Rosario Villajos: “Quiero morir sabiendo que lo que hago tiene un valor”
Entrevista publicada el 4 de junio de 2021 a la artista y escritora cordobesa, que cerró el ciclo hablando sobre Lucia Berlín


Publicado el 09/12/2021 a las 21:37
Rosario Villajos no sabía ayer muy bien cómo iría su charla sobre Lucia Berlin para el ciclo Oh, diosas amadas de Letraheridas de unas horas después. “Me considero más artista que escritora -he sido lo que llamo 'cansautora'- por haber dedicado más tiempo a cualquier cosa relacionada con el arte que a la escritura, y nunca he hablado de otra persona. Además, ella es mi diosa”, intentaba explicar su autopresión ante esta autora cuyo éxito por sus relatos de autoficción llegó años después de haber fallecido en 2004, al publicarse Manual para mujeres de la limpieza. Y es que hasta entonces su éxito en la vida, como ha descrito Sara Mesa, era “sobrevivir, vencer el alcoholismo, cuidar a sus cuatro hijos, viajar, amar y escribir”. Nacida en 1936 en Alaska, vivió en un sinfín de ciudades y países y “tuvo una vida intensa y agitada de la que extrajo un material pintoresco, dramático y variado para sus relatos”, en palabras de la también cuentista Lydia Davis.
Le leo una frase: “Una cosa sé de la muerte. Cuanto 'mejor' es la persona, cuanto más cariñosa, feliz y comprensiva, menor es el vacío que deja su muerte”.
Es de Lucia Berlin, de Manual para mujeres de la limpieza, y abre la primera parte de mi última novela [La muela]. Tengo muchísima conexión con ella. Por ejemplo, habernos mudado tantas veces [ríe], pues he vivido en tres países distintos, en siete ciudades, como buscando todo el rato mi casa. También [sonríe] en la escoliosis [desviación de la columna vertebral]. Y luego -ya no solo yo- que un montón de mujeres se pueden sentir reflejadas en cosas que cuenta. Me identifico con ella porque veo honestidad en lo que cuenta. No respecto a “esto me pasó a mí”, porque lo que escribe es autoficción, sino que la forma en que escribe lo que cuenta podría ser perfectamente cierto.
De hecho, ella lo decía: “Exagero mucho, y a menudo mezclo la realidad con la ficción, pero nunca miento”.
¡Como los cordobeses! Tenemos fama de exagerados, y yo me considero muy fantasiosa y exagerada. Me sentía muy feliz leyendo cosas llevadas al extremo, como un cuento en el que dice que estuvo seis meses sin hablar cuando tenía 10 años. Es imposible pero maravilloso como me lo cuenta.
¿Qué tiene la literatura de Berlin?
Magia. Soy una lectora que prefiere que me enseñen las cosas a que me las cuenten, y, sin embargo, ella me las cuenta pero de una manera tan magistral... A los 24 años publicó su primer relato, pero no tuvo una compilación publicada hasta los 41. Y yo hace muchos años publiqué algo, pero no me atreví con una novela hasta los 40. Ella me ha ayudado a no ver como tiempo perdido todo lo que he hecho antes, sino a verlo como ganado, asimilado; que todas esas memorias las puedo transformar en historias. Lo que más me atrae es que se murió sabiendo que era una pedazo de escritora. Se me pone la carne de gallina escuchándola contar en entrevistas cómo sabe perfectamente lo que escribe y hace. Y yo quiero morirme así, sabiendo que lo que hago tiene un valor.
¿Por eso ha llamado a su charla El tiempo ganado?
Sí. La charla es una declaración de amor. Siento que ha escrito para mí [sonríe]. La vida le atravesaba. En entrevistas dice que sabe perfectamente que escogió el camino más largo, que tomó sus riesgos, pero que al final le han llevado al mismo sitio. Sabía que tenía un grupo muy pequeñito de adeptos, y lo que me jode es que, cuando la descubrí y empecé a querer saberlo todo de ella porque me obsesioné, leí comentarios, la mayoría de hombres, diciendo que Chéjov y Carver ya lo habían hecho antes que ella. Y no. Nada de lo que he leído de Chéjov me muestra cómo es una sala donde se practican abortos clandestinos o cómo te tratan cuando eres una mujer de la limpieza. Son historias de mujeres que, de primeras, no interesan a algunos hombres. Pero, aunque hay una perspectiva de género y un patriarcado sobrevolando todo, no veo feminismo: son historias que debían ser contadas.
¿La conoció en 2016 cuando se publicó Manual...?
No, al año siguiente. En 2016 estaba en Londres y estaba desconectada de novedades. Fue estando ya aquí en 2017 que empecé a oír a todo el mundo loco con Lucia Berlin. De hecho, con ese nombre y apellido creía que era una poeta española [sonríe]. Pero me gustó leer en un artículo a Elvira Lindo preguntarse cuándo había escrito esta mujer con la vida que había tenido. Y me gustó porque yo no tengo tiempo para escribir con mi trabajo informático de 40 horas. “Necesito inspiración de donde sacar las ideas, alguien por quien me den ganas de escribir”, me dije. Pero tuve el libro apartado en la mesita de nochehasta que un día me lo leí.
¿Y qué pasó?
Que me voló la cabeza. Quise saberlo todo de ella. Pensaba que estaba viva, que tendría 90 años o así... Y cuando vi que ya se había muerto, que esto [coge Manual...] era todo, porque no se había publicado todavía el siguiente, me partió el corazón. 77 relatos. Era todo lo que podía leer de ella... Ahora utilizo ese libro como manual para escribir.
¿Cómo?
Hay un relato sobre escritura, 'Punto de vista', en el que habla de imaginar un texto de Chéjov escrito en tercera persona. “Creo que eso da dignidad y que los escritores lo hacemos porque somos tímidos, inseguros”. Y eso me dejó... Porque entonces yo estaba escribiendo el libro que he publicado hace un par de meses, todo en tercera persona, y pensé en mezclar la tercera persona con la primera en los mismos párrafos. ¡Hasta ahí llega la influencia sobre mí! Aspiro a estar en un lugar confortable escribiendo, como ella. Porque me fascina que, a pesar de una vida difícil, no tiene rencor cuando escribe, no juzga, y yo siento que tengo mucho rencor sobre cosas del mundo que veo que no me gustan, y me ensaño. Pero ella no, y lo que parece un juicio lo transforma en un deseo personal.
¿Por qué pasó desapercibida?
Porque no estábamos preparados todavía para la autoficción que escribía y que se puso de moda en 2016. En aquel momento la gente entendía que escribía memoria, se lo tomaba como real.
Me ha contado que con su primera novela quiso probarse, ver si podía escribir.
Escribí antes. Tuve un problemita, un pequeño trauma, en 2007. Cuando La Bella Varsovia era solo online, su editora, Elena Medel, me pidió un texto, y escribí uno de autoficción, prefiero no decir sobre qué, cuando aún no se estilaba. Todo el mundo lo entendió como algo literal, empecé a recibir amenazas y hubo quien me dejó de hablar. Me sentí muy mal. Debí llamar a Elena y pedirle por favor que retirara el texto. No volví a escribir en mucho tiempo. Yo misma me decía que no tenía valor porque lo único que conseguía era que la gente se enfadara conmigo [se emociona]. Y así diez años, hasta 2017, cuando me dio por hacer un tebeo y empecé a hacer historias otras vez. Cuando lo pienso, me dan ganas de llorar [se emociona y sonríe]. Escribir me calma, muchísimo, pero no tengo tiempo para escribir más, y pienso en los años que he pasado sin hacerlo... Ahí es donde te digo que está el rencor y que quiero escribir una novela detrás de otra. Pero eso no se puede. Por eso cuando descubrí a Lucia Berlin entendí el tiempo ganado: he estado diez años sin escribir, pero ahora... [sonríe].
DNI
Rosario Villajos nació en Córdoba el 14 de agosto de 1978 (42 años). Dedicó su infancia exclusivamente a dibujar, leer y ver películas. Formada en Bellas Artes, ha trabajado en la industria musical, cinematográfica, artística, cultural y hostelera. Ha vivido en Córdoba, Sevilla, Granada, Montpellier, Barcelona, Londres y Madrid -“aún mantengo mi acento andaluz”-. Además de hacer dibujos con su pelo en la ducha, gran parte de su trabajo artístico tiene la marca de lo efímero y escatológico, “de lo que no podrá ser reciclado ni restaurado”. Su primera obra publicada fue la novela gráfica 'Face', en 2017, a la que siguieron las novelas 'Ramona' (2019) y 'La muela' (2021).