Cómic

Shu Otero, escritora navarra: “En México hay un problema estructural”

La escritora navarra lanza su primera obra, “Voces de Chimalpopoca”, en la que indaga en la construcción de la memoria colectiva y en las diversas formas de sobrevivir

Shu Otero: “En México hay un problema estructural”
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Shu Otero: “En México hay un problema estructural”

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Jon Spinaro

Actualizado el 17/05/2021 a las 07:51

Shu Otero mantiene fuertes lazos personales y familiares con México. Tras estudiar en el país azteca durante un periodo de tiempo, la autora nacida en Sunbilla regresó en 2107 a Ciudad de México, donde vivió en primera persona la experiencia del terremoto del 19 de septiembre. Una vez terminados los trabajos de rescate decidió recoger los testimonios sobre el derrumbe de un edificio que albergaba una fábrica de costura, fruto de lo cual es Voces de Chimalpopoca, su primera novela gráfica.

¿Por qué decidió aparcar el proyecto en el que estaba trabajando para narrar esta historia?

Cuando padecimos el temblor yo estaba trabajando en otro proyecto de cómic largo y en ese momento nos atrapa toda esa situación. Entonces, durante una semana estuvimos muy involucradas en todos los movimientos de brigadas de rescate y flujos de personas que estaban intentando involucrarse en la ayuda. Yo pude hacer poco y a la hora de la verdad no se podía aportar mucho. Empecé a pensar que una buena manera de participar era contando las historias que me iban llegando.

¿Por qué optó por narrarlo todo como si fuera un documental con testimonios de los protagonistas?

Lo planteé un poco así desde el principio, porque era como se estaba viviendo. Se hablaba mucho entre desconocidos y se vivía así. Durante esos días después del derrumbe y rescate había mucha necesidad de hablar y de contar lo que habían vivido, me centré en el derrumbe porque se estaba dando esas circunstancias. Me centré en la gente que lo había vivido más de cerca y que poco a poco armó esta pequeña red que me llevó a testimonios muy sobrecogedores de gente que lo vivió desde dentro.

¿Por qué se centró en ese edificio de Bolívar y Chimalpopoca?

Porque era la zona donde más se reproducían las movilizaciones que se habían dado en el 85. Era además una zona donde había muchos talleres de maquiladoras que trabajaban en muy malas condiciones. Fallecieron muchas mujeres y en el proceso de rescate se priorizó salvar la maquinaria o evitar los robos antes que salvar a las personas o rescatar sus cuerpos.

¿Hubo tantas similitudes, en cuanto a los errores, con lo que sucedió en 1985?

Sí. En principio se generó un malestar y una fascinación por la coincidencia de fechas. El 19 de septiembre ya es una fecha bastante traumática grabada en la conciencia colectiva de la ciudad, que lo recuerda con eventos y simulacros. Todo se repite el mismo día, y eso aceleró muchos procesos e hizo que se la gente se fijara en los paralelismos, en cuanto a los errores, y en las diferencias.

¿Cuál fue el comportamiento de la ciudadanía?

La reacción fue muy fuerte en esa zona, tanto entre los que trabajaban y estaban en organizaciones como en los que habían oído hablar de las mujeres costureras y se acercaron allí. En este punto no dejan de aparecer paralelismos, como la situación irregular de las trabajadoras o del edificio, que no cumplía las condiciones para que se trabajara allí. Rápidamente se trabajó porque no se produjera el mismo desprecio por la vida que en el 85.

¿Es tan difícil hablar de México y no hacerlo de oscurantismo y corrupción?

Es una de las cosas que más se recuerdan del 85 y que se volvieron a vivir. Tanto por el estado de los edificios como por la reacción. Aquella vez hubo muy poca presencia del Estado y la gente se tuvo que organizar por su cuenta para ayudarse mutuamente recatando a los supervivientes o ayudando a los que estaban sin hogar. De aquella organización se creó una gran resistencia al Estado y oposición a las instituciones, que se fue extendiendo por todo el país. En 2017 hubo una presencia un poco más rápida pero el interés era más por aparentar que las autoridades se hacían cargo de la situación, pero en realidad no estaban siendo capaces de trabajar con la gente de las colonias.

¿Por eso insiste en su obra en el homenaje y en el recuerdo a las víctimas?

Hubo una parte muy hermosa que es la de tomar las calles en solidaridad, poniendo todo lo que se tenía disponible para ayudar a las víctimas. Todo lo que he ido introducido me venía de los testimonios, eran cosas que la gente te contaba. Reflexionaban sobre dos puntos importantes, el desastre y cómo vivirlo y otro que tiene que tiene que ver con el ambiente de violencia y la desconfianza en las autoridades y todo lo que ha vivió México en las últimas décadas, con un estado de generación de violencia muy alto y las sospechas que surgen hacia las autoridades. No había pasado mucho desde los sucesos de los 43 de Ayotzinapa y otros hechos que no trascienden pero que están en el día a día y que generan una gran desconfianza.

¿Podríamos relacionarlo también con las críticas que están surgiendo contra el gobierno tras el reciente accidente del metro de DF?

Sin duda, los sucesos del colapso del paso elevado de la línea 12 nos llevan a los mismos mecanismos que funcionaron antes, durante y después del terremoto. Ha sido muy doloroso porque estas muertes se podrían haber evitado. No se invierte suficiente dinero en el transporte público, que es absolutamente esencial en una ciudad donde millones de personas lo utilizan cada día para viajar de sus hogares a sus lugares de trabajo y estudio. Si se recortan gastos en un servicio público imprescindible, poniendo en riesgo a quienes lo utilizan, y se ignora a la gente del barrio que ya venía avisando del problema, igual que pasó en el edificio de Chimalpopoca, estamos hablando de algo estructural y no de sólo una serie de negligencias con final desafortunado. Va mucho más allá.

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