Aniversario
Oskar Alegria escribe la 'antiguía' para la 'antijubilación' del Museo de Navarra
'Fragmentario' celebra los 65 años de su apertura al público como una invitación a la deriva por el edificio


Publicado el 24/06/2021 a las 18:24
El día de San Juan de hace 65 años el Museo de Navarra abrió sus puertas al público por primera vez. No es una cifra aque los romanos honraran en su numeración con una letra propia, ni que disponga de su metal correspondiente en los aniversarios de boda, pero es una edad a la que la sociedad le asigna el adjetivo de "senior", recordó este jueves la directora del museo, Mercedes Jover; el momento en el que las personas al fin pueden jubilarse. Es exactamente lo contrario que quiere hacer la pinacoteca de referencia de la comunidad. En un momento que, como señaló Jover, el ICOM (Consejo Internacional de Museos) está buscando una nueva definición de "museo", y en el que el propio Museo de Navarra sigue inmerso en la transformación de su narrativa, dejando atrás los órdenes cronólogicos y enciclopédicos para proclamar en cada sala que todo arte es contemporáneo, la institución quiere celebrar sus seis décadas y media de servicio público a la cultura y el patrimonio de Navarra y, sobre todo, demostrar que quiere seguir haciéndolo, adaptado a las exigencias del siglo XXI.
La propia Jover y Susana Irigaray, directora del servicio de museos del Gobierno de Navarra, acudieron al cineasta Oskar Alegria para que hiciera "algo" en torno a este 65 aniversario. Le dieron carta blanca. Pensaban que el director de 'Emak Bakia Baita' y 'Zumiriki' les regalaría una de sus poéticas películas pero se equivocaron, les regaló uno de sus poéticos libros, como 'Time' y 'Oteiza al margen', que realizó cuando dirigía artísticamente el Festival Punto de Vista.
'Fragmentario' es el título del libro que se ha presentado en el 65 aniversario. En el museo extraoficialmente lo califican de la "antiguía". Guías ya hay cinco, publicadas entre 1956 y 1989, con todos los datos y la información precisa. Aquí se trata de lo contrario, de perderse entre sus 85.000 obras.
Las piezas más populares del museo salen también en la antiguía, pero de otro modo. Oskar Alegria se pregunta, y comprueba, por lo que hay dentro de la arqueta de Leire, la gran joya del arte islámico del año 395 de la Hégira (año 1005 cristiano), o gira el retrato del marqués de San Adrián de Goya. "Por detrás esconde como un pasaporte con las etiquetas de los sitios por donde ha pasado", desvela.
Pero una antiguía incluye por ejemplo obras que no están en el museo. "Cuadros que no están pero que yo imagino o sueño en el Museo de Navarra", señala. En ese museo imaginario estarían por ejemplo los paisajes que pintaba Gonzalo Chillida encaramado a una palomera de 25 metros de altura.
Todo el libro incluye referencias a obras del museo sin mostrarlas enteras, de ahí el título, son fragmentos, miniaturas, detalles, trozos de ese patrimonio que bien podía haberse titulado '65 añicos', pero a Alegria le parece que habría quedado demasiado navarro.
"El cuadro entero ya lo hemos visto muchas veces, pero quizá no nos hemos fijado en una pequeña lavandera que mide tres centímetros que baja a la orilla del Arga con la colada en la cabeza", explica el autor, en referencia a un minúsculo personaje encontrado en la panorámica de Pamplona del siglo XVII, que es la vista más antigua que se conserva de la ciudad.
Los cuadros no se muestran enteros en este elogio general del fragmento. "Escamotear o esconder la obra entera invita a la deriva, las civilizaciones siempre nos llegan rotas, los mosaicos nunca nos llegan enteros, hay que imaginar lo que falta", propone Alegria. En ese hueco es donde encuentra el terreno más poético, de modo que propone trasladar el ejercicio habitual que se hace con el arte antiguo incompleto a la creación más contemporánea.
En un gran cuadro baztanés de Ciga, por ejemplo, se fija en un caserío que está al fondo con humo en la chimenea. "¿Por qué no tomamos ese pequeño detalle y empezamos a imaginar qué pasa ahí?", pregunta. "Si tú enseñas ese pequeño detalle a gente que ha habitado esos mundos te llegan a decir que es humo de haya cortada en creciente.
Alegria se fija en la representación de agujeros, en los tonos de rojo o en las maneras de sostener un libro en distintos cuadros. Y se muestra apasionado por lo que ha aprendido acerca de ese edificio de 1556 que en su día fue un hospital, con su propio sepulturero. Se llamaba Martín Iriarte, de hecho, y cuando Pamplona estaba sitiada por los franceses salía del hospital en su carro con los cadáveres para enterrar. Los soldados franceses se descubrían la cabeza en señal de respeto, sin saber que entre los cuerpos Iriarte llevaba fusiles, armas y mensajes de aquella ciudad acorralada.
El libro diseñado por Santos Bregaña incluye un recorrido por las ventanas, por sellos imaginarios con detalles de las obras y 17 preguntas con sus respuestas; a Ramón Andrés Alegria le pregunta por lo que oye en una orquesta improvisada con algunos de los músicos que salen en distintos cuadros, o a José Láinez y Concha Martínez por lo que les dicen los pies de un Criso del siglo XV.