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Cine

Erik Rodríguez, el cineasta que no necesitó subtítulos para convencer al D'A

El director navarro ha resultado ganador con su corto ‘Larrua jo’ en el festival de cine de autor de Barcelona

El cineasta pamplonés Erik Rodríguez Fernández.
El cineasta pamplonés Erik Rodríguez Fernández.
DN
Actualizada 15/05/2021 a las 19:53

Erik Rodríguez Fernández (Pamplona, 1996) presenta sus credenciales en el mundo del cine avalado con el premio al mejor cortometraje que acaba de obtener en el festival D’A de Barcelona, uno de los de más prestigio actualmente para el cine de autor. Rodríguez ha ganado con una película en euskera titulada Larrua jo, que se puede traducir coloquialmente como “follar”, pero literalmente quiere decir “pegar la piel”. Por ahí va su propuesta.

Se da la circunstancia de que un error del festival benefició la propuesta del joven cineasta, ya que en el último pase, ante un aforo de unas cien personas, no se activaron los subtítulos. “Yo salí de la sala a hablar con el proyeccionista pero no lo pararon hasta que ya no quedaban más frases de los actores, porque los últimos cinco minutos no habla nadie”, explica Rodríguez. Entonces lo volvieron a proyectar, ya con subtítulos, y su director cree que fue cuando ganaron el premio. “La gente que la vio en la sala nos felicitó porque sin subtítulos se había entendido lo que estaban diciendo, nos contaban que con subtítulos se pillaban detalles que para nada eran imprescindibles”, explica. “Fue como guay porque la gente vio que la historia se estaba contando en imágenes y no solo con el verbo”, añade.

Se da la circunstancia, además, de que Rodríguez es disléxico. “A mí las letras, el verbo, me fallan, y muchas veces este tipo de historias se cuentan con verbo, pero yo me acuerdo mucho de la frase ‘no me lo digas, enséñamelo’, e intentamos que todas estas sutilezas, todo lo que a la protagonista se le está pasando por la cabeza, el público lo pudiese ver”, apunta.

El corto presenta a un grupo de jóvenes que viven en una especie de comuna en el campo.

La protagonista (interpretada por Miren Barrena Rebe) está enamorada de su amigo (Aritz Itoiz Guimerá), todavía no se lo ha dicho, pero quiere acercarse a él. El problema es que no ve lo que es obvio para el resto del grupo, que su amigo tiene una historia con otro chico (Unax Sánchez Ulibarrena). La cámara la sigue, expresando su vértigo, en una mezcla de realismo y simbolismo. “Es una historia bien simple, chica quiere chico, chico no quiere, fin, el mayor dolor de cabeza era cómo cuento esto para que resulte atractivo”, resume el director.

El rodaje tuvo lugar en diciembre de 2019 en Zilbeti, Añorbe y Artesiaga, principalmente en una borda que llevaba más de medio siglo abandonada. “Al entrar estaban los zapatitos de andar por casa que tenía la señora en su día, era una borda sin luz, sin baño, porque hacían las necesidades con los animales en la cuadra, y el camino para llegar estaba sin asfaltar”, recuerda Rodríguez, que tiene un recuerdo duro de aquellos días. “Nos nevó, nos granizó, el terreno estaba mal y había que subir focos que pesan mucho, un generador de 10.000 watios que es el de la cabalgata de reyes, y ni los tractores podían subirlo porque habia llovido tanto que patinaban”, enumera. “fue bastante percal todo, había parte del equipo navarro pero el director de fotografía era semi-ecuatoriano, semi-alemán, y no estaba acostumbrado a ese tipo de clima, pero fue bonito”, concluye.

Rodríguez estudió en la ESCAC de Barcelona y se quedó en la ciudad trabajando. De hecho, Larrua jo fue su TFC. En la escuela financiaban diez TFC, el suyo recibió un “no apto”, pero se hizo. Además hicieron un largo colectivo titulado Ovella que recibió una mención de honor en el mismo festival. “Estoy tan contento de haber podido estrenar ahí y encima ganar... es de estos festivales que te sirven como carta de presentación, ahora lo vamos a usar para levantar más proyectos”, asegura el director navarro. Tiene un par en desarrollo actualmente, uno es un documental sobre carnaval navarro con reguetón de fondo, “sobre el lado sexual del carnaval navarro, que muchas veces se obvia pero es muy curioso y muy turbio a la vez”, señala, y con el coguionista del corto, Pau Vidal Bosch, está preparando el guion de un largo en Barcelona sobre enamoramientos no bien llevados.

¿De dónde sale Rodríguez? De la última casa de Pamplona. Dice que literalmente ha vivido en la última casa de la Rochapea, más allá ya era monte. En su primera comunión le regalaron una cámara que, como era muy pequeña, él la llevaba siempre consigo y la ponía encima de un coche teledirigido o de un barquito. “Más que vocación por grabar la tenía por ver cosas desde puntos de vista que no estaba viendo”, explica. Estudió en Dominicas toda la vida y le gustaría volver algún día a Pamplona. Hace solo unos días presentó en la ciudad Tampoco era esto lo que quería decir, un libro en el que Irati Iturritza pone la poesía y él la fotografía. “A nivel creativo y abrazo social a mí me gusta Navarra”, asegura.

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