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Literatura

Monteano encadena en dos libros la batalla de Noáin y la conquista de Hondarribia

El historiador y archivero se basa sobre todo en documentos de la Biblioteca Nacional de Francia

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El historiador y archivero Peio Monteano, ayer, con sus dos últimas obrasjosé carlos cordovilla
Publicado el 28/11/2021 a las 06:00
Blanco y negro, sin gamas de grises. Para el doctor en Historia y técnico superior del Archivo General de Navarra Peio Monteano, desde el presente se observa de este modo casi todo el pasado de los navarros. Lo dijo ayer en Pamplona, en la Feria de la edición de Navarra, y lo ha dejado escrito en dos de sus últimas obras, sobre la batalla de Noáin en junio de 1521 y la posterior conquista de Hondarribia apenas tres meses y medio después. Por eso el primer acontecimiento fue para unos la masacre que subyugó definitivamente al reino y para otros, una decisiva victoria que expulsó de él al invasor francés. Noáin 1521. El fin del principio y La conquista de Hondarribia. Entre España, Navarra y Francia. 1521-1524, que Monteano publica con Mintzoa, van de la mano. Y así, tras la batalla de Noáin, “la única gran batalla campal de la conquista y el escenario del enfrentamiento entre las dos grandes potencias de la época”, Hondarribia supuso para los navarros que luchaban por recuperar la independencia recién perdida “un paso más en su camino de vuelta a Pamplona” y para los franceses que pugnaban con los españoles por el dominio del continente, “la puerta que blindaba su casa y daba acceso a la de su enemigo”.
Como acontecimiento histórico, la batalla de Noáin “no es sino uno más de la cadena de hechos que se habían iniciado nueve años antes”, narra Monteano en la obra sobre el verano de 1512, cuando “el ejército español invadió el reino de Navarra y expulsó a sus reyes” por, según aquel, haberse aliado con su enemigo y rival, el rey de Francia. Y recuerda que “la respuesta de los navarros no fue unánime: la mayoría de los beamonteses [hegemónicos en la montaña] colaboró con los invasores y la mayoría de los agramonteses [mayoritarios en el sur] los combatió”. La ofensiva a los meses de los reyes navarros “fracasó estrepitosamente”, y al año siguiente “no pudieron evitar que la invasión diera paso a la ocupación”.
PRESENCIA A LOS AUSENTES
Ese ir de la mano de ambos libros se explica porque la conquista de Hondarribia puede entenderse como la consecuencia más importante de la batalla de Noáin. “Hay un cambio en el plan de campaña, pero el ejército que lo lleva a cabo es prácticamente el mismo, con los mismos protagonistas, que tenía que haber llegado a reforzar el ejército de Lesparre antes de la batalla de Noáin, una batalla más bien precipitada”. Porque calcula Monteano que pensaron que el enfrentamiento sería inevitable pero que se iba a producir con varios días de diferencia, “lo que hizo que la mayor parte del ejército navarro que acudió a Noáin no estuviese sobre los campos que hoy ocupa el aeropuerto”.
Basados ambos libros fundamentalmente en documentación que el autor descubrió en la Biblioteca Nacional de Francia, en París -“ conserva la correspondencia de Lesparre, informando al rey de Francia y a su hermano de cómo va la campaña navarra”, apuntó Monteano como ejemplo sobre la batalla de Noáin-, considera novedoso el libro La conquista de Hondarribia en el sentido de que hasta ahora los relatos, “a veces muy imbricados con actos del presente”, están “muy basados en la tradición”, fundamentalmente en lo que recogió el cronista real Garibay 50 años más tarde de los acontecimientos, “lo que los más viejos del lugar recordaban”.
“Y ese recuerdo está muy mediatizado, por el punto de vista de quienes dieron la información a Garibay y porque el paso del tiempo nos traiciona a todos”, apuntó el autor. “Ocurre mucho con la conquista de Hondarribia: hay una serie de hechos que se desconocían y que eran importantes, como la expulsión de toda la población de la villa, que matiza todo el relato de los hechos”, puntualizó: “Uno puede entender que la población del Bajo Bidasoa hiciera lo indecible por volver”.
Las páginas escritas por Monteano procuran “dar presencia a los ausentes. “Muchos se preguntan qué hacían los navarros en la guerra de Navarra porque, según los relatos de las historiografías española y francesa, parece que estaban ausentes, y no: las fuentes nos revelan un mundo en el que los navarros están muy activos en la medida de sus posibilidades demográficas, económicas y militares”.
Expone el autor “un relato de los hechos empezando por el propio desarrollo de la batalla” de Noáin, de la que se conocían sobre todo los movimientos militares. “El libro representa una rehabilitación de Lesparre como militar: no cometió los errores tan de novato que se le atribuían, sino que hizo, arriesgó, planteó bien sus posibilidades, pero salió mal”. Y el de la conquista de Hondarribia trata de poner luz respecto a qué pasó “desde su caída hasta su capitulación en febrero de 1524”, conociéndose ya que la villa se convirtió en un cuartel y que casi no hubo población civil. “El libro ilumina esa relación en la guerra de Navarra entre esta y Guipúzcoa en particular y entre todos los territorios vascos occidentales en general”. Escrito desde el punto de vista navarro, desgrana el papel que se jugaba y por qué los navarros estaban en Hondarribia.
SENTIMIENTO PATRIO
Y es que para Monteano es esta una de las grandes cuestiones, ya que el relato tradicional hablaba de que era consecuencia de la consideración de Hondarribia como una plaza navarra, algo que él no comparte. “Creo que la campaña de Hondarribia no se debió al intento de recuperación de lo que llamaríamos la gran Navarra, sino que fue consecuencia de la alianza con Francia y la consideración de los navarros de que la toma de la villa podía servir para volver a recuperar Pamplona y el resto del reino”.
Porque hay que tener en cuenta que la población entonces de Navarra era de 125.000 personas frente a los 15 millones de Francia y los 7 millones de España. “Navarra seguía teniendo un ejército medieval, basado en unos 200 nobles. Su infantería eran campesinos armados para el momento, para la guerra defensiva en ciudades amuralladas, con lanza, espada y puñal, sin espingarderos [soldado con arma de fuego]. No podía hacer nada para combatir al ejército que se mostraba como el mejor de Europa, el español, y se apoyó en el ejército que se consideró invencible en toda la Edad Media, el francés”. Es decir, “si Navarra quería parar una invasión de una potencia militar, debía echarse en brazos de la otra”. De esta manera, Navarra no podía hacer nada por sus propios medios contra un ejército como el español.
Pero, ¿existía sentimiento patrio más allá del de los mandos militares?, quiso saber un oyente. Para Monteano, sí, y hay que verlo “en fuentes de cierta neutralidad”. Citó al cronista castellano Correa, que fue testigo presencial: dejó escrito que en el asalto a Pamplona, en la batalla del 27 de noviembre de 1512, los defensores gritaban España y los que atacaban, Navarra y Francia.
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