Continuar

Hemos detectado que tienes en Diario de Navarra.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, por favor o suscríbete para disfrutar SIN PUBLICIDAD de la mejor información, además de todas las ventajas exclusivas por ser suscriptor.

SUSCRÍBETE
Edición impresa

Actualidad Navarra, Pamplona, Tudela, Estella, Osasuna, Deportes, Gobierno de Navarra, Ayuntamiento de Pamplona, Política, Economía, Trabajo, Sociedad.

Príncipe de Viana

Carlos, el príncipe que ganó la fama

El Príncipe de Viana da nombre a infinidad de calles, plazas e instituciones. Depertó simpatías generales por su imagen de perdedor contra su padre y su carácter culto. El romaticismo, con novelas y pinturas, encumbró en el siglo XIX a Carlos de Viana, que ya fue alabado en vida

Carlos, el príncipe que ganó la fama
Carlos, el príncipe que ganó la fama
Actualizado el 05/06/2021 a las 10:16
En diciembre de 1947 un redactor de la revista Pregón se lanzó a la calle para preguntar por el Príncipe de Viana, de cuyo nacimiento se cumplieron 600 años el sábado. Según su relato, los pamploneses con los que se encontró le hablaron, más que del personaje histórico, de todo aquello a lo que daba nombre: de la plaza, del instituto (entonces el femenino, el Ximénez de Rada era el masculino), de los cines, de la institución con la el Gobierno de Navarra gestiona la cultura… Como entonces, hoy Carlos de Viana sigue dando su nombre a un sinfín de lugares y entidades de Navarra y de fuera de ella. Ya no existen los cines, pero como Príncipe de Viana han sido bautizados el principal centro de consultas médicas de la Comunidad foral o unos vinos de prestigio, por ejemplo. En el ámbito de calles y plazas, casi todas las localidades navarras tienen una para el Príncipe. También las hay en Madrid, Barcelona o Bilbao, entre otras.
“Siempre ha tenido tirón, porque fue un personaje singular. Tenía que haber sido rey y no lo fue. En muchos lugares se le conoce vinculado a situaciones de conflicto, las que se dieron en todos los territorios frente a su padre. Se le convirtió en bandera de esos problemas y eso ha hecho que se le vincule a muchos grupos sociales, de Castilla, Aragón, Cataluña… y que se le conozca”, explica la medievalista Eloísa Ramírez Vaquero, catedrática de la UPNA y comisaria de la exposición sobre el Príncipe de Viana que ha organizado el Archivo de Navarra.
Carlos de Viana fue un personaje crucial en una época crucial. “Si no el más importante de la historia de Navarra, uno de los tres”, afirma el historiador Mikel Zuza, autor de la biografía El Príncipe de Viana, el hombre que pudo reinar. “En la situación histórica que le tocó vivir, se define lo propiamente navarro frente a lo castellano, que eran los intereses de su padre”, apunta Julia Pavón, catedrática de historia en la Universidad de Navarra e investigadora principal sobre Creatividad y Herencia Cultural en el Instituto Cultura y Sociedad del centro. “Fue un personaje muy complicado, situado en el contexto de la guerra civil de Navarra, de la de Cataluña, de la revuelta de Sicilia, vinculado a una conflictividad importante que no motivó él. Pero su figura sí sirvió de apoyo para algunas de esas reivindicaciones”, añade Eloísa Ramírez Vaquero.
De su relevancia da cuenta Mikel Zuza cuando imagina qué hubiera podido pasar si Carlos de Viana hubiera ganado la batalla de Aibar, la que le enfrentó a su padre, Juan II, el hombre que no le dejó ser rey de Navarra. “Hubiera cambiado la historia no solo de Navarra, sino del mundo. Su medio hermano, Fernando el Católico, sin un padre que le defendiera, hubiera quedado quizá como un segundón. No hubiera habido Reyes Católicos, ni toma de Granada, ni descubrimiento de América, al menos en ese momento...”.
LA IMAGEN DEL PERDEDOR
Carlos de Viana fue el “hijo maltratado” por el poderoso y astuto Juan II, fue el perdedor que simboliza todo lo que podía haber ocurrido y no fue. “Tiene todo el buen nombre del perdedor. Fue el único navarro que fue educado exprofeso para ser rey de Navarra y el que no llegó a serlo. Su madre (Blanca de Navarra), por ejemplo, heredó la corona de manera sobrevenida y su abuelo (Carlos III) sí fue educado para ser rey, pero en Francia”, apunta Zuza. Con el Príncipe de Viana se siente, añade el historiador, “una sensación de oportunidad perdida que le da encanto”. En los cerca de diez años en los que su padre no está en Navarra y gobierna de facto en Navarra, Carlos “mantiene el reino en paz, como su madre y su abuelo”. De todo lo que hizo, apunta, dejó buen recuerdo. “En cambio, con su padre, ocurre todo lo contrario. “Recibió un reino en paz y lo dejó hecho añicos tras la guerra”.
Del buen recuerdo del Príncipe y de lo positivo de su imagen habla también Juan Ramón Corpas, exconsejero de Cultura del Gobierno foral y coordinador de los actos conmemorativos del VI Centenario del Príncipe en Peñafiel (Valladolid), la localidad donde Carlos nació. “Las descripciones de sus coetáneos, sean partidarios suyos o enemigos, coinciden en que fue un hombre afable, caballerosos, sabio, culto, generoso, bondadoso y de buen juicio. Todo eso no era quizá lo más útil para acceder al poder, pero sí para conseguir el afecto y el cariño de quienes le rodearon”.
CULTURA Y ROMANTICISMO
Cuando en 1940 José Mª Lacarra y otros crearon un organismo para que la entonces Diputación foral gestionara su acción cultural, coincidieron en que el nombre más adecuado era el del Príncipe de Viana. Al fin y al cabo, si algo transmitió fue la imagen de sabio. “Escribió una crónica cuando en Navarra había muy pocas. Tenía una biblioteca interesante, que en parte procedía de su abuelo. Todo eso le da un aura de hombre culto”, indica Ramírez Vaquero. Julia Pavón también destaca esa crónica, la primera “gran historia de Navarra” y señala que esa fama de erudito “se correspondía en cierto modo con lo que era. Cuando muere, en el inventario de sus bienes había una riquísima biblioteca, con docenas de libros de teología, literatura, historia. Era un hombre preparado, del Renacimiento. Nunca había habido en Navarra una figura tan singular. Eso, junto a su vida azarosa, genera la imagen de un mito pero que se basa en hechos reales”. “En Italia, pasó año y medio en la corte de su tío Alfonso V el Magnánimo, que se había rodeado de los mejores humanistas”, añade Corpas. “Y ellos también hablan del príncipe en términos muy positivos, sobre cuánto le gustaba el estudio, cómo leía a Tito Livio o discutía sobre Seneca”.
La muerte del Príncipe, con 40 años, joven para nuestros criterios, no tanto para las épocas medievales, inició una devoción que llegó a lo religioso. “Incluso hubo culto público en Cataluña”, apunta Julia Pavón.” En 1480 el que fue su secretario, Fernando de Bolea y Galloz, refleja un dibujo en que aparece como un santo, en el que le da propaganda de santidad. Es una imagen de perdedor mártir, santificante, frente a su padre, más hábil y listo”, dice la investigadora de la Universidad de Navarra. “Se llega a atribuirle milagros y cuando muere, se debe proteger su catafalco de la multitud que se agolpa para pedirle prodigios”, narra Juan Ramón Corpas.
Más tarde, el romanticismo del siglo XIX tomó a Carlos de Viana como uno de sus héroes. Al fin y al cabo, “sentía atracción por los desdichados del destino”, admite Corpas. “El romanticismo termina de perfilar esa imagen de un joven culto, fino, refinado, educado, piadoso, frente a un padre que viene bien que sea poco menos que un ogro”, señala Eloísa Ramírez Vaquero. En esa época escriben sobre él autores como Gertrudis Gómez de Avellaneda y le pintan artistas como Ramón Tusquets Maignon o José Moreno Carbonero. Todos ellos contribuyeron a que Carlos de Viana ganara una guerra: él está en las calles de casi todos los lugares de Navarra y su padre, en ninguno. “En la Edad Media se decía que se vivía la vida terrenal, la celestial y la de la fama”, señala Mikel Zuza. “Es evidente que el Príncipe perdió la terrenal, pero ganó la de la fama”.
Un personaje más nombrado que conocido
Los expertos consideran que del Príncipe de Viana se recuerda más su historia de rey que no pudo reinar que los hechos de su biografía
Los historiadores tienen la impresión de que si se hiciese una encuesta, una ronda de preguntas sobre lo que se conoce hoy del Príncipe de Viana , no habría demasiadas diferencias con lo que se encontró hace 74 años el redacto de Pregón. “No se le conoce demasiado”, reconoce Mikel Zuza. El historiador señala que el VI Centenario podría ser “una buena oportunidad para hacer algo más” para divulgar sobre la figura del Príncipe, del que destaca “su componente de esperanza de algo bueno. Fue educado para ser el mejor rey, pero fue el único al que no le dejaron llegar, además para que se impusiera un política basada en destruir todo”.
Julia Pavón cree que se conoce por su “historia romántica, como el rey que no pudo reinar, pero no se conoce tan bien su papel en la tensión social que se vive en Navarra, su formación cultural, su papel político, su exilio...”, dice la historiadora de la Universidad de Navarra del hombre que ocupó por primera vez un Principado que su abuelo había creado para dar un título al heredero del reino, de manera similar a como se había hecho en Inglaterra, Francia, Castilla o Aragón.
Por su parte, Juan Ramón Corpas señala que la biografía del príncipe la conocen bien solo los amantes de la historia, pero destaca que ha habido obras de teatro, libros y documentales que han tratado de divulgar la vida de Carlos de Viana. En ese sentido, recuerda el capítulo que le dedicó en los años 80 en TVE la serie Paisajes con figuras, dirigido por Mario Camus, y que sirvió para abrir los actos de conmemoración del centenario en Peñafiel, la localidad natal del Príncipe.
volver arriba

Activar Notificaciones