Arquitecturas singulares
El edificio de las estrellas
Víctor Eusa, autor de tantos edificios de Pamplona, tiene en Estella una de sus obras más peculiares, un templo que invita a deambular


Publicado el 19/03/2022 a las 06:00
Nadie ha hecho el mapa todavía, pero apostaría a que es imposible cruzar de lado a lado el Ensanche de Pamplona por cualquiera de sus calles, sin encontrarse en algún momento con un edificio de Victor Eusa (1894-1990), a quien algunos han llamado en una comparación algo atrevida, el Gaudí de Pamplona.
Eusa perteneció a una generación de “arquitectos bisagra” con una formación ecléctica que incidía en la tradición, pero que a la vez se vio influenciado por la llegada de las vanguardias. Esta condición, su curiosidad y sus frecuentes viajes lo formaron como un arquitecto culto que desarrolló un estilo muy personal. Su arquitectura era monumentalista, en cierto modo reaccionaria, inquietante y algo siniestra, pero a la vez original y virtuosa.
Además de sus proyectos más conocidos, dejó un legado extenso de edificios anónimos y de valor, y puede decirse que la imagen actual de la ciudad no podría entenderse sin su Arquitectura. Sin embargo, el proyecto quizá más singular del “arquitecto de Pamplona” no está en Pamplona.
En una colina de Estella hay un lugar de mitos y leyendas donde se levanta un edificio que es una estrella -bueno, muchas estrellas-. Cuenta la tradición que la Virgen del Puy fue encontrada por unos pastores en el collado donde hoy está la basílica, gracias a estrellas que iluminaban el lugar. En el siglo XI se levantó una ermita en su honor, que fue sustituida más tarde por una iglesia barroca, sobre la que se construyó en 1930 la actual basílica.
A esta colina de las advocaciones se accede hoy por una escalinata, que llega a un mirador desde donde se puede contemplar la monumentalidad de Estella. Desde allí se atraviesa un patio parte del antiguo templo y un pórtico, que es una arcada y la antesala a un delirio geométrico.
Si la Arquitectura como dice Bruno Zevi es “Espacio recorrido en el tiempo”, la Basílica del Puy es Arquitectura en estado puro porque es una invitación a “deambular”. La entrada al templo se hace por un lateral en diagonal al altar donde está la virgen, y nos dirige intencionadamente hacia la girola -el pasillo circular-, como en una incitación al tránsito.
Acostumbrados a las iglesias tradicionales de planta de cruz latina, la primera impresión es desconcertante. Sólo poco a poco vamos comprendiendo un espacio formado por dos geometrías básicas: un cuadrado girado que forma la nave y un círculo estrellado en la cabecera. Una solución sorprendente, que combina una planta de cruz griega (ortodoxa) y una cabecera con girola, característica de las iglesias románicas de peregrinación. Como si Eusa tratara de “reconciliar”-arquitectónicamente- las Iglesias de Oriente y Occidente.
Al llegar a la cabecera observamos que está formada por dos círculos concéntricos, la fachada estrellada y una celosía -¡de inspiración mudéjar!- que rodea el altar. La estructura de este pasillo la forman nervios concéntricos, como si fueran rayos que iluminan a la Virgen; una “metáfora celeste”, a la que contribuyen las impresionantes vidrieras góticas de la fachada que irradian literalmente la cabecera. Y es que pasear por esa girola es “recorrer una estrella” y a la vez darse un baño de luz coloreada.
La basílica es sobre todo un ensayo en búsqueda de un nuevo espacio religioso y su experiencia estética. El tradicional eje longitudinal se mantiene pero el altar se acerca hacia el centro geométrico del templo. En dos vértices del cuadrado aparecen dos anexos -el coro y una pequeña capilla-, que estimula los recorridos transversales. El espacio para los fieles invade sorprendentemente el deambulatorio, permitiendo la proximidad al altar, lo que potencia la sensación de comunidad y crea un juego de visuales diagonales entre los fieles.
La estrella, característica del escudo de la ciudad se repite en la propia planta y techo, mobiliario y paredes. Sin embargo, la recargada decoración, simbología y numerosas referencias estilísticas, no consiguen esconder la esencia del espacio de una iglesia que es genuinamente moderna.
Cada primer sábado de agosto en las fiestas grandes, los estelleses sacan a la virgen en procesión, acompañada de gaiteros y rondallas para el entusiasmo y fervor popular. Porque para un estellés la Virgen del Puy es como para un argentino Maradona -es difícil encontrar una estellesa que no se llame María Puy-. Terminada la comitiva, mientras la fiesta continua, la patrona regresa al templo, a recogerse en su universo estrellado. Un templo románico, gótico, barroco y mudéjar; un templo de hormigón, ladrillo y madera que se construyó con espacio, tiempo y luz, tres materiales infravalorados e invisibles.
CLAVES
Autor: Victor Eusa Razquin. Pamplona (1894-1990)
Estudios: Escuela Superior de Arquitectura de Madrid.
Obras relevantes:
Convento de La Milagrosa, Pamplona (1928-1930)
Colegio de San Miguel, Pamplona (1928-1932)
Casino Eslava, Pamplona (1931-1932)
Referencias y agradecimientos:
Este texto no se podría haber preparado sin la consulta de dos tesis doctorales: La Arquitectura de Víctor Eusa de Fernando Tabuenca y Victor Eusa-Arquitecto: Pamplona 1894-1990 de Andrés Caballero.