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Entrevista
Literatura

"Para escribir cuentos de 23 palabras como Lydia Davis hay que ser extraordinaria y muy valiente"

La periodista y escritora Sabina Urraca participó este jueves en el ciclo 'Oh, diosas amadas' para hablar de la autora estadounidense, que escribe tres y cuatro cuentos al día y que ella considera "dueña y señora del relato"

Sabina Urraca, que en 2019 participó en la primera edición de Letraheridas, este jueves 13 de mayo en Pamplona-
Sabina Urraca, que en 2019 participó en la primera edición de Letraheridas, este jueves 13 de mayo en Pamplona-
Actualizada 13/05/2021 a las 22:46

En poco más de un par de meses, Sabina Urraca se va a instalar por dos años en EE UU con una beca de escritura por la Universidad de Iowa. Esta vez dejará en casa el ejemplar con el que viaja a todas partes: Cuentos completos, 744 páginas con los doscientos relatos que la escritora estadounidense Lydia Davis publicó de 1986 a 2007. "Totalmente destruido" por el ajetreo desde que se lo compró en 2014, Urraca habla de este libro "muy sencillo y tosco" exteriormente, de tapa naranja -"para mí es una especie de Biblia, con este aspecto por el que lo reconoces inmediatamente"-, pero tan importante en su vida por su contenido. De Davis habló este jueves, 13 de mayo, en el ciclo de Letraheridas Oh, diosas amadas sobre autoras de referencia. Para esta entrevista lo hizo unas horas antes.

No sé cuántas entrevistas y cuestionarios he leído en internet de usted en los que cita a Lydia Davis. Me hace pensar que Oh, diosas amadas está creado ex profeso para que pueda hablar extensamente sobre ella.

Lo he pensado buscando hoy [por ayer] una frase que dije sobre ella en una charla: al poner ‘Sabina Urraca Lydia Davis’ veo que la menciono hace años. ¡Me he dado cuenta de mi verdadera obsesión! [ríe]. De hecho, esta es mi segunda charla. La primera, en las Converses de Formentor [2018], fue sobre su novela El final de la historia y la figura de la neurótica como ser mágico, algo curioso porque me gustan de ella cómo utiliza la neurosis y el flujo de pensamiento constante como fuente de literatura.

¿Y en Pamplona de qué hablará?

Qué uso hace de la vida real y de sus propios pensamientos, cómo crea personajes a partir de cosas que ve. Y también de cómo me ha ayudado Lydia y hasta qué punto ella supone una buena y una mala influencia.

Davis escribía cuentos de 23 palabras, de dos líneas, de un párrafo. ¿Hay que ser extraordinaria para crearlos?

Además de extraordinaria, hay que ser muy valiente. Porque, y me duele decir esto, creo que hay gente para la que algunos de sus cuentos rozan en ocasiones el ridículo, quizá al no desentrañarlos del todo, no entenderlos en una primera lectura, por pensar si es un trabalenguas o dónde está el juego. Para escribir un cuento con muy pocas palabras hay que apostar fuerte por una idea, aunque aparentemente sea una estupidez, y, una vez allí, limpiar. Ella es la reina de la limpieza en la escritura. Pienso que, cuando alcanzas ese nivel de maestría, las palabras te sobran a ti misma, te quedas en lo mínimo. El otro día descubrí que su madre, también escritora, murió con 101 años, y pensé: "Lydia llegará a los 101 años y escribirá cuentos de una sola frase, o de una sola letra, y tendrán sentido y significado".

¿Y usted los entiende todos?

No, y supone algo maravilloso: que Lydia Davis no se ha terminado, que por otra parte no lo ha hecho porque vive y escribe. Pero lo digo porque el otro día me leí el último libro que me faltaba de Natalia Ginzburg, y eso me destruye:ya está, se acabó. Sin embargo, a Lydia Davis la puedo leer muchas veces. Hay cuentos que voy comprendiendo con el paso del tiempo, incluso con respecto a mi propia escritura: cuanto más leo y me enfrento yo a la escritura, más comprendo algunos de sus cuentos. Voy entrando en los estratos de Lydia. A lo mejor algún día llego cerca del núcleo y soy capaz de comprender todos.

Así que sigue siendo enigmática.

Absolutamente. Muchas veces pienso cosas del tipo ¿la conoceré algún día?, ¿de qué hablaría? Ahora voy a vivir en Iowa City, donde nació su madre, y me pregunto si ella pasará por allí... Tengo esa fantasía de que me la encuentro por la calle. Pero no le diría nada: la única manera con la que puedo resolver este enigma es leyéndola, no hablando con ella.

¿Cómo la descubrió?

Fue muy raro. Estaba en California, en casa de una pareja, unos casi desconocidos, que me dejaron pasar una noche. Eran bastante amables, me ofrecieron vino y me dieron conversación. De pronto, vi un libro naranja [The Collected Stories, Cuentos completos]. Estaba en una mesita, a mi lado. Lo cogí y hojeé el primer relato, y me quedé absolutamente atrapada. No pude seguir la conversación. Ya en España me lo compré en español, y he ido cargando con ese libro a todos los sitios. Ha sido algo paulatino, entrando poco a poco en él. Después leí El final de la historia, un libro que he ido apreciando cada vez más, descubriendo cosas nuevas, haciendo varios clics.

¿Qué emociones le despierta?

Muy fuertes. No sé cómo explicarlo. Se produce una emoción rara cuando tu manera de ver las cosas la descubres llevada adelante a través de la escritura por alguien muchísimo más inteligente que tú que explica muchas cosas que ni te imaginabas que se podían explicar así. Es muy emocionante. Sé que suena raro, pero es como si alguien supiese escribir algo que tú nunca vas a saber escribir pero que has sentido. En ella se ve claramente que la escritura es un juego que lleva a cabo de forma magistral, y leer eso es muy placentero.

Por sus cuentos, es una gran observadora, de todo.

Para mí es quien pone en su sitio la capacidad de hacer literatura con el discurrir del propio pensamiento y de la observación de lo exterior y de lo interior. Lydia me ha enseñado a afianzarme en lo importante que es esa observación. Muchas veces desechamos pensamientos absurdos porque no nos parecen nada valiosos, pero ella los toma y los explica.

¿Se puede conocer a Lydia Davis leyendo sus cuentos?

Creo que sí. Es muy neurótica. Yo, por ejemplo, no viviría con ella porque seguro que cree que hago demasiado ruido [ríe]. Me parece bastante recta, pero me la imagino también emborrachándose un día y perdiendo los papeles [ríe]. Y la imagino maniática con algunas cosas y en una casa muy pulcra. ¿Has visto vídeos de ella en YouTube? Pues es una mujer muy dulce, dentro de esa dureza que necesitas para estos experimentos tan arriesgados.

Sorprende que al hablar de su autora de referencia se refiera a la mala influencia sobre usted.

La buena influencia y la mala influencia de ella sobre mí consisten en lo mismo: es una escritora absolutamente libre, hace lo que le da la gana y de alguna manera ha inventado su propio género. No le importa hacer algo que de primeras le puede parecer ridículo a algunos, que no lo entiendan. Y cuando yo la leo, me siento libre para escribir lo que quiera. Pero eso también es peligroso porque publicar un libro y que no sea comprendido es muy jodido. Es muy doloroso enfrentarte a gente que no entiende tu libro. Lo sé porque me está pasando con el que acabo de publicar... [Soñó con la chica que robaba un caballo]

Salió en marzo...

Está yendo muy bien y a mucha gente le ha gustado, pero es un libro un poco raro, oscuro, duro, desagradable, con personajes no amables... y que se te acerque alguien y te diga que tu libro le ha parecido repugnante... Porque las malas críticas me sirven mucho, pero que te hablen con desprecio por haber escrito eso... He creado una especie de historia de terror y unos personajes, y de alguna manera se me está castigando por lo que dicen y hacen. Creo que estaba mal acostumbrada porque todo lo que hacía era claramente comprensible y aprobado por un gran público. No todo iba a ser fácil...


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