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Espectáculo

La Fura dels Baus concibe su particular homenaje a la ciencia en el Navarra Arena

Pera Tantiñá crea y dirige 'Dinamo' este viernes como colofón a la Gala de premios científicos SciencEkaitza

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Pera Tantiñá, ayer, con el rayo que simboliza el SciencEkaitza, en el taller/ ensayo que está desarrollando esta semana en el Navarra Arena.
Actualizado el 23/06/2021 a las 06:00
Desde el domingo están pasando cosas en el Navarra Arena. En el recinto se puede ver a mujeres buceando en peceras humanas, enormes estructuras metálicas a medio construir y alrededor de 60 personas, provenientes de la danza contemporánea y el teatro en Navarra, que preparan lo que será 'Dinamo'. El espectáculo de La Fura dels Baus se estrenará el viernes como colofón de la Gala de los premios científicos SciencEkaitza, organizados por ADItech con el fin de acercar la ciencia y la tecnología a la gente. 'Dinamo', precisamente, muestra cómo gracias a la curiosidad, la paciencia y el tesón de la comunidad científica se puede mejorar el bienestar de la sociedad. Detrás está Pera Tantiñá, histórico furero y uno de sus cinco directores artísticos, que es el creador del espectáculo pero él advierte de que no viene a Pamplona con un guion cerrado; para eso están trabajando durante toda esta semana en el Navarra Arena. Las entradas para la gala, presentada por Luis Piedrahita, están agotadas.

¿Cualquier persona puede formar parte de un espectáculo de la Fura? ¿Qué hace falta?
Emoción. Tienes que tener pasión. Nada más y nada menos. Lo de esta semana se ha enfundado más como un taller, pero en el fondo son ensayos para el evento que se va a realizar el viernes. Esto es una filosofía muy de la Fura dels Baus, y se aleja de lo que yo llamo el misionero, un grupo que viene a la ciudad, enseña qué es Dios y se va, y no deja un recuerdo. Nosotros lo hacemos al revés, lo que más nos interesa es llegar a un sitio, dinamizar la energía de este sitio con gente que tenga pasión, que tenga ganas de inmiscuirse en un proceso de ir descubriendo lo que es el espectáculo.

¿Nunca es el mismo, entonces?
Es evidente que llegamos con una base, pero a partir de ahí, del trabajo que hacemos con ellos y del espacio -que siempre es diferente- nuestros espectáculos no son de repetición nunca, sino que son espectáculos de creación propia y de lugar y, sobre todo, con la gente del lugar.

Su público tampoco es el que busca espectáculos misionero, ¿no?
Esperemos que no, aunque hay que tener presente que aquí somos comparsa de una entrega de premios sobre la ciencia. No es sólo un espectáculo de la Fura.

Con la proliferación de recursos tecnológicos, ¿es cada vez más difícil hacer que el público viva nuevas sensaciones?
Perdona, no es por la tecnología, es por las putas normas. El viernes el público que venga va a ver un evento que espero que no se tenga que repetir nunca más. A nosotros nos gusta que la gente huela nuestro sudor y nosotros oler el sudor del público, y tocarlo, moverlo, dinamizar esta historia. Para nosotros tiene morbo intentar hacer un espectáculo furero sin el componente esencial de la Fura, que es esta acción o participación de la gente. Esto no significa que no estemos pensando un espectáculo que no sea sorpresivo. Por ejemplo no hay escenario, no hay una frontalidad, intentaremos que las acciones sean globales, que puedan salir por la derecha, por la izquierda, por arriba o por abajo. No es tanto la tecnología.

Me refería a que cada vez hay más espectáculos o conciertos que buscan la sorpresa a través de pantallas gigantes y recursos audiovisuales, más allá del propio contenido. ¿No es cada vez más difícil sorprender?
Esto da para una tesis. Yo lo defino en que ni la inteligencia artificial ni la tecnología tienen orgasmos. No tienen sentimientos en sí mismos. Es cierto que estamos desgraciadamente desnaturalizando, desemocionando al ser humano, pensando que la tecnología nos lo va a solucionar todo. Y no. Yo tengo el coche para que me lleve a mí, no es el coche el que me lleva a mí donde él quiere. Es verdad que estamos en una sociedad visual absolutamente. Están intentando que utilicemos un solo sentido de los cinco que tenemos, ya no entro en el mundo metafísico. Incluso si digo la palabra espiritual todo el mundo se lleva las manos a la cabeza, pero lo siento mucho, ahora mismo estamos intentando trabajar en este sentido, de buscar aún lo que es la esencia, lo que es la emoción, que es una cosa que nos la están cortando por todos lados.

Estamos a pocos días de la inauguración de las Olimpiadas de Tokio, ¿están expectantes?
Sí, lo que pasa es que es evidente que en el 92 la participación de la Fura dels Baus en las Olimpiadas de Barcelona dio un salto enorme en cuanto a popularidad, antes ya éramos conocidos pero al salir por la tele y verte dos mil millones de personas... pero bueno, son macroespectáculos que además han pasado unos cuántos añitos y ha ido evolucionando todo. Por ejemplo en el 92 no había Internet.

Usted dentro del grupo no era partidario de que la Fura participara en la inauguración.
No, no lo era. Yo sigo intentando en mi vida artística buscar la emoción más que la espectacularidad. Lo que pasa es que, hay que reconocerlo, no hay nada totalmente bueno ni nada totalmente malo. Tengo que reconocer que aunque el concepto estético es el único que me interesa, gracias a las olimpiadas estamos hoy aquí.

Hablaba de la importancia del espacio para el espectáculo, pero la verdad que la Fura se adapta a todos, desde hangares medio abandonados hasta teatros de ópera.
Sobre todo yo, que soy digamos el más especialista en macroespectáculos. Hay plazas públicas donde haces estos espectáculos de 20.000, 30.000 ó 40.000 espectadores y realmente el morbo que tenía hacer el espectáculo en otro sitio diferente era la obligación de adaptarte a ese nuevo espacio. Sí, la verdad, hemos hecho todo.

Y con muchos compañeros de viaje, desde el Orfeón Pamplonés hasta cocineros como Andoni Luis Aduriz. ¿Combina bien, en general, la Fura?
Bueno, Dios los crea y ellos se juntan. Tampoco todos los cocineros son capaces de hacer lo de Aduriz. Cualquier aportación exterior a nosotros nos enriquece. La Fura llegó a un momento de decir, bueno, ¿seguimos todos juntos haciendo lo mismo todo el rato o nos abrimos a hacer diferentes tipos de espectáculo? No tiene nada que ver una ópera con lo que estamos haciendo aquí, o un espectáculo de escenario, o aplicar lo que se está investigando en laboratorio más bien dirigido hacia la tecnología. Una de las cosas que más falta nos hacen ahora es cuestionarnos, preguntarnos.

¿En qué sentido?
Ahora parece que a ti te dan un carnet de experto, que no sé dónde la dan, he ido a los bazares chinos y no lo he encontrado, y parece que aquello sea la verdad, cuando realmente tanto el ser humano como la base de la ciencia es el cuestionamiento. Nunca hubiésemos llegado a afirmar que la Tierra es redonda si no se hubiese cuestionado que era plana. Esto es esencial. Lo que más nos interesa de que venga gente de fuera y trabajar con ellos es copiar sus ideas, ir viendo cosas, asumiendo, al final alguien que te cuestiona incluso tu propio trabajo te tendría que hacer crecer.

¿Discuten mucho entre ustedes al ser cinco directores artísticos?
Sí. Nosotros siempre hablamos del “método de fricción”, que empleamos desde el inicio de la Fura. ¿Y qué es? Pues cualquier furero tiene la idea de la vida magnífica, la tira encima de la mesa y es que en una hora [risas] el resto la ha destrozado, para volver a crecer. No inventamos nada más que el ciclo de la vida, morir para nacer.

Sí que inventaron el llamado “lenguaje furero”, ¿sabe que en algunos pueblos de Navarra en el carnaval rural los chavales hacen performances de ese estilo?
Sí, lo sé. De la misma forma en que nosotros tuvimos que beber de fuentes ya hechas, desde Comediants, Royal de Luxe, el teatro del absurdo, Brecht... todo esto lo asumes y luego sintetizas algo. Cuando empezamos nos llamaban “teatro punk”. Tuvimos suerte y trabajo y al cabo de unos años ya se hablaba de “lenguaje furero”. Y, claro, ahora todo lo que se asemeja a la Fura es perfecto. Hay una película que decía que el único fin que tienen todas nuestras células es la transmisión del conocimiento. Tú conoces una cosa, lo asumes y esto si lo transmites va evolucionando, y esto también sucede. Nosotros estamos mega ultra orgullosos de que alguien nos copie.

Y les recordará además a sus inicios, cuando iban por Cataluñá con un carro y una mula.
Sí. Eso sí que fue un viaje iniciático para la fura. Ahí nacimos.

¿Y ahora? Tienen miedo de convertirse en una gran empresa y que les pase como a El circo del sol, con sus problemas financieros?
Ya somos una empresa. Pero ojalá encontrásemos un grupo de inversión que nos diese mil millones para La Fura del Baus. Es que a nadie le interesa, porque no es tan comercial como el Cirque du Soleil. Nunca hemos llegado a esos niveles. Ahora mismo el Cirque du Soleil es un negocio, con una estética y tal, pero se repiten más que el ajo. Ya estaría bien que hicieran otras cosas también.

¿Cómo conviven ustedes con esa parte más económica?
La situación social no te permite no ser una empresa, desde el momento en el que cobras una factura ya eres una empresa. Nosotros ya tenemos sesenta años, tú, nos vamos para la jubilación. Hemos llegado aquí porque por suerte los fureros estamos muy locos. Es la gran gracia. La pasta la miramos para sobrevivir pero no hay ninguno de nosotros que tenga un Mercedes. Ni que quiera, porque si lo quisiera tener seguramente lo tendría. La Fura es muy, muy, muy especial, porque no conozco ningún caso más en el mundo donde un grupo de creadores aún siga siendo un grupo de creadores, no alguien que dirige toda esta historia. Por eso el método de fricción es divertidísimo. Cuando no te toca a ti [risas].

¿Cuando le toca a usted, al menos, mejora la idea inicial?
Sí. Y lo haces con gusto, ¿eh? Y no solo eso, sino que muchas veces son políticamente correctos los fureros, pero ya no te engañan. Esto es energía, sí señor.
DNI

Pera Tantiñá Almela (Moià, 1960) salió de su pueblo en 1979, junto a Carlus Padrissa y Marcel·lí Antúnez, para recorrer Cataluña. En Barcelona fundaron La Fura dels Baus, que en 1992 revolucionó el concepto de ceremonias olímpicas y se hicieron famosos mundialmente. Tantiñá participó en la creación de los primeros espectáculos, creando el “lenguaje furero”. Recientemente ha recuperado y recreado el visceral Manes. Además ha dirigido una larga lista de macroespectáculos en muchos países. Actualmente compagina la creación entre La Fura -es uno de sus cinco directores artísticos- y su propio huerto.
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