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Pamplona negra

'True crime', un refugio literario amenazado por Hannibal Lecter

Una mesa redonda sobre la literatura basado en crímenes reales abre este año Pamplona Negra

De izda. a dcha: Antonio Lozano, Graziella Moreno, Manu Marlasca y Fernando Hernández, ayer, en la primera jornada de Pamplona Negra.
De izda. a dcha: Antonio Lozano, Graziella Moreno, Manu Marlasca y Fernando Hernández, ayer, en la primera jornada de Pamplona Negra.
    Publicado el 25/05/2021 a las 06:00
    Dentro del universo 'noir', el llamado 'true crime' ofrece el plus de que se basa en crímenes reales. Lo que ocurre es que los lectores, los espectadores, incluso los oyentes de los crecientes podcast vienen algo viciados por el bombardeo de ficción que llega desde las plataformas audiovisuales, y no, las cosas no son como las muestra Netflix. El true crime centró la primera conversación de esta Pamplona Negra que este lunes volvió al Baluarte. No es un fenómeno nuevo. El moderador de la mesa redonda, el redactor jefe de Diario de Navarra Fernando Hernández, se remontó en la presentación a las coplas de ciego, con las que los invidentes iban antiguamente de pueblo en pueblo contando sucesos truculentos para sacarse unas perrillas. A Hernández le ayudaron a buscar las claves del true crime tres personas con un pie en la escritura y otro en la realidad. Graziella Moreno, por ejemplo, además de escritora es jueza. Inventa poco en sus libros. Por su trabajo mantiene relación con criminales y tiene una cosa clara: no se pude decir “de este agua no beberé”. “Hacemos cosas impredecibles cuando estamos en un estado límite, cosas que en un contexto de relajación no habríamos pensado que podíamos hacer”, apuntó en el Baluarte.

    Manu Marlasca además de escritor es periodista. Él lo resumió en que en la ficción encaja todo, pero en la realidad no. Como el Hannibal Lecter que diseñó Thomas Harris, por ejemplo, que pintaba o cocinaba el hígado de sus víctimas, o asesinos que llenan de gusanos la cabeza de sus víctimas, y todo encaja. “El true cime, sin embargo, suele ser una cosa mucho más de zapatilla, mucho más próxima a nuestra vida, y además no s demuestra lo vulnerables que podemos llegar a ser”, apuntó el periodista. “Los asesinos de los que yo hablo en un 99,9% son como nosotros, simplemente les diferencia que se atreven a dar ese paso, por un estallido, por pragmatismo puro, por cualquier otra razón, dan el paso para matar y eso incomoda al lector y a la vez provoca mucha empatía con las víctimas”, dijo.

    Antonio Lozano, que además de escritor es editor, cree que Lecter creó un precedente respecto a la representación del asesino en serie. “Le siguieron una serie de sucedáneos que retorcían cada vez más el modelo, y eran cada vez más inteligentes, más astutos, ponen retos a la policía, son gourmets... un mito que aún perdura a pesar de que hay series como Mindhunter que corrige un poco el modelo y muestra a los asesinos en serie con su vacío interior”.

    EL GLAMOUR DE "LOS MALOS"
    Los personajes reales no son así. No existe, tranquilizó al público Graziella Moreno, peligro de sentirse atraídos por ellos como por el personaje de Anthony Hopkins. “Hay psicópatas de cuchillo, para entendernos, y luego están los que nunca van a matar a nadie pero arruinan a familias enteras o incluso llegan a exterminar un país, los que se llaman psicópatas funcionales, que están a cargo de empresas de muy alto calado, que dirigen hasta países, y son psicópatas, pero nadie lo diría, porque todos estamos pensando en el señor Hannibal Lecter”, explicó. Por eso ella cree que cuando alguien se cruza con un psicópata de verdad no le resulta atractivo. “Tampoco es que fascine, quieres entender qué pasa por su cabeza, cómo se puede convertir en un monstruo, pero eso es muy difícil”, añade.

    Manu Marlasca dice que ha conocido muchos criminales en 33 años de profesión. Habló de José Bretón -el más inteligente de los que ha conocido-, Sergio Morate o Miguel Ángel Muñoz, el depredador del Camino de Santiago. Atractivos, cero; asegura, pero sí les ve en común el narcisismo y la egolatría. Marlasca conoció a un asesino en serie, Alfredo Galán, el asesino de la baraja, y desde luego no le pareció que se pareciera al inteligente Lecter. “Un día se emborrachó y apareció en la comisaría diciendo que él era el asesino de la baraja, le dijeron ‘Váyase a casa’, pero empezaron a interrogarle y declaró que estaba aburrido en casa y como tenía una pistola se puso a matar”, explicó Marlasca.

    En opinión de Antonio Lozano hay tanta oferta audiovisual que está yendo en cierto modo en contra del género. “Hay mucha novela pobre porque los autores están pensando en la adaptación de Netflix directamente”, apuntó desde su experiencia como editor del sello negro en RBA. En su opinión hay novelas muy flojas, nacionales y extranjeras, que reproducen los modelos de C.S.I. o la jurisprudencia estadounidense, cuando no tiene nada de real. Porque Lecter y la ficción pura contaminarán a los malos del true crime, pero los buenos tampoco se salvan. “La idea que tenemos de la policía es que se pasan el día tirando puertas abajo o lanzándose desde los coches disparando, pero realmente la vida de un policía es entre un 85% y un 90% sentado en su despacho viendo imágenes de videograbaciones, escuchando teléfonos o escribiendo oficios a los jueces”, explicó Marlasca.

    Graziella Moreno añadió que las maneras de trabajar son opuestas en España y en EE UU, y puso como ejemplo la serie 'El inocente',de Netflix, con Mario Casas, llena de “errores garrafales”. Con esos resultados casi instantáneos del ADN, por ejemplo, cuando Marlasca recordó que por ejemplo en el caso del Rey del Cachopo se tardaron tres meses en obtener los resultados de ADN.

    El lector se aproxima de manera distinta a algo real. “Al leer una novela de ficción lo hacemos siempre con distanciamiento, y así aunque veamos una película muy dura no nos afecta, nos permite tragar e incluso entretenernos”, apunta Antonio Lozano. “Con un crimen real el autor usa técnicas para construir entretenimiento, pero al ser real la conexión emocional es mucho más fuerte, nos afecta de otra manera”, añade. Además, cada vez interesa menos quién es el asesino, al estilo cluedo, sino por qué lo hizo. Y se siente empatía por la víctima. “Al principio el punto de vista del género negro era el de los detectives, los Hércules Poirot o Miss Marple, la víctima aparecía solo al principio como detonante, no había duelo por ella; luego fue el punto de vista del asesino, y ahora la empatía crece y cobra mucha más fuerza el punto de vista de la víctima, habla bien de la humanidad”, sentenció.
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