Dibujo

“En 'Romeo muerto' hablo de culpa, desajustes, desesperanza y pesimismo”

El dibujante de origen argentino acaba de publicar ‘Romeo muerto’ (Reservoir Books, 2021), etiquetada como obra maldita del cómic español y a la que ha dedicado 24 años de su vida, en los cuales beber fue su “principal ocupación”

Santiago Sequeiros: “En 'Romeo muerto' hablo de culpa, desajustes, desesperanza y pesimismo”
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Santiago Sequeiros: “En 'Romeo muerto' hablo de culpa, desajustes, desesperanza y pesimismo”Eva Cuenca
Santiago Sequeiros: “En 'Romeo muerto' hablo de culpa, desajustes, desesperanza y pesimismo”

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Jon Spinaro

Actualizado el 23/03/2021 a las 06:00

En la ciudad de La Mala Pena dan sepultura a la antigua gobernanta La Mamá Grande, lleva semanas lloviendo orujo y Romeo es conserje en su sepulcro de alcohol, un hotel en un cruce de calles. Romeo muerto (Reservoir Books, 2021) , etiquetada como obra maldita del cómic español, es una historia esperpéntica, oscura, con un magnífico dibujo expresionista plagado de simbolismo y metáforas y que recita en sus bocadillos poesías llenas de brillantez. Tras dejar atrás su adicción al alcohol, Santiago Sequeiros (Buenos Aires, 1971) ha logrado que su trabajo abandone las tinieblas en las que llevaba casi cinco lustros.


Dice en la primera viñeta de ‘Romeo muerto’ que “la noche dura tanto como se quiere”, ¿era un presagio de lo que íbamos a esperar a verlo publicado?

He tardado casi 24 años en publicarlo. Desde los primeros bocetos que hice en cuadernos durante la mili en 1997, cuando empecé a anotar todos los apuntes sobre el personaje y cómo se desarrollarían la historia y los hechos, los materiales se han ido superponiendo por capas con otros trabajos hechos durante estos años. Hice un primer esbozo del storyboard en 2004 que luego se fue ampliando, pero no me puse con los originales hasta el año 2011 cuando dejé de beber, porque en estos 24 años beber fue mi principal ocupación.


Y le ha llevado tres años preparar su publicación...

Un trabajo largo y poco estimulante porque ha sido básicamente limpiar cosas. Los originales que se vieron en Pamplona en 2018, muchos de ellos los volví redibujar pintando por encima. Tenían mucha batalla y tuvieron más cuando volvieron a casa. El tebeo es una cosa orgánica, que está viva, los originales eran muy grandes, eran como lienzos, pura materia. Se me iba la pinza y me ponía a retocar cosas como si fuera un demente, toda la noche con el typex. Hasta que el editor me dio fecha y tuve que escanearlo y limpiar digitalmente todo el acrílico. Al final la edición ha quedado estupenda.


¿Fue necesario bajar hasta lo más oscuro de uno mismo para crear esta historia?

Las historias de La Mala Pena se basan en eso, en mí, en escarbar. La gente escarba bastante en ese lugar. Están los que se elevan y los que buscan abajo. El conocimiento no se encuentra por elevación sino por escarbar y hundirse.


Como diría James Ellroy, están todos sus rincones oscuros.

Sí, básicamente La Mala Pena es un universo que me creé cuando era adolescente y en el que sale bastante de mi yo. Mezclo, en el caso del personaje de Romeo, mis experiencias con el alcoholismo, pero en los anteriores trabajos también me di cuenta de que estaba hablando de cosas mías. Yo pensaba que hablaba de desamor o vacío existencial pero solo hablaba de alcohol, aunque me di cuenta mucho más tarde, cuando estaba muy mal. En el fondo siempre he hablado de lo mismo, como todo el mundo, supongo, de desajustes, de culpa, desesperanza y pesimismo. Son sublimaciones de mi vida y del yo, aunque no sé si estoy mostrándome o estoy ocultando cosas, ocultando, justificando y encubriendo lo que realmente me pasa.


¿Podríamos decir que la ciudad de La Mala Pena se convierte en un personaje en sí mismo?

Sí, es y está en mi cabeza. La llamé la Ciudad Cabeza en Nostromo Quebranto y tiene todo el sentido porque es un laberinto de callejas y un laberinto en mi cabeza y, como el personaje, va cambiando a lo largo de los años. Tengo una cronología propia de mis tebeos que transcurren allí, con sus lugares y personajes.


¿No existe ninguna posibilidad de que algún personaje encuentre la redención?

No, cuando era más joven jugaba a esa idea de redención, me gustaba mucho el concepto religioso de culpa, castigo y redención, pero con la vida he visto que ese tema está sobrepasado. Me rendí ya hace muchos años.


Es un cómic turbio, oscuro, pero con mucha poesía en sus textos.

Sí, yo escribo muy mal, pero me gusta mucho la literatura. No soy una persona muy culta y se me nota cuando escribo, pero me gusta mucho la forma y soy mucho de poesía. El cómic no solo está sobredibujado sino también sobreescrito. Los cómics hablan mucho con la imagen, más que con la palabra, pero yo necesito la literatura incluso cuando pienso o enfoco la vida. No me gusta ver la vida como es, por eso bebía, y la literatura es un disfraz que necesito para ver la vida. Además, con ella y el dibujo puedes hacer autoengaño y creer que encuentras la verdad bajo las apariencias.


Dice en el cómic que “el día no es más que una mala resaca”. ¿Ha llegado al amanecer sin resaca?

Me siento completamente liberado. He tenido que trabajar mucho porque tu cerebro te sabotea para que vuelvas a beber. Te dices que quieres estar sobrio, pero toda tu cabeza te dice todo lo contrario. Desmontar todo eso cuesta, pero una vez que lo desmontas te sientes muy liberado porque todas las cosas que me preocupaban eran justificaciones para matarme bebiendo y no querer saber nada. Ahora me la suda todo y es una liberación. Disfruto de lo que llega y cuando no me acaba de convencer no me cuesta apartarlo.

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