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Arte

Ullate, un artista adelantado a su tiempo

La galería Artea2 acoge una retrospectiva de Guillermo Pérez Pérez Jimenez, artista navarro conocido como Ullate que exploró en el informalismo. Sus hijos quieren dar a conocer su legado al considerar que la obra de su padre no se entendió

Los retratos realistas, como en la imagen, fueron el punto de partida de la obra artística de Ullate
Los retratos realistas, como en la imagen, fueron el punto de partida de la obra artística de Ullatebuxens
Publicado el 14/11/2021 a las 06:00
Guillermo Pérez Pérez Jimenez (Monteagudo, 1943-Estella, 2018), conocido artísticamente como Ullate, fue un hombre inquieto que hizo de la pintura una forma de vida. Su afán de explorar técnicas y materiales junto a su curiosidad por descubrir nuevos estilos lo convirtieron en un pintor adelantado a su tiempo. Pero, quizá, su obra no fue entendida en su momento, como ocurrió en 1964 cuando su primera exposición indivual en Pamplona fue retirada por su acercamiento al informalismo y la abstracción.
Desde su fallecimiento hace tres años, sus hijos cuentan con un legado que atesora más de 300 pinturas, al que se suma su decisión de mantener viva la obra de su padre. “Queremos que sus cuadros no queden olvidados y amontonados en la bajera, nos parece necesario que el público pueda disfrutar de su obra o conocerla ahora, si hasta ahora era un pintor desconocido para ellos”, explica Iñaki Pérez, hijo de Ullate. Tras sendas exposiciones en Berriozar y La Fábrica de Gomas, la galería Artea2 de Zizur Mayor acoge una retrospectiva que refleja la evolución del pintor que hizo del retrato y del color sus aliados.
REALISMO Y ABSTRACCIÓN
Ullate demostró su habilidad `por el dibujo desde que era un adolescente, una afición que fue creciendo con el tiempo y que le llevó a una formación mayoritariamente autodidacta cultivada a través del estudio enciclopédico de la historia del arte. En 1962, cuando tenía 19 años, instaló en Pamplona su primer estudio de pintura, cerca de la calle San Nicolás, donde pintó más de 400 óleos enmarcados dentro del realismo clásico, fundamentalmente retratos.
Una de las series de la exposición refleja esta cercanía al retrato realista, una fase en la que se sentía cómodo pero en la que no quería asentarse puesto que su principio vital y artístico era la evolución y la experimentación. “Exploraba muchas cosas, buscando un estilo propio. Lo hicieron muchos artistas, entre ellos Ullate. Para él, pintar un retrato era como hacer una foto, le resultaba insuficiente e indagó otros estilos. Quiso salir de ser el pintor realista que le contrataban para hacer retratos familiares”, indica su sobrino Rafa Pérez Lizaso.
Con una mirada singular y muy personal, Ullate comienza con las formas abstractas y en 1964 inaugura su primera exposición individual en la sala de la Caja de Ahorros Municipal de Pamplona. El artista sorprendió con una serie de cuadros abstractos a base de colores blancos, unas obras que rompieron con la línea homogénea y tradicional que había mostrado hasta ese momento.
Pero su evolución artística no fue entendida o no gustó, pues Ullate recibió numerosas críticas y cinco días después de la inauguración, la exposición fue cancelada y los cuadros retirados. “Le acusaron de estar engañando al público por su acercamiento al informalismo. Fue una crítica bastante cáustica, fuerte. Se dijo que no tenía el oficio, que no sabía pintar”. Y fueron dichos comentarios los que le llevaron a profundizar su formación. “Le afectó bastante, pero lejos de desanimarse, mi padre hizo un camino, se esforzó en aprender el oficio a fondo para llegar a su expresión abstracta”.
DISTINTAS ETAPAS
Recorrer la exposición, que refleja visualmente las distintas etapas de la pintura de Ullate, permite acercarse a los periodos de búsqueda del pintor. Unas etapas que realizó lejos de su tierra natal ya que Ullate, tras las críticas, se marchó a Gran Canaria donde en 1976 abrió un nuevo estudio de actividades plásticas. Fue allí donde hizo de los retratos una manera de ganarse la vida, mientras desarrollaba en paralelo una búsqueda pictórica más personal en la que retoma elementos del informalismo y experimenta con el collage, los materiales textiles y la pasta de color.
Iñaki Pérez recuerda a su padre como una persona dedicada a su trabajo, al que le gustaba explorar en los soportes, pero también en las pinturas, las mezclas de cola y otros materiales que también trasladó a sus obras como arena, cuerda, serrín, cemento o pigmentos industriales. “En Canarias, la única forma que tenía para poder seguir pintando a su manera era tener un trabajo con el que conseguir dinero. Y ahí volvió al retrato, que era parte de su autoeducación clásico. Durante 15 años realizó retratos profesionales a clientes de hoteles de lujo. Pinto muchísimos, que estarán desperdigados por todo el mundo ”.
El hijo de Ullate considera que su padre fue un artista vanguardista, a veces rupturista, por lo su obra pasó por etapas expresionistas, matéricas o con influencias picassianas. Y fue en 1987 cuando se adentró en el arte urbano y el grafitti mediante composiciones coloristas y vitales en las que jugaba con toda clase de objetos, superficies y texturas. “Supuso un punto de inflexión, un giro hacia un nuevo lenguaje y una síntesis muy personal de todo lo que había aprendido y experimentado”.
Acercarse al arte urbano supuso un cambio en la obra de Ullate que, a partir de los años 80, se caracterizó por la materia y unos cuadros concebidos como muros o paredes. En esos lienzos, el artista jugaba con la materia, el trazo abstracto y con la combinación de materiales ya que sobre fondos lisos insertaba dibujos don los rostros de políticos u otros personajes relevantes de la sociedad. “Fue su etapa más sobria y adulta, con una inmersión convencida al informalismo que en su día le acusaron de ejercer”.
CIRCUITOS CULTURALES
El carácter bohemio que se forjó Ullate le llevó a ser un artista alejado de los circuitos comerciales y de los grupos culturales del momento. “No consiguió o no quiso entrar en esos ámbitos, era muy independiente”, apunta su hijo, quien recuerda que su padre nunca trató con galeristas ni mercaderistas y que era él difundía su propia obra. Así lo hizo en Maspalomas (Canarias), Málaga, Matalascañas (Huelva) o Portugal, donde vivió, así como en los viajes que realizó a Francia, Suecia, Italia, Bélgica, Holanda, Noruega, Alemania, Suiza y Austria.
Rafa Pérez Lizaso, sobrino del artista, en la inauguración de la exposición en la galería Artea2
Rafa Pérez Lizaso, sobrino del artista, en la inauguración de la exposición en la galería Artea2BUXENS
Tras este largo periplo vital, Ullate regresó a Navarra y se instaló en Obanos en 2006 , donde continuó pintando y documentó su obra. “Cuando le costaba pintar porque estaba mal de la vista y consideró que ya había expresado todo lo que quería, inició un proceso que nos ha permitido recomponer todas las épocas y materiales”. La ilusión de sus hijos, para lo que ya están en contacto con el Ayuntamiento de Pamplona, es poder realizar una exposición antológica de Ullate en la Ciudadela. “Hizo el salto a la abstracción muy deprisa, en los años 60, y no se le entendió. Creo que ahora su obra se puede ver desde otra perspectiva, con una mentalidad más abierta”.
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