue tomando forma. “Escribía a raticos. Tumbada en el sofá. Cuando el niño se dormía”. Los doce poemas siguen un orden cronológico (desde la espera de un parto que no llega hasta su idea del futuro y la adquisición del lenguaje, pasando por los cólicos nocturnos o el miedo a las revisiones y a no entrar en los percentiles).
Una vez terminados los poemas (“fueron los que me salieron”), llegó el momento de pensar en la publicación. “Para mí era un sueño. Pero mi amiga y compañera Isabel Logroño, que había ido leyéndolos, me animó”. Primero dio con una ilustradora, Elvira Palazuelos Blanco, profesora de Dibujo en el IES Navarro Villoslada de Pamplona y a la que le interesó mucho el tema de la maternidad, pues ella había sido madre, también de un niño, dos años atrás. “Ella me pasó sus dibujos y me encantaron porque son muy evocativos. Igual se queda con una idea, una palabra o un verso y lo plasma. Creo que encajan perfectamente con los poemas”. Y de ahí a que la editorial Cuadranta, de Valencia, decidiera publicarlos solo hubo un paso. “Al principio, me pidieron que escribiera más pero yo quise dejarlos en los doce de los primeros cinco meses. Y así ha quedado”.
“LA MATERNIDAD ES DURA”
Ana Martín Labairu recomienda que se lea el libro de una manera reposada. Saboreando cada palabra y cada momento o sensación que pueden retrotraer a los lectores (sobre todo a las mujeres) a su estreno en la maternidad. “También aconsejo que lo lean las que van a ser madres. Solo se nos prepara hasta el momento del parto. ¿Y luego? Con el libro quiero mostrar que no todo es de color de rosa. Quizá su lectura ayude a otras mujeres”.
Su marido, Fernando Sáenz, y el resto de su familia han aplaudido la iniciativa. “Todos están encantados. Para ellos también es un regalo”. Y respecto de los temas tratados, recuerda ahora, con la distancia que dan unos pocos meses, el sufrimiento de esos llantos nocturnos de los bebés por la noche, que reflejó en ‘Dolores’. “Me derrumbo./ Pienso que te pierdo/ -por las noches todo se exagera-./ Ahora somos dos los que lloramos./ Pero no lo puedo remediar./ Me duele el alma al dolerte.” O esos versos corales titulados ‘Expertos’ en los que todo el mundo opina sobre qué hacer con el niño. “Déjale llorar. / Así desarrolla los pulmones./ ¡En brazos!/ Mamá te va a malacostumbrar”. O el trabajo continuo que supone el ser madre en ‘24/7’. “Los tiempos cambian también de día. / Ni siquiera encuentro un momento / para pasar las hojas del calendario / cuando llegamos a casa tres”.
Y, sobre todo, ese sentimiento de culpa (ver poema en el espacio superior) que se experimenta ya desde que el test de embarazo arroja un resultado positivo y del que es muy difícil (por no decir imposible) desprenderse a lo largo de la vida. “Cuando empecé a trabajar, después de la baja maternal, lo pasé fatal. No era capaz de estar tantas horas separada de mi hijo. Se me hacía muy raro. En cuanto salgo de clase, vuelo con él”. Con Oier, que está a punto de cumplir nueve meses y que asiste a la escuela infantil.
Y mientras este pequeño, que aún no ha cumplido un año de vida y ya es protagonista de su propio relato, sigue creciendo, su madre escribe durante los fines de semana y en algunos ratos libres, “muy pocos”. “Ahora me he pasado a la prosa - se ríe-. Quiero seguir recogiendo los sentimiento de ahora para mostrárselos a Oier en un futuro. Como otro regalo. Para que no se olvide”.
La culpa
La culpa nos persigue al empezar a ser madres./ Parece que solo te quiero dormido./ Para poder avanzar: / ordenar la casa, comer o recuperar mi forma de un viaje./ Pero no cierras los ojos / y, al principio, me enfado y grito./ Después me siento un monstruo por hacerlo./ Y por querer que estés dormido. /Nadie me ha enseñado que hay que parar, que no importa que se enfríe el plato/ o que no sude el esfuerzo./ Que mi nerviosismo se traduce en tu llanto Y mi calma en tu paz./ La culpa regresa, de noche, /cuando a cada toma le siguen paseos eternos/ y pienso que estás interrumpiendo mis descansos,/ que mi vida antes era más fácil./ La culpa acecha cuando rechazas mi pecho /en días en que apenas te has alimentado / y te niego mi abrazo con aparente desprecio./ Enseguida llega el arrepentimiento.