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El navarro distinguido como cronista de Madrid: "La madrileñofobia no es real"

El periodista tudelano Antonio Castro, que trabajó en Diario de Navarra, es una de las once personas vivas con la distinción de Cronista de la Villa

Ampliar El periodista tudelano Antonio Castro, en el Teatro Gaztambide de Tudela en 2011
El periodista tudelano Antonio Castro, en el Teatro Gaztambide de Tudela en 2011NURIA G. LANDA/Archivo
  • Efe. Madrid
Publicado el 17/01/2022 a las 09:21
El periodista Antonio Castro nació en Tudela en 1954, pero ya siendo joven tuvo bastante claro que quería irse a vivir a Madrid, ciudad con la que desarrolló un vínculo tan íntimo que actualmente es una de las once personas vivas con la distinción de Cronista de la Villa, que concede el Ayuntamiento de la capital.
Tras más de media vida como residente en la ciudad y siendo reconocido como autoridad en su historia, rechaza conceptos de nuevo cuño como el de 'nacionalismo madrileño' o 'madrileñofobia', que "no es real", aunque sí advierte de que "quizás lo que se esté viendo ahora" en la capital es "un retroceso en la aceptación general del que viene de fuera y del diferente".
Fue en Navarra donde se crió y también donde dio sus primeros pasos en el mundo del periodismo, primero en radio (Radio Cadena Española), luego en prensa escrita ('Diario de Navarra') y, finalmente, en Radio Televisión Española, donde desarrollaría el grueso de su carrera profesional hasta jubilarse hace varios años.
Para entonces la capital ya ocupaba un hueco en su mente, y es que su primera visita fue "de esas cosas que se te quedan grabadas". Corría mayo de 1970 y él tenía 16 años.
"Venir de una ciudad pequeña, como la mía, y encontrarte con el Madrid de aquellos años, a pesar de que era bastante más gris de lo que es actualmente, fue auténticamente entrar en otra dimensión, en otro mundo", cuenta.
Y añade: "Empecé a pensar que, en algún momento, yo querría venir a vivir aquí. No sé bien a qué, pero yo quería venir".
Con el tiempo cogió la costumbre de ir a la capital varias veces al año, sobre todo atraído por su gran pasión, el teatro, y finalmente en 1987 consiguió el traslado a la sede central de RTVE.
Pese a no ser un neófito en Madrid, hubo una necesaria transición. "Cuando empiezas a vivir en una ciudad como esta, empiezas a darte cuenta de los problemas sobre todo logísticos, que acarrea", explica.
Sin embargo, Castro apunta que él siempre ha vivido en el mismo sitio de la capital, cuyos barrios "acaban siendo como pequeños pueblos dentro de la gran ciudad".
Casi siempre dedicado a la información local y cultural en RTVE, a su conocimiento del terreno como periodista Castro añadió una prolífica tangente literaria, que le ha llevado a publicar una docena de libros dedicados a distintas vertientes del mundo teatral.
El primero, 'Sagas españolas del espectáculo', salió a la luz en 2003. "A partir de ahí vi un camino abierto y me decidí a seguir", dice el navarro, quien ve en este momento el primer paso hacia su posterior distinción como Cronista de la Villa.
CRONISTA DE LA VILLA EN 2007
No obstante, dicho nombramiento llegó por sorpresa y en un escenario insólito: la rueda de prensa que el alcalde de Madrid, entonces Alberto Ruiz-Gallardón (PP), ofrece todos los jueves para dar cuenta de los acuerdos de la Junta de Gobierno.
En 2007, Castro cubría siempre estas convocatorias.
"En una de estas reuniones, al final del resumen de los acuerdos que se habían tratado, Gallardón empieza a leer que la Junta de Gobierno ha decidido nombrarme Cronista de la Villa. Yo no tenía absolutamente ninguna sospecha", cuenta.
Tras este momento de estupefacción llegó la votación definitiva en el pleno municipal, que aprobó por unanimidad el nombramiento, aunque según Castro fue "sin más pena ni gloria", como "un acto administrativo más". "Es la cosa más fría que te puedas imaginar, no tuvo nada de emocionante", admite.
¿Y qué es, o qué hace, un Cronista de la Villa? "Una figura absolutamente honorífica", explica Castro, que existe en muchas ciudades españolas, que no recibe remuneración y que está a disposición del Ayuntamiento por si hace falta un informe, opinión o valoración "en temas que conciernan a la ciudad".
El título lo estrenó en 1864 Ramón de Mesonero Romanos, y desde entonces se han nombrado 31 cronistas, de los que once están vivos.
Según indica Castro, en tiempos de Gallardón y Ana Botella (PP) no era raro que convocaran a los cronistas para pedirles su ubicación a la hora de nombrar calles, colocar monumentos o instalar placas conmemorativas, pero ni con Manuela Carmena (Ahora Madrid) ni con José Luis Martínez-Almeida (PP) se los ha llamado en ninguna ocasión.
Llama la atención el caso de Carmena, que impulsó un proyecto para cambiar nombres de calles con reminiscencias franquistas, a cuyo fin se creó un comisionado 'ad hoc' y que "costó un dinero", recuerda el periodista, quien apostilla: "Nosotros lo hubiéramos hecho gratis".
NI 'NACIONALISMO MADRILEÑO' NI 'MADRILEÑOFOBIA'
Recientemente han tenido cierto recorrido mediático términos como el de 'nacionalismo madrileño' o el de 'madrileñofobia', cuyo significado no comparte Castro.
En el primer caso, opina que en todo caso hay "una reivindicación de la ciudad" que ve adecuada, pues "conviene destacar ese carácter de capital del Estado".
En el segundo, considera que en los últimos años "ha habido más cambio de algunas regiones respecto a Madrid que de Madrid respecto al resto de las regiones españolas", y que en todo caso existen pruebas, como la masiva afluencia de visitantes en el último puente de la Constitución, de que miles y miles de españoles siguen acudiendo a la capital "sin el más mínimo complejo".
Donde sí observa un posible retroceso es "en la aceptación general del que viene de fuera y del diferente", pues "se quieren establecer diferencias" entre los vecinos. "No por el origen", aclara, sino en el sentido de "establecer una barrera ideológica que no va acorde con el espíritu de la ciudad".
Como mayores avances de Madrid en el tiempo que él ha vivido en la ciudad, el cronista cita dos: en lo "material", el parque urbano de Madrid Río, una "gran transformación" que "en tiempo récord" recuperó todo el entorno del Manzanares; y en lo "inmaterial", la proyección internacional y el atractivo turístico que ha conseguido la capital en las últimas dos décadas.
Y de cara al futuro, le queda un deseo que ver cumplido: "Que hubiera una época, unos años, dos, tres o cinco, en que no hubiera ninguna obra en Madrid".
No le queda, eso sí, la espina clavada de no haber obtenido un reconocimiento como el de Cronista de la Villa en su ciudad natal, Tudela, pues asume que no tiene "ni los conocimientos ni los contactos" precisos, aunque de haber hecho vida allí le habría gustado.
Pero nunca consideró la opción de volver. "Yo siempre tuve muy claro que quería vivir aquí y sigo teniendo muy claro que quiero seguir viviendo aquí", concluye.
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