Tribuna Cultural

La Inmaculada, antigua fiesta grande del Reino

La antigua iglesia del colegio de los Jesuitas en la calle Compañía, hoy desacralizada, acogió la primera celebración religiosa de la Inmaculada Concepción según decisión de la Diputación, que después trasladó la celebración a la iglesia de San Saturnino

La antigua iglesia de los Jesuitas en la calle Compañía
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La antigua iglesia de los Jesuitas en la calle Compañía
La antigua iglesia de los Jesuitas en la calle Compañía

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Juan José Martinena

Publicado el 08/12/2021 a las 06:00

Establecido por el rey Carlos III el patronato de la Inmaculada Concepción sobre España y sus distintos reinos y dominios, las Cortes de Navarra celebradas en los años 1765 y 1766 hicieron suya la regia decisión en lo referente a este Reino, encomendando a la Diputación que resultase elegida al acabar la legislatura todo lo referente a los detalles de la celebración. Dicha corporación, en su sesión de 16 de septiembre de 1766, acordó “que la nueba fundación, establecida por el Reino en las últimas Cortes, de la Purísima Concepción de Nuestra Señora se celebre por ahora y durante la voluntad de la Diputación en el Colegio de la Compañía de Jesús de esta ciudad, con la solemnidad y en la forma que la del Patrono San Francisco Xavier”. Dicha iglesia, que todavía existe, aunque desacralizada, en la calle Compañía, era la preferida de las Cortes y la Diputación, no solo por su vinculación con la figura del santo patrón de Navarra, sino por su cercanía a la Sala Preciosa del claustro de la catedral, donde los diputados celebraban sus sesiones, entrando a ella por la calle Dormitalería.

Primera celebración en 1766, en la iglesia de la Compañía

El 6 de diciembre de aquel mismo año se señaló la fecha de la celebración adoptando el siguiente acuerdo: “…y tratándose largamente sobre el día en que debe celebrarse dicha función, teniéndose presente los embarazos que ocurren para que el propio acto se execute con la solemnidad y magnificencia correspondiente, se resolvió de conformidad se celebre por ahora el jueves infraoctavo, y las vísperas el miércoles antecedente a las horas regulares, y que a este fin avise yo (el secretario) al Padre Rector del Colegio y al Padre Xavier Díaz, encargado del sermón, la designación de estos días y al maestro de capilla para que dispongan la música”.

Interior de la antigua iglesia de los Jesuitas
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Interior de la antigua iglesia de los Jesuitascedida
Interior de la antigua iglesia de los Jesuitas

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El libro de actas de ese año guarda el testimonio fidedigno del ceremonial que se observó ya desde la víspera: “En la ciudad de Pamplona y Sala de la Preciosa, miércoles por la tarde diez de diziembre de mil setecientos sesenta y seis, se juntaron los señores Valanza, Góngora, Gainza y Ripalda, Diputados, y Romeo y Rodríguez, Síndicos, vestidos todos de gala y con las mazas, clarines y timbales también de gala, se fue al Colegio de la Compañía de Jesús a la función de Vísperas de la Concepción de Nuestra Señora, Patrona de todos los Reynos de España, y acabadas éstas, se volvió de la misma suerte, habiendo también concurrido Zubialde, Depositario. De que hzce este auto y lo firmé, Dn. Diego María Basset”.

Al día siguiente, con idéntico ceremonial, la Diputación acudió a la misma iglesia para asistir a la misa mayor y escuchar el sermón que unos días antes se le había encargado al P. Javier Díaz, jesuita.

Desde 1767 en la parroquia de San Saturnino

Curiosamente, esta celebración de 1766 fue la primera y la última que tuvo lugar en la iglesia de la Compañía. El año siguiente, el rey Carlos III, aconsejado por sus ministros, especialmente por el conde de Aranda, decretó la expulsión de los Jesuitas de todos los dominios de la Corona de España, orden que se ejecutó de manera fulminante.Como consecuencia de ello, el colegio que venían atendiendo los religiosos -el edificio era el de la actual Escuela de Idiomas- fue clausurado y la iglesia contigua a él, que muchos hemos conocido como parroquia de San Juan Bautista, quedó cerrada al culto.

En vista de ello, en la sesión del 28 de abril de 1767, la Diputación se planteó en qué iglesia podría celebrar en lo sucesivo las funciones religiosas que hasta entonces venía celebrando en la de la Compañía, que eran la conmemoración de la victoria de Almansa el 25 de abril, la victoria de Fuenterrabía -conocida como fiesta de las banderas- el 14 de septiembre, la fiesta de San Francisco Javier y la de la Inmaculada Concepción. En una sesión posterior, la del 12 de julio de 1767, acordó trasladarlas a la parroquia de San Saturnino “durante la voluntad de la Diputación”. Y a tal efecto, comisionó al diputado don José Javier de Gainza, como feligrés distinguido de dicha parroquia, para que tratara con el cabildo y la junta de obrería de la misma todos los detalles relacionados con el asunto.

Después de haber mantenido alguna reunión con ambas instancias, la Diputación suscribió el oportuno convenio, en el que se regulaba la forma en que se realizarían las celebraciones, el gasto que se debería destinar a la cera y la cantidad a abonar al cabildo y a la obrería en concepto de derechos. Y en la sesión del 1 de agosto del mismo año acordó encargar una imagen de la Purísima Concepción y otra de San Francisco Javier, para que se colocasen en el altar mayor de la iglesia de San Saturnino en los días de su festividad, comisionando para ello al licenciado Rodríguez de Arellano, síndico del Reino, “y que se ponga en las peanas las armas del Reino”. Dichas imágenes se conservan actualmente en la sede del Archivo de Navarra.

Así pues, a partir del año 1767, la fiesta de la Inmaculada, al igual que las demás funciones religiosas a las que antes nos hemos referido, pasó a celebrarse en la iglesia parroquial de San Saturnino.

La Diputación la celebró por última vez en 1835

En ella continuaría la costumbre durante casi setenta años hasta 1836, fecha de la extinción de la antigua Diputación del Reino, que era nombrada por las Cortes al final de cada legislatura y cesaba al inicio de la siguiente. Con la supresión de ambos organismos, y del Virreinato, el Real Consejo, la Real Corte, y la Cámara de Comptos, decretada por las nuevas autoridades constitucionales, Navarra dejó de ser Reino de por sí, con sus antiguas instituciones propias, para quedar reducida a una simple provincia. Faltaban cinco años para que la Ley Paccionada de 1841 recuperase, como los restos de un naufragio, las peculiaridades forales que entonces se consideraron compatibles con la unidad constitucional de España.

Instalada pues la nueva Diputación Provincial en lugar de la antigua Diputación del Reino, y fiel a los recién implantados principios liberales, bastante radicales en lo tocante a la religión y a la Iglesia, en octubre de 1836 acordó la supresión de todas las fiestas religiosas tradicionales que hasta entonces celebraba cada año, con la única excepción de la de San Francisco Javier, por ser el patrono de Navarra.

Por los libros de actas conocemos con algún detalle la forma en que se llevó a cabo por última vez la función de vísperas y la misa solemne de la Inmaculada los días 7 y 8 de diciembre de 1835: “A la hora de las cuatro, con el acompañamiento de los porteros, maceros, clarineros y timbaleros, bajó Su Señoría Ylustrísima de la dicha Sala, y entrando por la puerta de la Capilla de Nuestra Señora del Camino, donde fue recibida por el Cabildo Eclesiástico de dicha Iglesia, le acompañó hasta colocarse en sus bancos, y se cantaron las vísperas a la Purísima Concepción por la Capilla de Música de la Santa Iglesia (la Catedral) de esta ciudad, y finalizada la función, y con el mismo acompañamiento, volvió Su Señoría Ylustrísima a dicha Sala y se disolvió la Corporación”.

El día 8 de diciembre “…a las diez y media, con el mismo acompañamiento que el día de ayer, bajó Su Señoría Ylustrísima de dicha Sala, y habiendo sido recibida en la puerta de la Capilla de Nuestra Señora del Camino por el Cabildo Eclesiástico de dicha Iglesia de San Saturnino, le acompañó hasta colocarse en sus bancos y se celebró la función de Misa y Sermón la Purísima Concepción, con el acompañamiento de la Capilla de Música de la Santa Yglesia de esta Ciudad, y concluida, con el mismo acompañamiento, volvió Su Señoría Ylustrísima a dicha Sala y se disolvió la Corporación”.

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