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ENTREVISTA
TEATRO DRAMATURGA Y DIRECTORA TEATRAL

Lucía Miranda: “Mis historias salen de la gente, en el teatro que hago hay mucha verdad”

La obra ‘Chicas y chicos’ llega esta noche a La Cava, en un monólogo interpretado por Antonia Paso y dirigido por Lucía Miranda, dramaturga y directora vallisoletana que apuesta por el teatro participativo para tratar temas sociales

Lucía Miranda, dramaturga, directora y creadora de la compañía The Cross Border Project, dirige su primer monólogo con Chicas y chicos, la obra que llega hoy al Festival de Teatro de Olite
Lucía Miranda, dramaturga, directora y creadora de la compañía The Cross Border Project, dirige su primer monólogo con Chicas y chicos, la obra que llega hoy al Festival de Teatro de OliteCedida
Actualizado el 21/07/2021 a las 13:45
Necesita del contacto con los demás para tejer sus historias teatrales. Necesita los testimonios reales, compartir con las personas sus experiencias para conocer sus realidades y necesidades vitales, sociales y culturales. A Lucía Miranda no le tiembla el pulso cuando, grabadora en mano, convive con personas discapacitadas, mujeres que han sufrido violencia de género, así como con niños o jóvenes con problemas, pues apuesta por la diversidad social y cultural. La dramaturga, directora y creadora de la compañía The Cross Border Project, entiende el teatro como una herramienta de transformación social. Con este propósito se puso al frente de la dirección de Chicas y chicos, un monólogo del dramaturgo y guionista británico Dennis Kelly en cuyo fondo argumental aflora el machismo, el maltrato y la agresión. La obra, interpretada por Antonia Paso, llega esta noche al escenario de La Cava.
Le gusta el teatro participativo, el trabajo en comunidad, pero Chicas y chicos es todo lo contrario, una actriz y una directora frente a frente.
Estaba en Bolivia, dirigiendo y escribiendo una obra. Un día me llamó Javier Ortiz, el productor, y me dijo que me enviaba el texto, que lo leyera, que me iba a encantar y que quería que la obra la dirigiera yo. Esas cosas que suelen decir los productores. Pero era muy escéptica desde el principio.
Parece que le convenció, no sé si el productor o el texto de Dennis Kelly. ¿Qué le hizo cambiar de idea?
Abrí el documento con poca fe porque no me suelo meter en proyectos que no sean propias. El texto me conmovió y me removió muchísimo. Estaba en mi casa de La Paz donde me alojaba y me pegué una llorera de miedo. Me hizo pensar mucho en mi misma, en mis amigas, en mis relaciones. Me agarró mucho el texto.
Esas sensaciones que le removieron por dentro, ¿son las que quiere que sienta el público?
Espero que sí, es lo que he intentado. El trabajo que he hecho con Antonia Paso y con todo el equipo ha sido para que el público sienta lomismo que yo, para que vea que lo que está pasando en el escenario está ocurriendo en el mundo. Entras a la obra, hay una parte divertida que no sabes muy bien dónde te lleva. Y de repente, hay un momento en el que te agarra las tripas y te hace pensar mucho en quién eres tú, cómo han sido tus relaciones amorosas, tus relaciones de pareja y te hace replantearte muchos momentos sobre cómo te relacionas y cómo quieres relacionarte a futuro.
Es la primera vez que ha dirigido un monólogo. ¿Es muy diferente el trabajo que hacerlo frente a un grupo actoral?
Soy una directora más de equipo, me gustan los elencos, que haya mucha gente. Me gusta el jaleo y la diversidad. Y de pronto, me encontré solo con una actriz, lo que cambia la forma de trabajar. Hacíamos ensayos más cortos para evitar que acabaramos cansadas una de la otra. Cuando trabajas con una sola persona, tienes que cuidarla mucho. Esta obra ha sido un auténtico aprendizaje. El tema de la obra era delicado y eso también se palpa en los ensayos. Cuando empezamos a trabajar juntas, a mí me pilló recién embarazada, estaba hiper sensible y lloraba por todo. Los ensayos eran horribles, lloraba Antonia y lloraba yo. Fue intenso.
Chicas y chicos nos pone ante un problema real que existe en el mundo. ¿Tiene el teatro un componente social y político?
Tristemente, hace cuatro días se le ha puesto nombre en España a lo que ocurre en la obra. Cuando todos nos sentimos conmovidos por el asesinato de Anna y Olivia en Canarias en manos de su padre para hacer daño a su ex pareja, lo sentí. Cuando leí el término “violencia sicaria”, me quedé tiesa, se me revolvió el cuerpo. Es terriblemente triste, pero es así, no podemos mirar para otro lado. Ese comportamiento en inglés si está tipificado, pero en español no lo estaba. Ahora sí, por desgracia. Chicas y chicos se pregunta cómo es posible que lleguemos ahí, cuál es el camino, y la clave: qué podríamos hacer como sociedad para evitarlo.
Un ritmo vertiginoso como dramaturga, directora y creadora de la compañía The Cross Border Project. ¿Cuándo sintió el gusanillo del teatro?
¡He sido una teatrera toda mi vida! (risas). Llevo haciendo teatro desde los 18 años. Me fui a Nueva York a estudiar y cuando volví hace 10 años a España monté mi propia compañía. Casi todo mi trabajo se centra en la compañía, pero también me gusta trabajar para otros. Lo he hecho, pero más fuera de España que aquí. Hago mucho teatro documental, teatro participativo, pues para mí el público tiene un peso en la historia, que la simple escucha de la obra lo convierta en un personaje.
Alterna tanto la escritura como la dirección, ¿pero qué llegó antes a su vida profesional?
Es algo muy gracioso. Primero existió el dirigir y luego existió el escribir. Empecé a escribir porque no tenía dinero para pagar a un dramaturgo o una dramaturga para que me escribiera lo que yo tenía en la cabeza. Fue pura necesidad. Así que decidí hacerlo yo, probar cómo me salía la experiencia. Curiosamente, salió bien. Y en casa, mi madre me dijo: pero si llevas escribiendo toda la vida. Y es verdad, llevo escribiendo cuentos, relatos, historias, guiones de radio, que me encantaba jugar a la radio en casa, desde que tengo 8 años.
Incide mucho en el teatro documental, el trabajo en comunidad y la diversidad. ¿Qué le aporta en lo personal y lo profesional?
Hago mucho trabajo comunitario y por eso, creo que el productor de esta obra pensó en mí. He trabajado mucho la violencia de género a lo largo de todos estos años. Diez años me han dado para trabajar con todo tipo de comunidades en muchos países, desde personas con discapacidad hasta mujeres, niños o jóvenes, en muchos países. He estado en África, por toda Europa, Estados Unidos y muchos sitios de América Latina y ello te lleva a conocer muchas culturas.
¿Tiene una manera muy personal de entender y hacer teatro?
Mi trabajo tiene mucho que ver con trabajar con la gente, sacar historias de ellos, lo que me cuentan, lo que veo, lo que capto cuando estoy con ellos. Cuando escribo, no me siento a inventar, sino que hago un trabajo entre periodista y antropóloga con una grabadora. Entrevisto a mucha gente y de esas entrevistas, creo el material para las obras de teatro. Entiendo que el teatro es estar con otros en comunidad. No se trata de llegar al espacio escénico para compartirlo con el público, sino hacer todo el proceso con otras personas. El tiempo que paso sola, delante de un ordenador, es poco. Siempre necesito del contacto con los sectores o colectivos en los que quiero ahondar.
Las obras que llevan su firma, ¿conectan con todo tipo de público?
Hay diferencia con respecto a otras funciones y el público lo percibe, claro que sí. Creo que en el tipo de teatro que hago hay mucha verdad. Cuando trabajas con los testimonios y la palabra de personas reales se nota, cuando respetas los acentos y la diversidad cultural o social de los actores, con elencos diversos culturalmente o funcionalmente, todo ello se transmite en el escenario.
¿El teatro tiene mucho que decir en la sociedad?
Como cualquier arte, el teatro es una manera de expresarse tanto para los creadores como para el público que va. En el teatro te puedes expresar con muchas de tus emociones. Y hay que decir, como en el resto de las artes, que son espacios para ello. El arte es un espacio de encuentro. La sociedad, nosotros ahora mismo, después de lo que nos ha pasado con el confinamiento y la pandemia, necesitamos más espacios de encuentro, de compartir y de estar juntos.

LA DIRECTORA

​Lucía Miranda nace en Valladolid en 1982. Licenciada en Humanidades por la Universidad Carlos III de Madrid (2005). Ha trabajado en la UNESCO y en el Festival de Teatro Clasico de Almagro como gestora cultural durante cuatro años. Entre sus obras destacan Qué hacemos con la abuela (2012), La zarzuela es joven, Cantando sin ton ni son (ambas de 2014), Las chicas no fuman (2015) y Fiesta, Fiesta, Fiesta (2016), entre otras.

‘CHICAS Y CHICOS’

Representación. Hoy, 21 de julio. La Cava. 22 horas.
Entrada: 18 €. 
Duración de la función: 85 mintuos. 

Equipo artístico: Dirección: Lucía Miranda. Dramaturgia: Dennis Kelly. Intérprete: Antonia Paso. Escenografía: Anna Tusell. Sonido: Irene Maquieira. Iluminación: Pedro Yaguë. Producción: Javier Ortiz.

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