Pamplona Negra
La carta de Jack el Destripador escrita con sangre sube al escenario
Un inspector de la Policía Nacional utiliza la grafología para analizarla


Actualizado el 26/05/2021 a las 06:00
“El tamaño de la letra, la separación entre las palabras, su inclinación, la forma, el bucle, cómo cierras las tes, cómo puntúas las íes o si dejas abiertas o cerradas las oes dice mucho de ti”, así comenzaba presentando Susana Rodríguez, directora de Pamplona Negra, la sesión El crimen a escena: La firma del asesino. La importancia de la grafología.
Durante la intervención, se mostró la única carta que se cree que escribió el célebre asesino londinense Jack el Destripador. “Utilizó sangre humana a modo de tinta y adjuntó un trozo de hígado, dijo que el resto se lo había comido”, cuenta la directora del festival.
El inspector Sanvicente -criminólogo y experto grafólogo de la Policía Nacional- comentaba: “La grafología, en la policía científica, no la realizamos”. Se trata del estudio de la personalidad a través de los trazos, cómo se puede observar en la carta de Jack el Destripador.
UNA CARTA CON SANGRE Y UN TROZO DE HÍGADO
“From hell (Desde el infierno)”, así comienza la única carta que supuestamente envió Jack el Destripador, un personaje que causó “una verdadera conmoción en la época”, lo define el inspector Sanvicente.
Scotland Yard (Policía Metropolitana de Londres) comenzó a recibir cartas asociadas al caso que “exceden la centena”, cuantificaba Sanvicente, y la gran mayoría se escribieron durante el otoño de 1888. Esas cartas están escritas con diferentes “fluidos”: tinta, sangre o líquidos similares a la clara de huevo. También con diferentes caligrafías y firmadas, en gran mayoría, “por Jack the Ripper”.
La única que ofrece “pocas dudas” de su autenticidad, aclaraba Sanvicente, es la que comenzaba con “From hell (Desde el infierno)”. Llegó un paquete junto con “la mitad de un riñón que luego se identificó casi con total seguridad como el de Catharine Eddowes, asesinada el 30 de septiembre”, argumentaba el inspector. Fue enviada a Mr. Lusk, presidente del Comité de vigilancia de Whitechapel, lo que Sanvicente asemejaba a “una provocación hacia la autoridad, se da también en España. Al final la persona que comete un crimen necesita notoriedad y la busca provocando”, expuso Sanvicente.
UNA PERSONALIDAD SIN ESCRÚPULOS Y SÁDICA
El análisis grafológico de la carta, adelantaba Sanvicente, “revela una personalidad sin escrúpulos, sádica y con un ego sobrevalorado que roza el narcisismo patológico”. Continuaba explicando que la carta “está redactada con un nivel cultural inferior a otras cartas en un intento del autor de autofalsificarse y existe una discordia entre la bajeza del léxico y la inteligencia que muestra el conjunto de la carta”, es decir, que Jack el Destripador utilizaba un lenguaje inferior a la capacidad intelectual que poseía. “Eso puede ser perfectamente, todas las personas intentan modificar sus patrones para no ser descubiertos”, puntualizaba el inspector.
En un trozo de la carta se puede leer: “Preserved it for you (lo he guardado para vosotros)” -refiriéndose al trozo de riñón que adjuntó en la carta- y la profundidad de la parte inferior de las letras “denotan fuertes impulsos instintivos y sexuales”, confirmó Sanvicente.
También se aprecia cómo la palabra “half (mitad)” parte por la mitad la palabra situada justo debajo “women (mujeres)”, “como si de una puñalada se tratase”, aclaraba Sanvicente. “Las formas angulosas denotan un temperamento fuerte e irritable. Las letras ligeramente inclinadas hacen referencia al autocontrol del autor. No se trata de un asesino impulsivo o pasional arrastrado por sus arrebatos”, esclareció el inspector. El inspector Sanvicente expuso que las “palabras decrecientes y la puntuación denotan a un autor observador, meticuloso y atento a los pequeños detalles; un asesino astuto”, y también añadió que “la altura del cuerpo central revela orgullo, seguridad en sí mismo, egocentrismo, prepotencia y una necesidad de engordar su autoestima a costa del sufrimiento ajeno”.
En las letras ele de la carta escrita con sangre, se puede ver que los “rabos de la letra, largos y altos, denotan rebeldía y dotes de mando, así como un carácter imperativo y autoritario”, aseguraba Sanvicente. Detallaba que una de las cosas que más llamó la atención durante los asesinatos en Londres era la “precisión” con la que hacía incisiones en los cuerpos de sus víctimas. Por ello, “se presupone que debía tener algún tipo de estudios relacionados”.
CSI PAMPLONA, EL CRIMEN A ESCENA
“Estamos acostumbrados a los crímenes de Nueva York, Londres, Miami; pero también en Pamplona se han investigado crímenes y hemos sido a veces pioneros”, señalaba en su intervención Sanvicente.
Detrás del trabajo que realiza el grupo científico de la Policía Nacional hay mucha “preparación, trabajo y ensayo”, subrayaba Sanvicente. La policía científica trabaja “con papel y boli, no se puede trabajar de memoria porque es un riesgo”. Una vez que se han formado como policías nacionales, entran a formar parte de esta unidad más especializada. Cuando la policía científica acude a un lugar en el que se ha producido un crimen hay un “principio de intercambio, conocido como el de Locard”, explicaba Sanvicente. Cuando entran en un sitio dejan algo y se llevan algo. “Tocamos, dejamos algo y nosotros lo que buscamos es desandar el camino de la persona que ha realizado ese delito”, confesaba el inspector.
DE GRABAR A FUEGO LA PIEL A LA HUELLA DACTILAR
En la Edad Media se identificaba a delincuentes de diversas maneras. Por ejemplo en Francia se “grababa a fuego en la frente una v de voleur (ladrón), o una flor de lis en los Estados Pontificios”. Esos métodos fueron sustituidos por la “identificación antropométrica, la medición de las partes del cuerpo”.
En 1903 en Leavenworth ingresó en prisión por un delito menor Will West, a quien realizaron la medición antropométrica. A los guardas que la realizaron les “sonaba su cara”, contaba Sanvicente, y las medidas coincidían con otro preso. Era su hermano William, al que Will no conocía y tuvieron que buscar una solución a esa manera de identificar, y la huella dactilar estaba implantada “en Reino Unido y en Francia”. Sanvicente detallaba que en 1916 en Pamplona “reseñaban con huella dactilar”.
SANGRE EN UN ZAPATO EN UN ASESINATO DE 1992
“¿Quién hablaba de ADN en 1992?, se preguntaba el inspector. Gracias a él se resolvió en Pamplona la desaparición de una mujer. “Se sospechó de su marido y no había forma de que esa persona dijera qué había pasado con su mujer”, apunta el inspector. Unos compañeros del cuerpo de Pamplona, pudieron obtener la ropa del sospechoso y encontraron en un zapato “posibles restos de sangre”.
Tras unas investigaciones, pudieron determinar “ que era la sangre de la mujer desaparecida en un tanto por ciento”. Eso fue suficiente para que “en una toma de declaración, se le dijera al marido que la sangre que encontraron en sus zapatos era la de su mujer, se derrumbase y pudiera dar el paradero de ella, que fue asesinada”, terminaba Sanvicente.